Las dos caras de un mismo discurso

En una carta remitida a ALCALÁ HOY, Sandra Holguín Becerra, exvocal del Distrito II por el PSOE, cuestiona la falta de comunicación personal tras su cese y vincula el episodio con su apoyo a unas primarias. La militante socialista contrapone ese silencio al agradecimiento público que, según relata, le dedicó Javier Rodríguez Palacios durante el pleno de octubre, y reclama coherencia, respeto a la discrepancia y democracia interna en el partido y en la política local.

Sandra en las fiestas del distrito II / Foto de Pedro Enrique Andarelli
  • Holguín relata que fue cesada sin aviso tras apoyar primarias y critica el contraste entre el silencio privado y el agradecimiento público.

Hay algo que debería preocuparnos mucho más que las diferencias políticas, y es la distancia que existe entre lo que algunos dirigentes dicen públicamente y lo que hacen cuando las cámaras se apagan.

En estos últimos años he ejercido como vocal del Distrito II de Alcalá de Henares en representación del PSOE. Lo hice desde el compromiso con mi ciudad, con mis vecinos y vecinas, y con unas siglas en cuyos valores sigo creyendo.

En todo ese tiempo no recibí ni una sola llamada, ni un mensaje, ni un correo electrónico del portavoz municipal, Javier Rodríguez Palacios, para trasladarme directrices, interesarse por mi trabajo o mantener el más mínimo contacto. Ni uno solo.

Sin embargo, mi decisión de apoyar, como parte de una mayoría de militantes socialistas de Alcalá, la celebración de unas primarias para elegir democráticamente a nuestro candidato a la Alcaldía parece haber tenido consecuencias.

Fui cesada de mi responsabilidad sin una llamada, sin una explicación y sin la más mínima comunicación personal. Simplemente, el silencio.

Y quiero dejar algo muy claro. Cuando supe que había sido cesada, no tenía intención de hacer ruido. No pensaba escribir estas líneas ni convertir una decisión interna en un debate público. Somos leales a nuestro partido, a sus principios y a su historia. Pero una cosa es la lealtad y otra muy distinta aceptar en silencio lo que una siente como una humillación. Porque lo verdaderamente sorprendente llegó después.

En este último pleno municipal del mes de octubre, el mismo portavoz (también candidato impuesto sin el apoyo de la militancia socialista complutense) que no había encontrado un minuto para comunicarme personalmente mi cese sí encontró tiempo, delante de todos y de las cámaras, para “agradecer” públicamente mi trabajo este tiempo.

Resulta difícil no detenerse ante semejante contradicción. Qué fácil parece agradecer delante de un micrófono lo que no se ha tenido la delicadeza de reconocer en privado. Y qué difícil resulta comprender que alguien pueda hablar públicamente de respeto, compañerismo y democracia mientras, en el día a día, prescinde de las formas más elementales de consideración hacia quienes simplemente piensan diferente.

Me dirijo a toda aquella persona que quiera entender que cuestiono las formas, la coherencia y esa doble manera de entender la política. Una para los discursos y otra para los hechos. Mi silencio era una elección. Convertirlo en aceptación de una humillación, no. Y es precisamente aquí donde mi experiencia deja de ser una cuestión personal.

Porque cuando alguien aspira a representar a toda una ciudad, resulta legítimo preguntarse cómo entiende el respeto, cómo gestiona la discrepancia y qué importancia concede a las personas cuando estas dejan de compartir sus decisiones. Especialmente cuando hablamos de una candidatura cuyo procedimiento de elección ha sido nulo, y cuestionado por quienes reclamábamos que la militancia pudiera expresarse en unas primarias.

Alcalá de Henares merece reflexionar sobre la distancia entre la imagen pública de quienes aspiran a gobernarla y su manera cotidiana de ejercer la responsabilidad política. No pretendo que mi experiencia individual determine el juicio sobre nadie. Pero sí creo que las pequeñas decisiones, los silencios y la forma de tratar a quienes discrepan son elementos que también merecen conocerse. Porque la credibilidad no se improvisa ante una cámara. Se construye cada día, especialmente cuando no hay nadie mirando.

Sigo creyendo en el socialismo, en la democracia interna y en una política donde discrepar no signifique dejar de merecer respeto. Y precisamente por eso he decidido hablar. No por mi cargo. No por una cuestión personal. Sino porque la lealtad a unas siglas nunca debería confundirse con la obligación de callar. La verdadera cara de un dirigente no siempre aparece cuando habla ante un pleno. A veces se descubre en aquello que decide no decir cuando nadie le está escuchando. Y quizá esa sea una reflexión que convenga tener presente cuando alguien aspira a asumir responsabilidades todavía mayores.

Sandra Holguín Becerra, Ex-vocal del Distrito II de Alcalá de Henares por el PSOE
Militante socialista

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