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Un aviso vecinal permitió la rápida intervención de Policía Local y Policía Nacional en la calle Gran Canal, evitando que el fuego fuera a más.
La madrugada del sábado dejó más humo del habitual en la calle Gran Canal. En torno a las 2:00 un contenedor ardía con peligro para varios vehículos aparcados. La llamada de un vecino encendió la maquinaria policial: en menos de un minuto una patrulla de la Policía Local y otra de la Policía Nacional estaban en el lugar. El fuego se sofocó y, acto seguido, se detuvo a un hombre de origen magrebí como presunto autor de los hechos. En sus bolsillos llevaba tres mecheros sin mucha explicación.
En la nota oficial, el acento no está tanto en el incendio o en los coches que podían haber ardido, sino en el “origen magrebí” del arrestado. Del otro individuo localizado, cuya descripción coincidía con la facilitada por los testigos, nada se dice. Y es ahí donde se nota el subrayado: más que la nacionalidad —que podría ser española— lo importante era fijar la etiqueta.
Entre el parte y el mitin
La concejala de Seguridad, Orlena de Miguel, salió rauda a poner voz al parte policial: “Excelente trabajo de coordinación entre Policía Local y Policía Nacional, cuya actuación decidida ha evitado un mal mayor”. Nada que objetar: rapidez, eficacia y colaboración ciudadana.
Sin embargo, unas líneas más abajo el comunicado giraba de tono. “La seguridad de nuestros vecinos es una prioridad absoluta y habrá tolerancia cero con los actos vandálicos… Y quien delinque, sea cual sea su origen, se va a encontrar de frente con este Gobierno y con las Fuerzas de Seguridad.” Ahí ya entramos en modo mano dura, con resonancias de mitin: al que cumple, mano tendida; al que se sale del tiesto, mano firme. Una declaración que busca sonar contundente aunque, vista desde fuera, parezca más un eslogan electoral que un parte policial.
La insistencia en el origen del detenido, seguida del recordatorio de que “da igual de dónde seas”, remata el efecto buscado: subrayar la procedencia mientras se proclama que no importa. Una pirueta retórica que revela más del discurso político que del propio suceso.
Los datos que no se cuentan
Lo curioso es que, mientras se habla de “prioridad absoluta” y “tolerancia cero”, los datos oficiales del Ministerio del Interior pintan un cuadro menos dramático. En el primer trimestre de 2025 Alcalá registró 2.497 delitos, un 4 % más que el año anterior, en buena parte por ciberdelitos. En el segundo trimestre el aumento total fue solo del 1,8 %, con descensos notables en robos violentos (-42 %) y robos en domicilios (-1,3 %).
Según el delegado del Gobierno, la criminalidad en Alcalá se mantiene nueve puntos por debajo de la media regional, pese a episodios de tensión relacionados con el centro de acogida de menores. O dicho de otro modo: Alcalá no es ninguna Arcadia feliz, pero tampoco la jungla que algunos discursos quieren pintar. Los contenedores arden, sí; lo que arde aún más rápido es la narrativa que acompaña a cada suceso.
La concejala insistió también en que “la diferencia entre tener más agentes en la calle y no tenerlos es precisamente la rapidez de la respuesta”. Y aquí conviene admitir que en este caso la respuesta fue ejemplar: la patrulla estaba a menos de un minuto del fuego y la detención se produjo sin más daños que un contenedor calcinado. El debate, más que en la eficacia de los agentes, se sitúa en cómo se cuenta y se amplifica lo sucedido.
El equipo de Gobierno que lidera Judith Piquet, referencia obligada a la jefa, remató el comunicado con la ya conocida consigna: con los vecinos que cumplen, mano tendida; con los que delinquen, mano firme. Una fórmula que resume en pocas palabras su línea de acción en materia de seguridad, aunque los números revelen una ciudad bastante más tranquila que el tono elegido.
Narrativa encendida
El detenido ya está en dependencias policiales y el contenedor espera sustituto en la calle Gran Canal. Los vecinos podrán dormir tranquilos sabiendo que la coordinación policial funcionó. Lo que queda en el aire es la pregunta de siempre: ¿por qué se destacan algunos datos,el origen del sospechoso. y se silencian otros, como las estadísticas que rebajan la alarma?
En Alcalá, un contenedor ardiendo se apaga en minutos. El incendio narrativo, en cambio, puede durar mucho más. Porque aquí, a menudo, lo que se debate no es tanto lo que pasa como cómo se cuenta. Y en ese terreno, la seguridad es también un relato en disputa.
















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Y ¿dónde está el problema en decir que era MAGREBÍ? ¿por qué tenemos que callar la verdad y callar la nacionalidad del infractor? Ya está bien de tanto buenismo woke.
El problema es que para ellos sólo es un problema si el delincuente es magrebí.
Un puto moro qué coño. Otro más. Y la mierda que nos va a quedar. Hasta los cojones ya
No hay ninguna narrativa, es la pura realidad y qué pasa si se dice el orige, dónde está el problema? Vale ya de demagogia.
Que vergüenza de comentarios, que vergüenza de comentaristas y que vergüenza de moderación en este medio.
No es por nada pero eso de q solo hubo daños a un contenedor discrepo. Que el coche que estaba al lado aparcado era mío y quedó calcinado! Por no ser por la policía el barrio explota entero si no me lo llegan a retirar a tiempo.