Zendales | Por Antonio Campos

En España, nunca estamos contentos con nada. Quejas contra la sanidad privada (si no existiera, la sanidad pública sería mucho peor al tener que atender a los millones de personas que atiende la privada) y ahora, que se construye en tiempo récord un nuevo hospital público destinado a acoger a enfermos del coronavirus, dotado de la infraestructura y material sanitario más moderno, también hay quejas.

Foto de la Comunidad de Madrid
  • Desde hace un tiempo han aparecido dos figuras emergentes en la derecha española: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, que empiezan a ser molestos para sus propios correligionarios y muy molestos e incómodos para el Gobierno en el poder.

 

Foto de la Comunidad de Madrid

En España, nunca estamos contentos con nada. Quejas contra la sanidad privada (si no existiera, la sanidad pública sería mucho peor al tener que atender a los millones de personas que atiende la privada) y ahora, que se construye en tiempo récord un nuevo hospital público destinado a acoger a enfermos del coronavirus, dotado de la infraestructura y material sanitario más moderno, también hay quejas, evidentemente procedentes de sus adversarios políticos, la izquierda radical, hasta tal punto que ni PSOE, Podemos ni Más Madrid han asistido a la inauguración de las instalaciones y puesta en funcionamiento.

El nuevo hospital tiene 80.000 metros cuadrados de superficie construida, capacidad para 960 camas y 50 más en la unidad de cuidados intensivos (UCI). Y parece ser que ha tenido un sobrecoste sobre el proyecto inicial de 50 millones de euros, que es por donde la oposición ataca a la presidenta Díaz Ayuso y que El País explica así: “El tamaño del complejo se ha duplicado, 80.000 metros cuadrados, también el de cada pabellón de hospitalización, que ya no tendrán 7.500 sino 10.500 metros cuadrados. Tampoco serán tres sino cuatro, además del almacén central, los tres de hospitalización y uno más del que a finales de octubre la Comunidad informó que sería un “edificio de usos múltiples sanitarios, que albergará el Centro de Contingencia del SUMMA112, donde se coordinará el transporte de urgencia y emergencia de la Comunidad de Madrid; y el Centro de Coordinación de Crisis Sanitarias”. También se ubicará en este complejo el Laboratorio Regional de Salud Pública para “la vigilancia, el análisis y el control epidemiológico de la salud, como apoyo a la Dirección General de Salud Pública”.

Durante una etapa profesional, trabajé en un banco, en diferentes puestos. Y he visto de todo. Sin romper el secreto profesional, sí me voy a permitir contar algo, una pequeña parte, sobre cómo funciona el sector de la construcción (todo lo que huele a cemento, huele a corrupción) y su relación con organismos públicos, que es algo muy parecido a lo que pasa cuando un particular hace obras en su casa con el YAQUE, ya que está aquí, enlose esta habitación, ya que está aquí, modifique ese enchufe de luz, ya que está aquí, pinte la pared de blanco ….

En el caso que nos ocupa del nuevo hospital, llamado ENFERMERA ZENDAL en honor de una enfermera gallega que participó en la primera expedición sanitaria internacional para llevar la vacuna de la viruela a América, el YAQUE ha empezado a llamarse ZENDALES por parte de la oposición, lo que es igual, dinero “perdido” sin justificación. Estas líneas no pretender justificar, en absoluto, esos “zendales” de demasía, que estoy seguro lo explicarán debidamente dadas las modificaciones de la obra anteriormente reseñadas; es más, la oposición tiene el deber y la obligación de exigir su justificación; y el Partido Popular de Madrid de darlas.

Volvamos al YAQUE. Cualquier organismo convoca concurso para una obra. Se presentan varias constructoras que, todas, tienen algún “espía” en el organismo convocante, incluso en ocasiones se ponen de acuerdo para ir rotando las concesiones. Se hace una oferta a la baja que, normalmente, es la que se adjudica el concurso. Empiezan las obras, y aparecen las ampliaciones y las adendas: Que ha salido piedra y no estaba previsto en el cuaderno de convocatoria; que ha aparecido un pozo de agua y hay que taparlo y hacer arquetas, no previstas; que dada la humedad del terreno, hay que modificar el conducto de las líneas de luz, y no estaba previsto; que la cota de este montículo estaba mal calculada y hay que hacer un puente, tampoco previsto …… Y lo que había sido la puja más barata acaba siendo del doble del valor inicial. Ejemplos internacionales, por todos conocidos: El AVE a la Meca y el Canal de Panamá.

Luego viene el cobro. Hubo una época en las que las Certificaciones se tardaban en cobrar 18 y hasta 24 meses; conocí a varios grandes constructores que llegaban con la Certificación en la mano y decían: Preséntala mañana que la pagan la semana que viene. Y acertaban. ¡Lo que sabían aquellos personajes!

