El desalojo de Rajoy y la felicidad universal | Por Santiago López Legarda

Frente al desafío de los secesionistas catalanes, de tintes más antidemocráticos y autoritarios cada día que pasa, Pedro Sánchez, el hombre dispuesto a empedrar el camino hacia el infierno con las mejores intenciones, propone diálogo. Y anuncia, en un brindis al sol absurdo, que si Rajoy no hace esa deseada oferta de diálogo él se pondrá al frente de la misma.

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaino que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

Había en Televisión Española hace muchos años una campaña publicitaria que trataba de prevenir a los ciudadanos contra el despilfarro del agua, del combustible y de otros productos de primera necesidad. “Aunque usted pueda permitírselo, España no puede”, proclamaba aquella campaña.

Foto de EFE/Juan Carlos Hidalgo

Diríase que el llamado nuevo PSOE de Pedro Sánchez nunca vio aquella campaña y parece decidido a permitirse algunos lujos que pueden hacerle mucho daño a España, o a la sociedad española. El más exorbitante de estos lujos, por ahora, es el que se ha permitido por boca de su flamante portavoz parlamentaria, Margarita Robles: “el Partido Socialista nunca apoyará la aplicación del artículo 155 de la Constitución”. Quizás podría preguntársele a Juan Alberto Belloch por el sentido político y el sentido de Estado de esta antigua Magistrada que fue su segunda en el Ministerio del Interior.

La afirmación de Robles es tanto más sorprendente cuanto que viene de una especialista en Derecho. Y es tanto más preocupante cuanto que al parecer ha sido respaldada por la nueva Ejecutiva Federal del PSOE. ¿Ha caído el Partido Socialista en uno de esos ramalazos de anarquía que a veces afloran en la idiosincrasia española? Porque si lo dicho por la portavoz parlamentaria refleja fielmente la posición de su partido, tendremos que concluir que el Partido Socialista ya no cree en el Estado de Derecho, en el cual corresponde al Estado el monopolio de la fuerza; tampoco cree en la jerarquía de las normas jurídicas, no acepta la Constitución española en su totalidad y está dispuesto a dejar al Gobierno sin los resortes necesarios para hacer cumplir la ley y defender el interés general de los ciudadanos españoles.

Frente al desafío de los secesionistas catalanes, de tintes más antidemocráticos y autoritarios cada día que pasa, Pedro Sánchez, el hombre dispuesto a empedrar el camino hacia el infierno con las mejores intenciones, propone diálogo. Y anuncia, en un brindis al sol absurdo, que si Rajoy no hace esa deseada oferta de diálogo él se pondrá al frente de la misma. Lo que parece no comprender el nuevo Secretario General del PSOE es que, tal como están las cosas, sólo caben dos salidas posibles: o el Estado español, con los resortes que las leyes y la Constitución ponen en sus manos, derrota a los secesionistas o los secesionistas derrotan al Estado español y se salen con la suya.

Por supuesto, la mejor salida para resolver este problema es un nuevo Estatuto de Autonomía para Cataluña. No sé si antes o después de una posible reforma constitucional, pero las fuerzas políticas que apoyan la secesión han ido demasiado lejos y entre sus opciones ya no está la de dar marcha atrás. De modo que no queda otra que aguantarles el pulso y derrotarles. Y una vez que esas fuerzas políticas acepten que habían escogido el camino equivocado, será el momento de sentarse en el Parlamento para negociar y debatir lo que haya que negociar y debatir.

El problema es que Sánchez cree que una vez desalojado Rajoy de la Moncloa y convertido él en el nuevo encargado de la decoración del palacio presidencial, todo irá como la seda y estaremos rozando la felicidad universal con la yema de los dedos. Yo también creía, cuando era muy joven y Franco sufría de tromboflebitis, que una vez llegada la democracia, todos los grandes problemas económicos, sociales y políticos se resolverían por la vía del diálogo, que prácticamente no haría falta ni policía porque la buena voluntad de todos haría que las soluciones más justas reluciesen y se impusiesen por sí solas, por su propio peso, como manzanas maduras alfombrando el suelo por la fuerza de la gravedad. Todo eso creía yo cuando era joven y ya ven dónde estamos.

Pero el nuevo PSOE de Pedro Sánchez no sólo se permite el lujo de jugar con fuego en el tema territorial, también se permite rechazar el tratado de libre comercio con Canadá, despreciando el ímprobo esfuerzo que sus propios representantes habían hecho en Bruselas; se permite votar que no al techo de gasto cuando tenemos un crecimiento del 3% y aun así seguimos con un déficit de más del 2% y una deuda pública que supera el 100% del PIB; se permite decir que subir las pensiones es de izquierdas. ¿También sería de izquierdas la necesaria subida de las cotizaciones que pagan quienes están en activo? Demasiados lujos, demasiado izquierdismo impostado. ¿Qué fue de aquel PSOE reformista que gobernó España durante más de 20 años? Volveremos a verlo, espero, pero no antes de que consiga llegar de nuevo a la Moncloa, objetivo que, al paso que vamos, puede quedar aplazado par las “calendas grecas”.

 

Santiago López Legarda experiodista de Radio Nacional de España

 

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