Libertad, ¿ Y autodeteminación también? | Por Santiago López Legarda

Como jubilado libre y españolazo que soy, salgo a pasear y vigilar el avance de las obras municipales. Y me encuentro con unas marquesinas decoradas con grandes carteles en los que una mujer joven y guapa reclama libertad. Y me pregunto si esta mujer hacía novillos cuando en la facultad tocaba historia de España. Nuestro país es una democracia defectuosa pero plena desde hace casi 44 años.

Foto tuiteada por Díaz Ayuso
  • Como diría Mariano Rajoy, es metafísicamente imposible que Madrid se separe de España.

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaino que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

Pero yo estoy muy asombrado por el enorme parecido que encuentro entre las actitudes y el discurso de nuestra Presidenta regional y las actitudes y el discurso que vienen exhibiendo los nacionalistas catalanes. Los dirigentes y votantes populares, con su amor tan ciego por la libertad, parecen no haber caído en este detalle. Según Díaz Ayuso, a los madrileños nos iría mejor, prosperaríamos más y seríamos más felices si no tuviéramos sobre nosotros la férula coercitiva del Gobierno central. Eso mismo es lo que se les hizo creer a los catalanes que votaron sí a la independencia.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. EFE

Recordemos, para situar las cosas en su contexto, que en 2012 el entonces Presidente de la Generalitat viajó a Madrid para entrevistarse en la Moncloa con el Presidente del Gobierno. La pretensión de Mas era establecer un “blindaje” fiscal para Cataluña siguiendo el modelo del Concierto vasco. Cuando Rajoy dijo que eso no era posible, Mas se levantó de la mesa con esta amenaza: pues atente a las consecuencias. Y se lanzó a una fuga hacia delante que desembocó en el referéndum ilegal de octubre de 2017. Casi diez años después de aquella entrevista, la Presidenta de Madrid sitúa entre sus objetivos la aprobación en la Asamblea de Vallecas de una ley que “blinde” el modelo fiscal de Madrid, por encima de lo que puedan decir las leyes que se aprueben en el Congreso de los Diputados y el Senado. Díaz Ayuso no supo responder la otra noche a algunas preguntas sobre la pandemia y las listas de espera. ¿Sabría decirnos si la soberanía nacional reside en el pueblo español o en los madrileños que tanto la aman y jalean? A lo mejor ha decidido aplicar a su Gobierno aquella divisa que en tiempos se atribuían a sí mismos los nacionalistas vascos: se acata, pero no se cumple.

Entre las cosas malas que tiene Madrid es que aquí no hay playa, como decía aquella canción rockera del grupo The Refrescos. No somos tampoco una región rica, si nos comparamos por ejemplo con Hamburgo, junto al Mar del Norte. Pero sí somos una región rica en comparación con los otros territorios de España. Díaz Ayuso es lista y por eso no se atreve todavía a decir España nos roba. Pero sí dice que hay un Gobierno central que “quiere acabar con nuestro modelo de sociedad”. ¿Y en qué consiste ese modelo? Básicamente, en aprovechar a fondo las ventajas que la capitalidad otorga a Madrid, en favorecer fiscalmente a los más ricos haciendo competencia desleal al resto de regiones y en deteriorar poco a poco servicios públicos esenciales, como la sanidad y la educación, para que los ciudadanos que puedan permitírselo contraten un seguro médico o lleven a sus hijos a los colegios privados.

Como jubilado libre y españolazo que soy, salgo a pasear y vigilar el avance de las obras municipales. Y me encuentro con unas marquesinas decoradas con grandes carteles en los que una mujer joven y guapa reclama libertad. Y me pregunto si esta mujer hacía novillos cuando en la facultad tocaba historia de España. Nuestro país es una democracia defectuosa pero plena desde hace casi 44 años. Igual de plena y defectuosa, más o menos, que el resto de democracias que conocemos. Así que el cartel de Ayuso se me antoja tan anacrónico como si saliéramos ahora a gritar dictadura no, democracia sí. Porque la dictadura, que era la que en verdad prohibía todas las libertades democráticas, comenzó a quedar atrás cuando el Dictador pasó a mejor vida.

Carteles anacrónicos, sí, pero igualitos a los que podría firmar un ciudadano llamado Carles Puigdemon, que decidió poner pies en polvorosa con el argumento de que España no es una democracia y aquí no hay libertad para defender según qué ideas políticas. Y lo peor es que Casado ha invitado todos los gobiernos regionales del PP a imitar el discurso y las actitudes de Ayuso. Solo les falta proclamar el sacrosanto derecho a la autodeterminación frente a la amenaza social-comunista instalada en la Moncloa por el resto de España.

 

 

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