Con la estructura descrita, podría detallar cientos de casos, en todas las épocas políticas y de todos los colores, y aún situaciones peores. Una vez me prepusieron financiar a un constructor para hacer una piscina para un pueblo; al constructor le pagaba el ayuntamiento con certificaciones datadas a no sé cuántos años, que descontaba el propio ayuntamiento, que a su vez los descontaba en un banco, que los compraba un fondo de inversión propio como Deuda de Organismos Oficiales. Parece de película, ¿no? Pues encontró un banco que se lo hizo; y me da la impresión que no fue la primera ni la última operación de este tipo que se ha llevado a cabo en el mercado.

Si alguien quiere profundizar adecuadamente en este tema, que analice las certificaciones de obra de ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas y ministerios desde la época de Felipe González, y compruebe cuántas obras han acabado costando el importe inicialmente previsto. La sorpresa puede ser terrible.

Debe ser deformación profesional, pero no pongo la mano en el fuego por nadie. Espero, para honra y satisfacción de todos, que se aclare debidamente este sobrecoste, al igual que los cinco mil millones de euros de desfase que ha habido en las obras de una línea de Metro en Barcelona bajo la responsabilidad de uno de los socios del Gobierno, y el gasto en mascarillas y material sanitario, con precios detallados, realizado por el Gobierno en el asunto coronavirus, y que la ciudadanía sepa distinguir al que dice la verdad del que miente, al honrado del que no lo es, al que sirve al pueblo del que viene a servirse del pueblo. En esta y en todas las ocasiones.

 

 

 

 

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1 Comentario

  1. Señor Campos, lamento disentir con usted.
    Para empezar, yo no estoy en contra de la iniciativa privada en ámbitos como la sanidad y la educación, merecen todo mi respeto tanto estas empresas como quienes recurren a ellas. Lo que ya me chirría bastante es esa llamativa tendencia de la derecha española, o al menos de parte de ella, a mezclar las churras con las merinas a costa, claro está, del erario público. Dicho en román paladino, mi opinión, que no creo que se pueda tildar de revolucionaria ni de bolchevique, es que el estado financie los servicios públicos y que quien quiera recurrir a los privados, que se lo pague con su dinero, no con el de los demás.
    Curiosamente, estos políticos españoles que se las dan de «liberales» tienen su presunto espejo político en el «liberalismo» anglosajón, con el que nada tienen que ver puesto que éste lo que propugna es la inhibición del estado en el mercado y poco menos que la ley de la selva en las transacciones económicas entre particulares, vamos lo de quien a Dios se la dé san Pedro se la bendiga. Pero rechazan el intervencionismo estatal para lo bueno y para lo malo, por lo que híbridos como los colegios concertados o los hospitales públicos de gestión privada son impensables allí, lo privado es privado y punto.
    Pasemos ahora al tema de la inefable Isabel Díaz Ayuso, al que sus correligionarios pretenden vender como una mezcla de Isabel la Católica, Agustina de Aragón y Margaret Thatcher, o poco menos, aunque a mí me parece más bien un remedo de los «políticos» que han hecho de la demagogia y la bronquitis -de bronca- crónica su sello de la casa; vamos, gente como Berlusconi, Trump o Boris Johnson, por poner tan sólo unos ejemplos. A mí la verdad es que este tipo de políticos me inspiran como poco desconfianza, puesto que al igual que los antiguos charlatanes de feria lo único que suelen vender es humo aunque, eso sí, son capaces de hacer bastante daño.
    En cuanto a lo del hospital de pandemias, qué quiere que le diga. No hace mucho su mismo partido estuvo a punto de cerrar la Unidad de Medicina Tropical del Hospital Carlos III, algo que sólo se evitó a raíz del conocido brote del virus del Ébola. Por otro lado, no yo, que al fin y al cabo soy profano, sino muchos médicos han cuestionado su utilidad, eso sin contar con que, para dotarlo de personal, han trasladado médicos y enfermeras de otros centros, con lo cual se ha desnudado a un santo para vestir a otro. Añadamos a ello que las plantillas de personal sanitario llevaban años bajo mínimos a causa de la indisimulada actitud del PP madrileño ante todo cuanto huela a público salvo cuando este dinero público sirve para financiar a empresas provadas, con lo que llueve sobre mojado.
    Probablemente habría sido más eficaz -y esto lo siguen diciendo los médicos- dedicar esos cien millones de euros a reforzar la asistencia primaria, que no es que esté bajo mínimos sino que está reducida a su mero esqueleto. Hace tan sólo unos días fui a mi consultorio a pedir cita -telefónica, claro está, presencial es una entelequia- y me dijeron que en todo el consultorio habían dejado sólo a dos médicos, que estaban total y absolutamente sobrecargados de trabajo. Pero claro está, eso no le gusta a la señora Isabel Díaz Ayuso, sobre todo teniendo en cuenta que los sanitarios, al igual que los docentes, fueron unos colectivos díscolos -justificadamente, añado yo- durante el mandato de su mentora Esperanza Aguirre, de la cual ha heredado su autoritarismo pero no su astucia. Y, claro está, se las están haciendo pagar y de paso a los ciudadanos.
    Voy a terminar, que ya me he extendido bastante, recordándole que la «desviación» de 50 millones de euros en la construcción del dichoso hospital ha supuesto el 100% de incremento, o lo que es lo mismo el hospital ha costado el doble del presupuesto inicial. ¿No le parece demasiado?
    Mientras tanto, y son cifras de los propios sanitarios, en la red de hospitales de la CAM hay 1.769 camas sin ocupar por falta de personal y varios de los flamantes hospitales seudopúblicos made in Aguirre tienen todavía zonas cerradas que no llegaron a habilitarse desde su inauguración. Asimismo, la entrada en servicio de estos hospitales seudopúblicos supuso el cierre de 1.600 camas entre 2010 y 2018 en los públicos de verdad, camas que no se han recuperado.
    Así pues, por mucho que se empeñe en convertir a Isabel Díaz Ayuso -y de paso a sus predecesores- en una heroína, lo cierto es que los datos son tozudos.

