- La rumba catalana de Los Manolos convirtió la Muralla en un escenario de celebración colectiva, donde música y humor se mezclaron con palmas y baile.
- Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas y video de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY
Alcalá de Henares volvió a vibrar este jueves 28 de agosto con un directo que supo a fiesta mayor. Tras el huracán sentimental de Rosario, el relevo lo tomaron Los Manolos, esos veteranos de la rumba catalana que se convirtieron en leyenda en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, y que más de tres décadas después demostraron que siguen siendo puro fuego sobre el escenario.
Con una puesta en escena arrolladora y acompañados por una formación que sumaba guitarras, vientos, percusiones y mucho desparpajo, los catalanes desplegaron un repertorio que fue un viaje musical desde las raíces hasta la parodia festiva, pasando por clásicos de Peret y Gato Pérez, adaptaciones imposibles y canciones propias que levantaron al público.
Rumbeando entre clásicos y estribillos gamberros
Más de 300 personas se dieron cita en el recinto amurallado, donde no faltaron los coros y palmas en cada tema. Los primeros acordes de “All My Loving” en versión rumba ya encendieron la chispa, pero el delirio llegó con “Amigos para siempre”, ese himno olímpico que los Manolos hicieron suyo y que anoche volvió a ser coreado a pleno pulmón por varias generaciones.
La banda tampoco se olvidó de esas piezas que mezclan humor y sátira, con estribillos tan celebrados como el de “Hazme un francés, Inés” o el gamberro “Manolo hazte tú la cena solo”, que provocaron carcajadas y palmas entre el público, que bailaba sin complejos frente al escenario.
Lejos de ser un grupo anclado en la nostalgia, Los Manolos mostraron una energía contagiosa que hizo olvidar que llevan ya más de tres décadas en los escenarios. Con la complicidad de un público entregado, repasaron también piezas como “Esa rumba va”, “Dame un beso” o el siempre infalible “El muerto vivo”, que se mezclaron con guiños a Gato Pérez y Peret.
El sonido fue sólido: las guitarras rumberas marcaron el compás, los metales añadieron brillo y las percusiones dieron ese pulso callejero y mediterráneo que caracteriza a la rumba catalana. Todo ello envuelto en un juego de luces y proyecciones que acompañaban el viaje sonoro con imágenes de playas, gaviotas y colores vibrantes.
Fiesta dentro y fuera del escenario
Si en el escenario reinaba la rumba, abajo el público no se quedó atrás: bailes en pareja, palmas constantes, algún sombrero verde que se movía de un lado a otro y hasta improvisados coros colectivos. Fue una noche de comunión entre artistas y espectadores que culminó en una fiesta posconcierto en la misma Muralla, prolongando la alegría hasta bien entrada la madrugada.
Los Manolos confirmaron en Alcalá que la rumba catalana sigue viva, fresca y con cuerda para rato. Su música no entiende de edades ni de épocas: atraviesa fronteras, arrastra recuerdos olímpicos y, sobre todo, garantiza que donde suenen sus guitarras habrá risas, palmas y baile.
Con Rosario primero y Los Manolos después, la noche del 28 de agosto se convirtió en una auténtica celebración de la música popular en las Ferias de Alcalá, dejando claro que la rumba, como la alegría, nunca pasa de moda.






















