Al nacionalismo, ni agua | Por Carlos Cotón

Se han conformado las Cortes Generales, pero seguimos sin un Gobierno que pueda hacer frente a las grandes cuestiones a las que tiene que enfrentarse España. Y no tenemos Gobierno porque a Pedro Sánchez no le cuadran los números y porque ERC es, todo parece indicar que así será, quien decidirá la fecha del próximo debate de investidura.

Lastra y Rufían (Fuente: EFE)

 

  • Analista político  colaborador de ALCALÁ HOY

 

Esta situación de incertidumbre política, social y por supuesto, también económica porque se nos observa con lupa más allá de nuestras fronteras, se fundamenta en la incomprensible decisión de dejar en manos de los partidos nacionalistas las grandes cuestiones de país, lo que nos concierne y atañe a todos.

Constitucionalismo (Fuente: COPE)

Pareciera que al PSOE no le queda otra opción que la de sentarse con los nacionalistas para negociar la investidura de Pedro Sánchez. Pareciera que los demócratas hemos sido derrotados y que por eso, tenemos que pactar sí o sí con quienes no creen en la Democracia. Pues no. Los demócratas no hemos sido derrotados. Y tenemos que reivindicarlo alto y claro. La ecuación con ERC no es la única alternativa posible para que en España se forme Gobierno. Quizá sí sea la única para que Pablo Iglesias pueda ser Vicepresidente. Pero la suma de PSOE, PP, Ciudadanos y los dos diputados de la coalición constitucionalista Navarra Suma da como resultado 221 escaños frente a los 350 del total del Congreso de los Diputados. 221 escaños que servirían para hacer frente a la amenaza nacionalista que existe en Cataluña y la que está por venir en el País Vasco con la futura aprobación de esa infame reforma del Estatuto que, entre otras cosas, permitirá que el País Vasco pueda anexionar territorios vía referéndum y una reforma que, si finalmente se consuma, supondrá la legitimación política de los objetivos de la banda terrorista ETA.

No se entiende que hasta la fecha no se haya producido una reunión del PSOE con el PP, del PSOE con Ciudadanos o, directamente, una reunión a tres entre esas formaciones políticas. Por el contrario, sí las ha habido con pequeños partidos nacionalistas y regionalistas que –exceptuando a ERC, al partido de Puigdemont y al PNV con los que el PSOE también se ha reunido- a lo sumo cuenta cada uno con 2 diputados en el Congreso (véase CC-NC, BNG, PRC o Teruel Existe).

Pedro Sánchez y Pablo Casado se reúnen en Moncloa | EFE

Pido responsabilidad. Por el bien de España y fundamentalmente por el interés de todos los españoles. Y porque pido responsabilidad, también se la pido al Partido Popular, que más allá de su estrategia partidista –la cual es legítima- considero que debería mirar por el interés general. Aunque es cierto que, desde abril, Pablo Casado ya le ofreció a Pedro Sánchez el cumplimiento de una serie de Pactos de Estado a cambio del apoyo del PP en una investidura. También es cierto que la misma noche del 10N, Casado llamó a Sánchez pero esa llamada no fue atendida. Tampoco ha sido atendida los días posteriores a las Elecciones. De hecho, a día de hoy, no sabemos si se ha producido esa comunicación entre el Presidente del Gobierno en funciones y el líder del principal partido político de la oposición.

Seguir empeñados en alimentar al nacionalismo, en querer hacerle partícipe de las grandes cuestiones que afectan al conjunto del país, en otorgarle una importancia que ni social ni aritméticamente tiene, es un error.

El nacionalismo es sectario porque solo concibe como posibles sus postulados, su visión del mundo, de la historia. El nacionalismo es tensión porque divide y enfrenta a la sociedad. El nacionalismo es falaz porque distorsiona el verdadero fin de la política como herramienta para solucionar los problemas de los ciudadanos y lograr el progreso de las sociedades, convirtiéndola en un instrumento encaminado a proteger sentimientos. El nacionalismo es involución porque es incapaz de adaptarse a los cambios sociales tratando de imponer sus inamovibles, obsoletos y limitados principios. El nacionalismo es antieuropeo porque sus ideas chocan frontalmente con los valores de integración y diversidad que sustentan la existencia del proyecto común que representa Europa, y porque la Unión se creó para agrupar y unir a los Estados existentes después de la II Guerra Mundial y no para crear nuevos Estados a partir de los ya existentes. El nacionalismo es egoísmo porque basa su existencia en el qué hay de lo mío despreciando y haciendo de menos a todos aquellos que no gozan del ‘privilegio’ de haber nacido dentro de sus ficticias fronteras. En definitiva, el nacionalismo es totalitario porque, y lo hemos visto en Cataluña, es capaz de anclarse, desde las instituciones democráticas, en la ilegalidad permanente y ya sabemos que sin ley no hay Democracia y que fuera de la ley está la barbarie, el caos, la tiranía.

No se puede seguir pactando lo que nos compete a todos con una ideología así. Desde aquí y desde la más absoluta humildad, como un ciudadano al que le preocupa el presente y, sobre todo, el futuro de su país, pido a los grandes partidos constitucionalistas que sean capaces de llegar a una entente. Por el bien de todos. Porque nos estamos jugando el espacio de libertad y Democracia en el que afortunadamente vivimos. Porque nos jugamos las próximas generaciones. Porque, hablando claro y sin exagerar, nos estamos jugando seguir viviendo en la España democrática, europea y en paz en la que vivimos hoy.

 

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