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Más de 250 Vespas recorrieron la Alcarria en la décima edición de Vespalcalá, culminada con premios y recepción oficial en Alcalá.
- Crónica gráfica y vídeo de Myriam Trujillo y Pedro Enrique para ALCALÁ HOY
Alcalá de Henares volvió a convertirse este fin de semana en capital scooterista con la décima edición de Vespalcalá, que reunió a más de 250 participantes llegados de toda España. El rugido metálico de las míticas máquinas italianas, el olor a gasolina y la estética inconfundible de la Vespa invadieron el casco histórico en un evento que ya es tradición en la ciudad complutense.
La cita, organizada por el Vespa Club Alcalá de Henares, arrancó el viernes 12 de septiembre con la clásica pinchada de barril en la Plaza de los Irlandeses, donde el bar Las Retintas volvió a ejercer de cuartel general. Desde allí se dio paso a un fin de semana de convivencia, gasolina y cromados, que culminó el sábado con la gran ruta por la Alcarria madrileña y la entrega de premios.
Hermandad en Las Retintas: cerveza, migas y hierro
Como manda la liturgia de Vespalcalá, la víspera fue de reencuentros, anécdotas y buena mesa. El barril pinchado, el jamón cortado a cuchillo y las tradicionales migas fueron el mejor acompañamiento para el arranque de la décima edición. Allí estaban los rostros más reconocibles del club: ‘Cacho’, presidente y motor de la organización, acompañado de Carlos, el inseparable maestro de ceremonias de la entrega de galardones.
Entre brindis y abrazos, el carismático David Sánchez ‘Zeta’, gerente de Las Retintas, sorprendió a todos con su novedosa Vespacar, un híbrido de cuatro ruedas que arrancó sonrisas y curiosidad a partes iguales. No faltaron las charlas técnicas sobre carburadores, restauraciones imposibles y viajes interminables en Vespa, esas conversaciones que solo entienden los iniciados en la religión scooterista.
El ambiente en la plaza fue de camaradería absoluta, con participantes que iban llegando desde distintos rincones de España para inscribirse en el evento. La inscripción oficial se cerró el sábado en la Plaza de Cervantes, pero el viernes ya se respiraba la sensación de que esta edición iba a ser de récord.
Una ruta de 80 kilómetros con acento internacional
La mañana del sábado, el casco histórico se despertó con un rugido metálico: más de 250 Vespas ocuparon la Plaza de Cervantes, convertida en museo rodante al aire libre. Los modelos de los años 60 y 70 convivieron con restauraciones recientes y con máquinas impecables venidas desde Cuenca, Murcia, Sabadell, Valencia, Castellón o Cantabria. Tampoco faltaron clubes de la Comunidad de Madrid, con representación de Santorcaz, Miraflores de la Sierra, Colmenar Viejo, Villaconejos y, por supuesto, la capital.
Entre los participantes destacó un simpático vesperista italiano, residente en Francia, que se convirtió en una de las anécdotas de la jornada. Con su acento mezcla de latín y galo, explicó que llevaba años siguiendo Vespalcalá a través de las redes y que esta vez no quiso perderse la cita. Su presencia fue un símbolo del carácter internacional que va adquiriendo el evento, que ya trasciende fronteras.
A las 11:00 en punto, la caravana arrancó desde la Plaza de Cervantes para completar una ruta de 80 kilómetros por la Alcarria madrileña: Villalbilla, Valverde, Nuevo Baztán, Olmeda de las Fuentes, Ambite, Villar del Olmo, Pozuelo del Rey, Torres de la Alameda y, finalmente, la subida por Los Hueros hasta coronar el Gurugú. Entre conversaciones de motor y planes de ruta, no faltaron las preguntas prácticas sobre gasolineras para repostar, detalle siempre vital en cualquier salida larga, compartiendo consejos entre veteranos y debutantes.
Fue una ruta pensada para disfrutar del paisaje y del rugido inconfundible del motor de dos tiempos, con vecinos y curiosos saludando al paso de la colorida serpiente scooterista. El convoy, perfectamente escoltado por la Policía Local, convirtió las carreteras secundarias en una auténtica pasarela de hierro y camaradería.
Regreso, premios y futuro de una tradición
Al filo de las 14:00, tras casi tres horas de carretera, las Vespas fueron llegando en grupos a la Plaza de los Irlandeses, donde aguardaban familiares, vecinos y curiosos. Allí, la alcaldesa Judith Piquet, acompañada por la concejala de Turismo Isabel Ruiz y la edil socialista María Aranguren, recibió oficialmente a los participantes, felicitándolos por el éxito de la edición. La escena era de postal: decenas de scooters alineadas, cromados brillando bajo el sol de septiembre y un público que se mezclaba con los moteros para fotografiar cada detalle.
La entrega de premios puso el broche final. Se reconoció, entre otros muchos, a la Vespa más bonita de la concentración, a la mejor restaurada y a los clubes más fieles. Hubo menciones especiales y una rifa que mantuvo la expectación hasta el último momento. El maestro de ceremonias, Carlos, volvió a sacar sonrisas con su tono distendido, mientras el presidente ‘Cacho’ agradecía la presencia de todos y subrayaba la importancia de mantener viva la tradición.
La organización quiso destacar también la labor de la Policía Local y de la Concejalía de Turismo, cuyo apoyo ha permitido que Vespalcalá crezca en seguridad y logística. La alcaldesa Piquet, presente en el acto, no dudó en felicitar al Vespa Club Alcalá por consolidar un evento que, diez años después, se ha convertido en cita obligada del calendario local.
Más allá de los premios, lo que quedó en la retina fue la convivencia: participantes de distintas generaciones, desde veteranos con más de 40 años de experiencia a jóvenes que debutaban con sus primeras restauraciones, compartiendo pasión y anécdotas. El simpático vesperista italo-francés se despedía con un ¡Viva España!, y la promesa de volver con la convicción de haber encontrado una gran familia sobre ruedas.
Diez ediciones después, Vespalcalá es ya patrimonio sentimental de Alcalá de Henares. Una cita que combina motor, cultura popular y turismo, capaz de atraer a cientos de visitantes y de situar a la ciudad en el mapa del scooterismo nacional. Y lo mejor, como coincidían muchos asistentes, es que el futuro de esta hermandad sobre dos ruedas parece asegurado: “Mientras haya hierro, gasolina y ganas de rodar, Vespalcalá seguirá rugiendo cada septiembre”.





















