Dicen que Julio Anguita ha muerto ¡ Qué tontería ! Por David Cobo

Hoy dicen que Julio Anguita ha muerto. Qué tontería. Pervive en cada uno de los que le recordamos como referente. En cada imagen de la humana nobleza, en cada gesto de llaneza austera, en cada palabra de afirmación en la justicia, en cada voz de rotundidad sonora. El mejor homenaje, continuar la lucha.

  • “Os agradezco que me hayáis invitado, pero habéis cometido el error de enviarme un billete de preferente. Yo nunca viajo en preferente.”

 

  • David Cobo García – Portavoz IU Alcalá de Henares y concejal de Unidas Podemos IU en el Ayuntamiento

Fue lo primero que nos dijo Julio Anguita cuando le recogimos en Madrid, en la estación de Atocha. Era el 4 de marzo de 2004 y en pocas horas comenzaría su exposición sobre la Tercera República en la Universidad de Alcalá de Henares, en un acto organizado por el PCE, en el que representamos a la agrupación local dos miembros de la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE): Maxime Guillet y yo.

Durante mi adolescencia el Partido Comunista de España e Izquierda Unida se convirtieron en mis organizaciones de referencia. De ello mucho tuvo que ver el didáctico discurso de Julio Anguita, su mensaje claro y directo, en el que no ofertaba soluciones milagreras sino que apelaba a los trabajadores para que se organizaran y tomaran conciencia de colectivo: “La batalla se gana a ras de calle y no en ruedas de prensa”. Él no se postulaba para gobernar al pueblo sino para que el pueblo gobernara. “Son los nuestros porque les pertenecemos”.

Ante un abarrotado salón de actos de la Universidad de Alcalá de Henares, Julio Anguita desgranó los múltiples incumplimientos de los derechos contemplados en la Constitución y abogó por una República social, participativa, en el que la economía debe estar al servicio de la consecución de los Derechos Humanos: trabajo, sanidad, educación, vivienda, medio ambiente… Una República que hay que trabajar y construir desde abajo, empezando por dar ejemplo, porque uno no es lo que dice sino lo que hace, y nuestro proceder diario, incluso individual, ha de ser honesto y honrado, pues, como decía Anguita, “El modelo de Estado es hijo de la sociedad. De no generar una sociedad con virtudes éticas, solidarias, la República no llegará nunca por mucho que la nombremos”.

Anguita hablaba con serenidad, sin estridencias; “desconfío de la gente que grita, ocultan tras el exceso de decibelios su falta de ideas”.

Su discurso tenía un gran fondo ideológico pero siempre construido sobre valores humanos imprescindibles: honradez, sinceridad, austeridad. La coherencia siempre es respetada y Julio Anguita era ante todo coherente, y ello le generó un respeto generalizado de propios y extraños. Conozco otros casos de similar magnitud: el sindicalista Marcelino Camacho y el poeta Marcos Ana, de los que personas de ideologías muy diversas tras conocerlos decían “no soy comunista pero a este hombre le respeto mucho porque es coherente con lo que dice”. En mi opinión no es que Julio Anguita fuera un comunista coherente sino que, simplemente, el que no es coherente no puede ser comunista.

El pensamiento de Julio Anguita para mí se define fácilmente con su teoría de “las dos orillas”. En una los que defienden los intereses del pueblo y en la otra los que, con independencia de su discurso, en la práctica defienden los privilegios de las grandes fortunas. En la orilla del pueblo siempre se está abierto a recibir más gente, nuevos apoyos, pero no a cualquier precio. Los principios no se negocian.

A pesar del cariño que ahora, tras su muerte, se le trasmite a Julio Anguita, cierto es que fue muy atacado desde fuera y desde dentro, por la prensa supuestamente progresista y por supuestos compañeros de IU que decían defender posiciones “renovadoras”. El tiempo pone a cada cual en su sitio y ha demostrado que Julio Anguita tenía razón cuando explicaba que los acuerdos europeos de Maastricht sólo traerían desindustrialización y precariedad laboral. Los otros, los supuestos “renovadores”, digamos que acabaron en la otra orilla.

Tras acabar el acto, en la alcalaína Plaza de San Diego le paró una mujer y le dijo: “Julio, te he escuchado hoy y quiero que me firmes un autógrafo”. Anguita le respondió: “Le tengo que pedir disculpas, porque si tras hablar de la Tercera República, la República que queremos, una sociedad entre iguales, usted viene y me pide un autógrafo a mí que soy uno más igual que usted, es que yo me he expresado muy mal”.

Hoy dicen que Julio Anguita ha muerto. Qué tontería. Pervive en cada uno de los que le recordamos como referente. En cada imagen de la humana nobleza, en cada gesto de llaneza austera, en cada palabra de afirmación en la justicia, en cada voz de rotundidad sonora. El mejor homenaje, continuar la lucha.

 

 

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