Mientras España mira a Sol, Cuatro mira a Ayuso | Por Pedro Enrique Andarelli

Pedro Enrique Andarelli contrapone en esta tribuna dos imágenes de una misma España: la de Isabel Díaz Ayuso batiendo récords de audiencia en Horizonte y la de quienes protestan en la calle por la vivienda. Entre ambas, un Congreso que ha tumbado dos decretos del Gobierno y una legislatura cada vez más pendiente de su aritmética. Con sarcasmo, televisión y política, el director de ALCALÁ HOY se pregunta si ha llegado la hora de las urnas.

Fotocomposición AH@
  • Entre platós, decretos derrotados y protestas por la vivienda, Pedro Enrique Andarelli analiza una legislatura atrapada en su propia aritmética parlamentaria.
Pedro Enrque Andarelli, Director de ALCALÁ HOY

Hay noches en las que un país se parte en dos pantallas y ninguna de las dos miente del todo. El jueves, a la hora en que la Puerta del Sol ya olía a tienda de campaña, a orina y a ultimátum, Isabel Díaz Ayuso se sentó en Horizonte, o en Horizontes, que a estas alturas el plural le sienta mejor, para explicar que se nos ha colado un dictador, que vuelve el 36 y que nos gobierna la mafia. Al otro lado del cristal, la calle seguía donde estaba. El plató, no.

La condujeron Iker Jiménez y Carmen Porter, presentadores de gesto fúnebre y repregunta escasa, como si el misterio de la semana no fuera un desahucio, dos decretos de vivienda o una acampada en el kilómetro cero, sino la propia presidenta de Madrid. Casi cincuenta minutos y 1.885.000 espectadores, un 15,5 por ciento de cuota. Récord para la entrevista y noche histórica para el programa. La televisión había encontrado su fenómeno.

Y alrededor del fenómeno, Eduardo Inda, convenientemente regado de fenomenología ayusista, explicando una vez más que estamos ante una dirigente de magnitudes políticas difícilmente comparables. Fenómeno, desde luego. De televisión, indiscutiblemente. Lo demás, como casi todo en democracia, se comprueba mejor contando votos que contando tertulianos. Y hoy viernes el Congreso ha hecho precisamente lo que Horizonte no tenía por qué hacer: votar.

Han caído los dos decretos de vivienda. El primero, por 172 votos a favor frente a 178 en contra. El segundo, el de la renovación automática de los contratos de alquiler, que ha durado en vigor lo que un suspiro mal cobrado, por 166 frente a 184. PP, Vox y Junts votaron contra ambos. En el segundo se sumaron también PNV y Coalición Canaria.

Junts ya había avisado mientras Ayuso ocupaba el plató y la presidenta madrileña habló de juego de trileros. No le faltaba olfato para detectar el truco. Quizá le faltó añadir que en esta legislatura la bolita lleva meses pasando de vaso en vaso y que todos los que sostienen, negocian, bloquean o intentan derribar la mayoría saben perfectamente dónde está. Otra cosa es que les interese decirlo.

Mientras tanto, el Sindicato de Inquilinas mantiene la movilización y habla abiertamente de avanzar hacia una huelga general por la vivienda. Este fin de semana las protestas vuelven a las calles de numerosas ciudades. En Madrid, las columnas caminarán hacia Cibeles.

Eso es lo que hay fuera mientras dentro de los platós se discute si Sánchez es Nerón, Maduro o el último dictador llegado a Europa, o si Ayuso debería cambiar la Puerta del Sol por la Moncloa sin pasar siquiera por la casilla de salida. Las dos conversaciones existen. Solo una duerme al raso.

Y ahora llega el fin de semana de la reflexión. Sánchez decide qué hace con una legislatura cuya aritmética parlamentaria convierte cada votación en una sesión de espiritismo. Las tertulias, naturalmente, ya han decidido por él. Cada una tiene su urna, su candidato y hasta su escrutinio antes de que nadie haya convocado elecciones.

Unos quieren el adelanto para echarlo. Otros temen el adelanto porque quizá se les escape el relato. Y en Horizonte —perdón, en Horizontes— algunos parecen haber descubierto en Ayuso la maldad pura al revés: la salvación pura. Cada cual necesita su fantasma del 36. Da audiencia, evita matices y permite llegar a publicidad sin explicar demasiado.

Pero aquí la cuestión es otra, y conviene decirla antes de que el domingo nos deje a todos con cara de tertuliano que acertó ayer lo contrario de lo que sucede mañana. No se trata de premiar a quien haya interpretado mejor el apocalipsis en Cuatro. Se trata de comprobar si esta legislatura conserva capacidad política para legislar. Porque gobernar a golpe de decreto para negociar después su supervivencia parlamentaria empieza a parecerse demasiado a escribir en arena durante la marea alta.

El Gobierno anunció que esta sería la legislatura de la vivienda y llega a octubre viendo cómo el Congreso derriba en unas horas dos de sus principales respuestas a la crisis. La oposición los tumba, pero tampoco por eso aparece mágicamente una casa asequible detrás de cada voto negativo. Y los socios deciden cada semana si son socios, adversarios o ambas cosas antes de comer. Mientras tanto, la calle ha dejado de esperar al BOE. Espera al sábado.

Por eso la ventana electoral está abierta. No porque Ayuso haya ganado la noche, ni porque Inda haya descubierto un nuevo fenómeno de la naturaleza, ni porque Iker Jiménez haya resuelto misterio alguno. Está abierta porque el desencuentro entre las Cortes y uno de los problemas que más angustian a los ciudadanos acaba de exhibirse en público, con marcador electrónico incluido.

Seguir así tiene también un precio: decreto efímero, negociación agónica, derrota parlamentaria y vuelta a empezar. Una especie de Día de la Marmota constitucional en el que cada miércoles parece decisivo y cada viernes descubrimos que tampoco lo era.

Adelantar las elecciones no garantiza una política de vivienda. Las urnas no construyen pisos, no bajan por decreto el alquiler ni convierten a un fondo de inversión en las Hermanitas de los Pobres. Pero obligan a todos a salir del escondite parlamentario y explicar qué quieren hacer con un problema que ya no cabe debajo de la alfombra del Congreso.

Que PP y Vox expliquen su alternativa. Que Junts explique sus condiciones. Que el PNV explique sus límites. Que la izquierda explique cómo piensa gobernar si cada decreto necesita una oposición distinta. Y que Sánchez explique si todavía dispone de una mayoría política o solamente de una colección de números que algunos días suma. Eso, al menos, sería una conversación reconocible.

El domingo puede chasquearnos. Sánchez puede llamar reflexión a lo que sea espera y espera a lo que quizá sea cálculo. Puede decidir seguir. Puede decidir que no. Y el lunes tendremos decenas de expertos explicándonos por qué era inevitable exactamente aquello que el viernes aseguraban que jamás ocurriría. Es una de las grandes ventajas del tertuliano sobre el periodista: nunca tiene que pedir una fe de erratas.

Pero un periódico local, que contempla Madrid desde Alcalá y no desde el decorado de Cuatro, no está obligado a hacer de coro. La gente no ha perdido la chaveta, como se dijo en el plató. Ha perdido alquileres, paciencia y, en demasiados casos, la confianza en que un jueves de televisión pueda arreglar un viernes de Congreso. Mañana miren a Sol. El Horizonte, con o sin ese, ya tuvo su audiencia.

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