
Blanca Ibarra denuncia que más de 1.400 mujeres esperan una mamografía en el Hospital de Alcalá mientras la alcaldesa Judith Piquet guarda silencio.
La crisis de los cribados de cáncer de mama no es solo andaluza.
Hace unos días denuncié la situación de Alcalá de Henares y la que se avecina si no se soluciona de forma urgente
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— Blanca Ibarra (@bimmr90) November 2, 2025
Hay cifras que deberían hacer saltar todas las alarmas. No solo por su tamaño, sino por la gravedad de lo que esconden. En el Hospital Universitario Príncipe de Asturias, nuestro hospital, hay hoy 1.413 mujeres esperando una mamografía. Tal vez, por un minuto, en lugar de pensar en ello como un simple número, convendría hacer el ejercicio de ponerles rostro. Mujeres de Alcalá de Henares que viven con la angustia de no saber si tienen o no un cáncer de mama. Mujeres que deberían estar siendo atendidas como corresponde, y no aparcadas en una lista que no deja de crecer cada día que pasa.
Es difícil comprender del todo la dimensión de este hecho si no se compara con lo que ocurre en otros hospitales. Cuando se hace, la magnitud del problema habla por sí sola. En el Gregorio Marañón, uno de los hospitales de referencia de Madrid, hay 219 mujeres en espera. En el 12 de Octubre, 203. En el Ramón y Cajal, 189. Todos ellos centros mucho más grandes que el de Alcalá de Henares, y con listas de espera mucho más pequeñas. En el vecino hospital privatizado de Torrejón de Ardoz, tan solo 141 mujeres esperan su prueba. Ahora volvamos a Alcalá y repitamos la cifra: 1.413 mujeres esperando una mamografía.
¿De dónde salen estos datos? De la propia Comunidad de Madrid, que ya no ha podido ocultarlos más. La nuestra es la peor lista de toda la región y, aun así, aquí nadie hace nada. Nadie levanta la voz, nadie asume responsabilidades, nadie se da por aludido.
Desde el Gobierno municipal del Partido Popular y Vox insisten en que el problema no está en Alcalá, que aquí todo funciona de maravilla y que el programa de cribado es “estupendo”. Es habitual ver a los concejales del gobierno leer el papelito que les pasa su partido sin entender muy bien lo que están diciendo. Porque defender que tienes un programa de cribado ejemplar y, al mismo tiempo, acumular la mayor lista de espera de toda la Comunidad de Madrid, es no entender ni lo que lees.
Para eso ha quedado el Gobierno municipal de esta ciudad: para leer papeles y desentenderse de la ciudadanía. En este caso, de las mujeres. Pues habrá que repetirlo despacito: en Alcalá hay más mujeres esperando una mamografía que en los cuatro grandes hospitales de Madrid juntos.
Y mientras tanto, nuestra alcaldesa, Judith Piquet, callada. Callada, no vaya a ser que la fulminen desde las filas de su propio partido si se le ocurre hablar. Calla ante la Consejería, calla ante la injusticia y calla ante 1.400 mujeres de su ciudad que esperan una prueba que puede salvarles —o costarles— la vida.
Lo que está ocurriendo en Alcalá se parece demasiado a lo que ya vivimos en Andalucía, cuando el retraso en los resultados de 2.000 mamografías desató una crisis sanitaria. Allí fueron 2.000 mujeres en toda la comunidad autónoma. Aquí, casi esa cifra solo en un hospital.
Y duele aún más cuando quienes deberían dar la cara eligen esconderse detrás de su mayoría, pasar el rodillo y a otra cosa. Porque cuando hay vidas en juego, refugiarse en las siglas o en el argumentario de partido es sencillamente intolerable. Hablamos de salud pública, de mujeres reales, de madres, hijas y abuelas que merecen algo más que el silencio institucional. Lo mínimo que se espera de una alcaldesa es que levante la voz por su ciudad, aunque eso incomode a su partido.
Porque Judith Piquet prefiere no molestar. Prefiere el circo cuando toca hacer seguidismo a la lideresa Ayuso, pero perfil bajo cuando toca preocuparse de la ciudad. Y lo hace con la frialdad de quien confunde lealtad partidista con sumisión. En cada pleno lo vemos: cómo tolera insultos, comentarios machistas y descalificaciones sin mover un dedo, sin una palabra para frenar el desprecio. Al contrario, lo normaliza, lo permite y a veces hasta lo celebra con una sonrisa cómplice a su bancada. Claro, si lo único que esperas es que te coloquen dentro del partido —porque ya todo el mundo ha visto que el cargo de alcaldesa te queda grande—, entonces se entiende mejor por qué no te importa ni un ápice lo que le pasa a tu gente.
Y así estamos: con 1.400 mujeres esperando una mamografía y un Gobierno local más pendiente de agradar a Madrid que de defender a sus vecinas. Mientras unas esperan una llamada que puede cambiarles la vida, otras siguen instaladas en la complacencia, en el postureo y en el silencio. No hay gestión, no hay empatía, no hay liderazgo.
Y en un tema tan grave como este, el silencio no es neutral.
*Blanca Ibarra Morueco, Concejala del Partido Socialista de Alcalá de Henares
















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