POR FIN, ELECCIONES | Por Santiago López

Santiago López Legarda, periodista alcalaíno con amplia trayectoria en medios nacionales, firma esta tribuna sobre el adelanto electoral y sus consecuencias. Repasa las razones que, a su juicio, explican la convocatoria, cuestiona las advertencias de la derecha sobre el voto por correo y critica la exclusión de electores residentes en el extranjero, la división de la izquierda y la falta de debate interno en el PSOE. Cierra con un deseo de suerte para la campaña.

Fotocomposición AH@
  • El autor analiza la convocatoria, las tensiones políticas y los desafíos democráticos que afrontan los partidos ante una cita con las urnas./strong>

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaíno que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

Defendíamos aquí, hace unos meses, la conveniencia de que Pedro Sánchez adelantara las elecciones a este otoño. La legislatura, según nuestro criterio, ya no daba más de sí y para el Partido Socialista habría sido una catástrofe seguir hasta el final con el empeño de Sánchez de agotar el mandato iniciado en 2023. De modo que al PSOE le convenía adelantar las generales y afrontar el más que probable voto de castigo en vez de arriesgarse a celebrar primero las municipales y autonómicas.

El desalojo brutal de una anciana de casi 90 años, unido a la derrota que sufrieron en el Congreso los decretos sobre vivienda aprobados por el Consejo de Ministros, le han servido en bandeja a Sánchez el escenario perfecto para adelantar las elecciones. El jefe del Gobierno ha demostrado una vez más que tiene un gran sentido de la oportunidad. Algunos dirán o le acusarán de oportunista, pero lo cierto es que convocar a las urnas es una competencia suya en exclusiva y la ejerce cuando mejor le parece.

La legislatura iniciada a trancas y barrancas en 2023 ha sido una de las más crispadas en nuestro medio siglo de democracia. Quizá no debió empezar nunca, porque se sabía de antemano que alguno de los socios con los que Sánchez tendría que armar la mayoría parlamentaria no era de fiar. La votación sobre los últimos decretos vino a demostrarlo fehacientemente. Y dadas la tensión y la polarización crecientes, casi llegó un momento en que la llamada a las urnas se había convertido en un asunto de salud pública. Esa es una de las grandes virtudes de la democracia: cuando no parece haber salida se vuelven a contar los votos de los ciudadanos y, como por arte de magia, nos encontramos ante un nuevo comienzo, una renovación a fondo de las expectativas o los deseos que cada uno podemos tener para el futuro del país.

Una de las cosas más sorprendentes que ocurrieron nada más saberse que había adelanto electoral fue que los más destacados líderes de la derecha les dijeron a los ciudadanos que ni se les ocurriera votar por correo. La peregrina explicación que ofrecieron es que “se fían de los trabajadores de Correos, pero no de sus directivos”. ¿Acaso sospechan que los directivos dedicarán sus horas a ir abriendo sobre por sobre para cambiar el voto ciudadano? ¿O estaban más bien copiando las triquiñuelas de Donald Trump para poder hablar de fraude en caso de que la victoria que esperan no se produjera? Hablo de poder hablar, pero en ningún caso de poder probar, porque lo cierto es que la manipulación del voto por correo es prácticamente imposible, igual de imposible que la manipulación del voto presencial.

Llamativa y sorprendente ha sido también la decisión del Supremo sobre el voto de los ciudadanos residentes en el extranjero que adquirieron la nacionalidad española al amparo de la llamada “ley de nietos”. Decisión que ha generado un embrollo jurídico de grandes proporciones. ¿Cómo explicar que ciudadanos tan españoles como el que más, que pudieron votar sin problema en las elecciones de 2023, ahora verán negado su derecho fundamental al sufragio? ¿Cómo no sospechar que en las altas instancias de la judicatura española hay personas con fuertes simpatías hacia las estrategias de los partidos y las asociaciones de derecha y extrema derecha? Simpatías que no se quedan en el ámbito privado a fin de no contaminar la sagrada presunción de imparcialidad, sino que se ejercen de modo más o menos descarado.

Si algunas cosas resultan chocantes, hay otras que resultan decepcionantes e incomprensibles. Véase el espectáculo lamentable ofrecido por las fuerzas políticas situadas a la izquierda del Partido Socialista. La ceguera es tal que prefieren la divisón, aun sabiendo que tal cosa equivale al suicidio. Como aquel que decía quédeme yo tuerto con tal de que mi enemigo se quede ciego.

Tampoco resulta estimulante ni esperanzadora la unanimidad o falta de debate interno en el principal partido de la izquierda. Al parecer la Ejecutiva Federal y el Comité Federal han quedado reducidos a la única función de aplaudir lo que diga el líder. ¿Hacia qué tipo de democracia vamos? Demasiado cesarismo, demasiado presidencialismo, ausencia total de debate interno en unas organizaciones que están llamadas por la Constitución para canalizar la participación política de los ciudadanos. A este paso, la sucesión de los liderazgos se producirá más o menos como se producía la sucesión de los emperadores romanos.

Bueno, queridos lectores de Alcalá Hoy, por fin elecciones. Para demostrar lo equivocados que estaban algunos acusando a Sánchez, ni más ni menos, que de ser un dictador bolivariano. Y para demostrar que Sánchez es un jefe del Gobierno democrático y legítimo que ejerce sus funciones de acuerdo con las prerrogativas que la Constitución le otorga. Y desde una visión laica de la vida, les digo lo que dicen los toreros en el patio de cuadrillas: que Dios reparta suerte.

¡ Nuestro canal en Telegram! Si te ha interesado esta información, únete ahora a nuestro canal de telegram @alcalahoy para estar al tanto de nuestras noticias.

Comentar

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.