El malestar eléctrico | Por Santiago López Legarda

"Por lo visto en las últimas semanas, no tenemos ni idea de qué es un megavatio pero su precio nos asusta tanto como aquellos invasores extraterrestres que inventó Orson Welles en su archifamosa emisión radiofónica. Les pongo un par de ejemplos de ese miedo que nos nubla el entendimiento...".

La vicepresidenta cuarta y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, interviene durante una reciente sesión de control al Gobierno celebrada en el Senado.
  • Dedicado a mi nieta Carlota, que acaba de nacer en el hospital Príncipe de Asturias y conocerá un mundo aún más electrificado que el que conoció su abuelo.  

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaíno que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

 

La escandalera liada este verano con los precios de la electricidad me ha traído a la memoria dos imágenes de aquel julio tórrido de hace muchos años, cuando mi familia y yo nos trasladamos a Alcalá desde la aldea remota: no había manera de apagar la sed con aquella agua calentorra que salía de los grifos y por las noches, con ánimo de encontrar un poco de alivio, algunos vecinos sacaban los colchones a las terrazas y dormían al raso. El frigorífico no tardó mucho en hacer acto de presencia en nuestra cocina, pero para el aire acondicionado aún faltaban algunas décadas.

Por lo visto en las últimas semanas, no tenemos ni idea de qué es un megavatio pero su precio nos asusta tanto como aquellos invasores extraterrestres que inventó Orson Welles en su archifamosa emisión radiofónica. Les pongo un par de ejemplos de ese miedo que nos nubla el entendimiento. A comienzos del estío, cuando empezaron a llover los precios récord como si fueran chuzos de punta, un señor dijo en una entrevista periodística que “antes yo ponía el ventilador todas las noches, pero ahora ya no podré ponerlo”; y al tiempo que escribo estas líneas veo un titular según el cual los precios de la electricidad afectan incluso al coste de nuestra querida tortilla de patatas: y lo anuncian a todo trapo, como si acabaran de descubrir el Mediterráneo.

Al parecer todo vale con tal de desgastar, o de echar de una vez por todas, a este Gobierno inútil que sufrimos desde hace tres años, cuando M. Rajoy fue devuelto por el Congreso a su registro de la propiedad. También este verano escuché a la “moderada” Ana Pastor asegurando en una entrevista que “el recibo de la luz se ha triplicado en una año”. No era un error, puesto que Pastor repitió la misma frase al menos una docena de veces. Era voluntad descarada de manipular, de confundir al personal, de inducirlo a la ira en el camino quizá de lo que solemos llamar un otoño caliente.

Si yo fuera ministro de la energía, creo que no me atrevería a recomendar que la gente salga con sus colchones a dormir en las terrazas, pero sí me atrevería a recomendar un uso más racional, por ejemplo, del aire acondicionado. No olvidemos que el aumento de la demanda, más los precios del gas y de los derechos de emisión de dióxido de carbono están en la base de los precios disparatados que nos cuentan los periódicos, las radios y los telediarios. También recomendaría, como hizo la otra tarde la Vicepresidenta Teresa Ribera, no confundir el megavatio con el recibo de la luz. Ambas cosas están relacionadas, estrechamente relacionadas si se quiere, pero distan mucho de ser la misma cosa.

Puede que mis lectores de ALCALÁ HOY no me crean, pero según las estadísticas soy un consumidor de electricidad bastante representativo de la media nacional. Tengo una potencia contratada de 4,6 kilovatios, mi consumo anual ronda los 3500 kilovatios hora, me mantengo fiel al PVPC (Precio Voluntario al Pequeño Consumidor) y rechazo testarudamente cada oferta que me llega para pasarme al llamado mercado libre.

Y tengo ante mí, mientras escribo, la factura correspondiente al mes de julio. Ustedes son libres de creerlo o no, pero lo cierto es que, de acuerdo con esa factura, ¡el kilovatio hora consumido en dicho mes me salió más barato que en el mes de mayo! a pesar de todos los registros históricos que se estaban batiendo un día sí y otro también.

Concretamente, en mayo eran 0,246 euros por kilovatio hora y en julio 0,242. Debo reconocer, no obstante, que de no haber mediado la rebaja del IVA decretada por el Gobierno, el coste por kilovatio hora  habría sido algo mayor: exactamente 0,266 euros por kilovatio consumido, un 8,13%  más que en mayo. No digo que no sea una subida significativa, lo que digo es que no hace falta ser un Nobel de  matemáticas para saber que un 8,13% no es lo mismo que un 200%. Pero, cuando se trata de derribar a un Gobierno con el argumentario de oposición manejado a toque de corneta, qué importan la verdad o el rigor científico.

Ahora espero con escasa preocupación la factura del mes de agosto. Procuro no dejarme arrastrar por el alarmismo reinante. Por supuesto, será más alta que en el mes de julio, porque yo también tiro del aire acondicionado, pero estoy casi seguro de que el coste por kilovatio consumido será inferior al mes de julio, por una sencilla razón: los costes fijos de la factura pesan más que los volátiles precios del mercado mayorista, de modo que al aumentar el consumo total se reduce el coste por unidad consumida.

Mi conclusión es que no hay motivo para tanto malestar. Tengamos en cuenta que 2020, a consecuencia del parón económico, fue el año con la electricidad más barata. Este año nos está saliendo un poco más cara, pero me parecería patético que alguien dijera, por muy modestos que sean sus ingresos, que ya no puede disfrutar de la tortilla de patatas por culpa de esa carestía.

 

 

 

 

 

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2 Comentarios

  1. Querido Santiago:
    Al hilo de sus palabras debo entender que estaría usted más aterrorizado cuando, allá por el año 2015, se hablaba de la pobreza energética que atenazaba a muchos habitantes de este país porque el kw/h había subido un 10 %

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