  2. Pues eso: Ya que estamos, hagamos macro hospitales faraónicos sin quirófanos y sin personal, al tiempo que seguimos hundiendo la atención primaria y la sanidad en general. y Si te pones enfermo o enferma por la noche, vete al hospital de Torrejón, que es de gestión privada, para engordar los bolsillos de una empresa privada. Ay!! madre mía, vaya cantinela que han cogido con la izquierda radical, social-comunista y bolivariana….

  3. La democracia es libertad y contraste de opiniones. Cuando alguien publica algo, ya no es del autor, es del público que lo lee. Por eso no tengo nada que decirles. Solo creo que se han fijado en algunos párrafos del artículo, no en el fondo del mismo. Se trata de un hospital público, que ha sufrido un aumento en su coste de 50 MM de euros, calderilla con los otros ejemplos que se incluyen en el artículo, y sobre la que oposición tiene la obligación de pedir justificaciones, igual que en los otros casos y que Uds. no citan en sus comentarios porque «la mierda, cuando más de menea, más huele». Mis respeto a sus opiniones, aunque no las comparta. Y como se que al menos uno de ustedes está jubilado, por favor, entreténgase en comprobar las certificaciones de obras de ayuntamientos, diputaciones, CCAA y todos los ministerios del Estado. Saludos.

  4. Coincido con usted en que la democracia es libertad y contraste de opiniones, pero discrepo en lo relativo a que cuando alguien publica algo no es suyo sino de los lectores; muy al contrario, sigue siendo suyo, para lo bueno y para lo malo.
    Discrepo también en su afirmación de que le hemos sacado sus opiniones de contexto; no al menos yo, respondo sólo por mí, obviamente no por el otro lector al que no conozco. Así pues, evidentemente, hablo sólo por mí. No voy a entrar en disquisiciones políticas, aunque es evidente que no coincidimos en nuestros planteamientos, ni tampoco me voy a extender demasiado puesto que ya dije todo lo que tenía que decir, salvo en algunas puntualizaciones. Para mí una duplicación del presupuesto -fijémonos en las proporciones, no en la cantidad- es cuanto menos preocupante cuando hay dinero público por medio, pero si nos fijamos en la cantidad -insisto en que esto no lo digo yo, sino médicos y expertos- esos 100 millones de euros, que a mí no me parecen calderilla, podrían haberse empleado en contratar personal para reforzar la atención primaria que, se mire como se mire, es la primera trinchera en la batalla contra la enfermedad.
    Y como no rebate ninguno de mis otros argumentos, prefiero dejarlo aquí.
    No sé a cuento de qué viene su alusión de que la oposición tiene la obligación de pedir justificaciones, que por supuesto la tiene, pero eso no impide que los ciudadanos de a pie tengamos derecho a opinar sobre cualquier asunto que nos incumba, y todo lo que tiene que ver con la gestión del dinero público nos incumbe.
    Tampoco entiendo su reproche por no citar otros casos, supongo que similares, en mi comentario; simplemente usted estaba hablando de un caso muy concreto y yo respondí a él, tampoco era cuestión de mezclar las churras con las merinas, aparte de que conmigo no va lo de «y tú más», que se lo dejo a los políticos y a sus acólitos; pero le aseguro que si usted saca a relucir cualquier otro de mi interés le responderé a ése tanto si pudiera estar a favor como en contra. Si algo no soy es maniqueo, ni tampoco, creo, visceral, o al menos procuro no serlo. Y le aseguro que no tengo a nadie detrás de mis opiniones, ni mucho menos un grupo político como parece querer usted insinuar.
    No sé a cual de los dos comentarios se refiere usted en el último párrafo, supongo que no será al mío por dos razones. Primero porque no estoy jubilado, y segundo porque que yo sepa no nos conocemos personalmente, aunque sí he leído algún artículo suyo en la prensa local. Por último, y con independencia de lo anterior, permítame que decline su propuesta de entretenerme en comprobar las certificaciones de obras públicas, ya que queda muy lejos de mi formación profesional y me temo que resultaría extremadamente aburrido. Además no es mi labor, como simple ciudadano que soy que opina exclusivamente por sí mismo.
    Reciba un saludo.

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