De investiduras y traiciones | Por Santiago López Legarda

Tendremos que recordar que si el líder socialista ha tenido que ejecutar increíbles malabarismos y contorsiones en el alambre se debe a que la derecha en bloque le ha negado el pan y la sal con sus más de 150 diputados.

  •  “Puede que nosotros no tengamos sentido de Estado – dijo Esteban mirando hacia los escaños de la derecha – pero por lo menos tenemos sentido común”.

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaino que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

Mientras escribo estas líneas – en la noche del 6 de enero – imagino a los dirigentes del Partido Socialista y de los demás grupos que apoyan la investidura de Pedro Sánchez tomando todas las precauciones para que no falle ni un solo voto en la crucial votación parlamentaria prevista para la mañana del martes 7.  La configuración de una ajustadísima mayoría de izquierda era una de las opciones que tenía el líder socialista tras las elecciones del 10 de noviembre. La otra opción era buscar una mayoría mucho más amplia mediante algún tipo de acuerdo con el Partido Popular y con Ciudadanos.

Y lo que hay que decir, frente al clima guerracivilista creado por los portavoces de la derecha y la extrema derecha, es que ambas opciones eran perfectamente legítimas y ninguna de las dos estaba libre de riesgos y contraindicaciones. Y habrá que recordar cuantas veces sea necesario que en la España de hoy lo que tenemos, a diferencia de la España dictatorial que tanto añoran algunos, es un régimen parlamentario en el que un solo voto de diferencia puede confirmar o hacer caer a un Gobierno. Un régimen parlamentario muy fragmentado, como suele ocurrir en todas las democracias cuyos sistemas electorales respetan o no desfiguran demasiado el principio “un hombre, un voto”. Véanse los casos de Israel o Bélgica, donde con frecuencia hacen falta ímprobos esfuerzos para articular precarias mayorías de gobierno.

También tendremos que recordar que si el líder socialista ha tenido que ejecutar increíbles malabarismos y contorsiones en el alambre se debe a que la derecha en bloque le ha negado el pan y la sal con sus más de 150 diputados. La memoria de algunos responsables políticos es demasiado frágil. Pablo Casado no ha querido recordar que si su antecesor fue presidente del Gobierno fue gracias a la abstención del grupo socialista.

Inés Arrimadas, aunque el voto ciudadano había dejado a su formación en una posición casi irrelevante, tampoco ha querido recordar que comenzaron definiéndose como socialdemócratas y que llegaron a firmar un pacto de gobierno con los socialistas. Así que si finalmente Sánchez sigue en la Moncloa gracias a los votos de las formaciones independentistas se deberá en parte a su propia elección, pero también a la falta absoluta de lealtad institucional y generosidad por parte del centro-derecha.

En un brillante discurso, lleno de referencias cinematográficas que hicieron las delicias del hemiciclo, el portavoz del PNV, Aitor Esteban, se mostraba asombrado por el extraño y hasta extravagante sentido de Estado de que estaban dando muestras los portavoces que le precedieron. “Puede que nosotros no tengamos sentido de Estado – dijo Esteban mirando hacia los escaños de la derecha – pero por lo menos tenemos sentido común”.

Esteban aludía a ese irritante sentido patrimonial del poder que tiene la derecha española. El BOE es mío, parecen gritar cada vez que suben a la tribuna, del mismo modo que su padre fundador gritaba “la calle es mía”. Se rasgan las vestiduras porque en el Consejo de Ministros van a sentarse algunas personas que son comunistas o proceden de lo que en su día fue el comunismo. En todas las familias políticas cuecen habas y nadie está libre de pecado como para arrojar la primera piedra, pero ya que hablamos de España, no creo que exista en nuestro país otra familia política que pueda exhibir un patrimonio moral de lucha por las libertades democráticas como el que orgullosamente podrían exhibir los comunistas.

El otro gran motivo de escándalo en estos días es el acuerdo firmado entre los socialistas y Esquerra Republicana de Cataluña para tratar de encauzar el conflicto catalán.  Ya he escrito en otras ocasiones que, a mi juicio, este es un problema que no tiene solución, pero el diálogo me parece la única vía razonable no para resolverlo, pero sí para tratar de enfriarlo. Y me parece que el José María Aznar del periodo que va del 96 al 2000, que tanto se complacía en recibir en la Moncloa a líderes como Jordi Pujol y Xavier Arzalluz, habría firmado ese texto lleno de ambigüedades que ha propiciado la abstención de ERC.

Recuérdese que Aznar, cuando envió a sus representantes a sentarse a la mesa de negociación con ETA, llegó a hablar del “movimiento vasco de liberación nacional”.  Pero volvemos a lo que decía Aitor Esteban sobre el concepto patrimonial que tiene nuestra derecha del poder: si el BOE está en sus manos, cuanto se escriba en sus páginas es por el bien de España; si el BOE cambia de manos, cualquier texto tiene para ellos el mismo sonido que las trompetas del Apocalipsis.

 

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2 Comentarios

  1. Santi, me ha encantado el artículo, solo una pqña apreciación hipotética. El resultado fue muy ajustado (dos votos de diferencia entre diez y noes), y 18 abstenciones…si diéramos la vuelta, y la candidatura fuera la del Sr. Casado, y usando una hipotética lógica política actual, las diferencias serían abismales del no a Casado, pienso que las 18 abstenciones(ERC,Bildu), y el voto negativo de la Cup, Jx Cat,, y tal vez los de CV, y PRC, nos llevarían a una diferencia, sin salir elegido obviamente, de más de 28/30 votos…mi pregunta a la dcha…¿Que aspiraciones democráticas, o con qué valor democrático aspira a gobernar … Quiero dar a entender, que aunque hubieran intentado Tamayazos, y demás cacicadas, la aspiración a gobernar son pasar por nuevas elecciones, es prácticamente nula, y antidemocrática…ahí lo dejo.

  2. «»Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) ya se está cobrando la deuda de la investidura. Repetía Gabriel Rufián que su apoyo no iba a ser gratis y no lo es: exige al Gobierno español que se retire de todas las causas judiciales donde se hayan incursos separatistas catalanes. Para entendernos, exige que incumpla la ley y desafíe a los tribunales. Cosa que en ocasiones, además, resulta imposible dado que un proceso penal, una vez iniciado, no tiene por qué decaer ni aunque el iniciador rectifique.

    Pero es igual, la pregunta es hasta dónde y hasta cuánto está dispuesto a ceder Pedro Sánchez para satisfacer a los independentistas, tanto catalanes como vascos, porque al mismo tiempo Quim Torra se niega a obedecer a la Junta Electoral Central (JEC). Es decir, se niega a dimitir como presidente de la Generalitat.

    ERC exige al Ejecutivo alguna fórmula para sortear al Tribunal Supremo (TS) y que sea cual sea la decisión de este, Oriol Junqueras esté en el pleno del Parlamento Europeo el próximo lunes 13, acompañado por sus colegas Carles Puigdemont y Toni Comín»».

    ¿Hipérbole o realidad?

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