El rey desnudo | Por Carlos Cotón

A Pablo Iglesias no fue difícil adivinarle las intenciones, aunque es cierto que muchos han necesitado que él y su partido llegasen al Gobierno para abrir los ojos y darse cuenta de lo que realmente son y de lo que realmente representan. Últimamente son muchas las cuestiones que envuelven a Podemos y que precisamente no lo dejan en buen lugar.

Iglesias posando 'desmelenado' para una entrevista. Foto de Outumuro.
  • El escritor y poeta danés Hans Christian Andersen es el artífice de la conocida obra infantil El traje nuevo del emperador, también conocida como El rey desnudo.

 

  • Analista político  colaborador de ALCALÁ HOY

 

 

Dina Bousselham ex-asesora de Iglesias/ Fuente: EFE.

Una fábula con un claro mensaje: solo porque todo el mundo crea que algo es verdad, no significa que lo sea. También en política existen políticos que nos quieren hacer creer que son o que representan algo que realmente no son.

A Pablo Iglesias no fue difícil adivinarle las intenciones, aunque es cierto que muchos han necesitado que él y su partido llegasen al Gobierno para abrir los ojos y darse cuenta de lo que realmente son y de lo que realmente representan. Últimamente son muchas las cuestiones que envuelven a Podemos y que precisamente no lo dejan en buen lugar.

Lo último ha sido la decisión de un juez de imputar a Podemos, como organización política, así como a su secretario de Comunicación y mano derecha de Iglesias, por la presunta financiación ilegal que habría llevado en los últimos tiempos la formación morada. A este hecho –nada insignificante donde los haya- hay que añadirle el escandaloso ‘caso Dina’ que no deja en buena posición la figura personal de Pablo Iglesias como ese hombre que se dice defensor de la mujer y de lo que él entiende por feminismo.

Es curioso. Podemos hizo suya la bandera de la corrupción para justificar la moción de censura a Mariano Rajoy y ahora, cuando un juez le ha imputado como persona jurídica, al igual que en su día se imputó al PP, se niega a dar explicaciones en el Congreso de los Diputados cuando se les pide a sus dirigentes que comparezcan para esclarecer todo este asunto.

Podemos, y especialmente Pablo Iglesias, ha alimentado en buena parte todas las críticas que recibe ahora. Aparte de su manifiesta incoherencia, Podemos y Pablo Iglesias son ahora todo lo que dijeron que nunca serían. Han pasado de defender el escrache como jarabe democrático contra los políticos, a criticarlo cuando es a ellos a los que se los hacen (y vaya por delante que yo condeno siempre todo acto de violencia y acoso contra cualquier persona. Sea quien sea y piense como piense), han pasado de acusar a Villarejo de ser un mandado de lo que ellos han llamado ‘cloacas del Estado’ cuando destapaba información comprometida sobre Podemos, a considerar todo lo que dice palabra de Dios cuando afirma tener información sobre el rey emérito.

Además, y entre otras contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace, Podemos ha pasado de querer prohibir por ley las puertas giratorias a enchufar en ellas a alguno que otro de sus asesores. Y ya, por si fuera poco, sobrepasaron el terreno político para criticar ferozmente a otros políticos, como hicieron con Luis de Guindos, por los lugares en los que vivían o por las casas que se compraban para después, en fin, ya se sabe. Galapagar y esas otras cuestiones en las que preferiría no ahondar porque soy de los que piensan que una cosa es la política y las ideas y otra bien distinta la vida privada y familiar en la que cualquiera puede hacer con su dinero (y si se lo ha ganado legal y honradamente) lo que le de la real gana.

Podemos en Vistalegre en el año 2014. Fuente: Europa Press

En Podemos son conscientes de que las cosas no van bien para ellos. Con las encuestas pronosticando descenso electoral tras descenso electoral y una credibilidad que hace tiempo que dejó de existir, a Podemos solo le mantiene el ser hoy uno de los dos partidos que forman el Gobierno de España. Aunque sea con una influencia mínima. Más aún a Pablo Iglesias, que como líder de su organización política y de no ser hoy Vicepresidente del Gobierno no le habría quedado más remedio que dimitir tras el fracaso en las elecciones de País Vasco (redujeron su presencia en el Parlamento autonómico a la mitad) y Galicia (pasaron de segunda fuerza a ni siquiera entrar en el Parlamento gallego).

Precisamente por esa influencia mínima que tienen a pesar de estar en el Gobierno, han tenido que lanzar ese órdago de que no apoyarían unos Presupuestos –los de su propio Gobierno- pactados con Ciudadanos. Ellos, Podemos, que en Cataluña no han tenido el más mínimo reparo en aprobarle los Presupuestos a Torra. Lanzaron como digo ese órdago para tratar de ganar algo de notoriedad política y mediática y lo cierto es que no han tardado ni 24 horas en echarse atrás.

Como decía al principio, algunos ya nos dimos cuenta en su día de lo que era Podemos y de lo que realmente defendía. Y en este artículo solo he hablado de hechos, no de ideas. Porque si tenemos que hablar de ideología, en lo que a cuestiones esenciales se refiere, tenemos para rato. En todo caso, creo que sí existe una percepción casi unánime de que Podemos no es ese partido que decía ser en 2014. Es bueno que con el paso del tiempo nos vayamos dando cuenta de que, a veces, las cosas no son como nos dicen que son.

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