Hablemos del SMI y su mejora | Por Santiago López Legarda

En Las uvas de la ira cuenta John Steinbeck la desesperación de aquellas decenas de miles de braceros que emigraban hacia California y fueran donde fueran siempre se encontraban con alguien dispuesto a cavar zanjas o podar las viñas por unos cuantos centavos menos al día.

  • Así que hemos llegado a una suerte de equilibrio inestable que se sintetiza en este bonito acrónimo: SMI.

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaino que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

 

Como soy un poco travieso, comenzaré estas líneas con una idea un tanto provocadora: creo que los más entusiastas partidarios de una subida sustancial del Salario Mínimo Interprofesional deberían ser los diputados de la extrema derecha. A contrapelo de su natural tendencia hacia los planteamientos ultraliberales, Abascal, Espinosa de los Monteros y compañía deberían apoyar dicha subida porque cuanto más alto sea el SMI más alto será el número de trabajadores españoles dispuestos a aceptar un trabajo duro y poco gratificante, reduciendo así de manera drástica las oportunidades de la mano de obra extranjera que viene a…”robarnos los puestos de trabajo”.

La ministra de Trabajo y el Gobierno en su conjunto acaban de apuntarse un éxito político considerable después de conseguir que los representantes patronales ( CEOE Y CEPYME ) aceptaran una subida de nada menos que el 5,5% después de la espectacular subida del 22% el año pasado. El nuevo SMI queda en 950 euros por catorce pagas al año. Si he de ser sincero, yo esperaba unas negociaciones más laboriosas con la patronal y finalmente una subida por debajo del 5%.

En Las uvas de la ira cuenta John Steinbeck la desesperación de aquellas decenas de miles de braceros que emigraban hacia California y fueran donde fueran siempre se encontraban con alguien dispuesto a cavar zanjas o podar las viñas por unos cuantos centavos menos al día. El hambre que acompañó a la Gran Depresión tenía cercados a aquellos perdedores harapientos. Y cabe suponer que de no haber existido leyes laborales, estatutos de los trabajadores, prohibición del trabajo infantil, limitación de la jornada laboral, etc., seguiríamos en un régimen de explotación similar al de los telares de Manchester en el siglo XIX. Bueno, además de travieso soy un poco exagerado: el capitalismo, nuestro capitalismo de hoy, necesita consumidores y cómo vamos a consumir si no nos dan ni tiempo ni dinero para tan noble menester.

Así que hemos llegado a una suerte de equilibrio inestable que se sintetiza en este bonito acrónimo: SMI. Cuánto más adecuado sea el SMI más decente será nuestra sociedad y más potenciales consumidores tendrán los empresarios para venderles sus productos. Pero en la economía siempre hay un pero: ya se han alzado voces procedentes del mundo empresarial que alertan de los peligros del SMI para la creación de empleo. Algunos servicios de estudios  han dado cifras sobre el número de puestos de trabajo que se han dejado de crear o han pasado a la economía sumergida a consecuencia de la anterior subida. Entre los académicos no hay unanimidad sobre los efectos del SMI en el mercado de trabajo, aunque parece de sentido común que tan malo es ponerlo demasiado arriba como ponerlo demasiado abajo.

El compromiso del actual Gobierno es situar el SMI al final de la legislatura en una cantidad que sea equivalente al 60% del salario medio del país, objetivo que al tiempo constituye  una de las grandes reivindicaciones históricas de la Confederación Europea de Sindicatos. En la actualidad, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, el salario medio en España (aunque hay millones que no llegan a esa cifra) es de unos 23500 euros anuales (brutos, es decir, antes de impuestos y cotizaciones sociales). El SMI actual vendría a representar un 53,6% de esa cantidad. Si suponemos que, gracias a las moderadas subidas que se pactan en los convenios, el salario medio del país podría situarse en unos 24000 euros al final de la legislatura, el SMI debería estar  en 2023 en unos 14400 euros anuales. Es decir, que la subida acumulada en cuatro ejercicios debería ser el 14%. Para los empresarios o los empleadores que tuvieran contratada a una persona con el SMI, el coste laboral al final del periodo (incluidas las cotizaciones sociales) se habría incrementado en 2400 euros anuales. Es una cantidad respetable, pero no parece que sea inasumible, más si tenemos en cuenta que estamos hablando de una subida escalonada en cuatro ejercicios.

El Salario Mínimo Interprofesional (que en términos netos se queda a día de hoy en unos 800 euros mensuales) es una protección legal que la sociedad ofrece a la parte más débil de las relaciones laborales. Y constituye también una suerte de barrera para impedir la tentación (o la necesidad) de aceptar cualquier cosa con tal de llevarse a casa un mendrugo de pan. Y está claro que el Ejecutivo actual va a seguir mejorándolo, de acuerdo con los compromisos electorales, pero con mucha prudencia

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