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Monumentos, museos, calles y plazas se llenaron de visitantes durante dos jornadas que convirtieron el patrimonio complutense en un gran escenario cultural.
- Fotos del Ayuntamiento
Las Noches del Patrimonio han vuelto a demostrar este fin de semana que la historia de Alcalá de Henares no necesita quedarse encerrada detrás de una vitrina. Durante los días 11 y 12 de septiembre, monumentos, museos, calles y plazas del casco histórico prolongaron su actividad y se convirtieron en escenarios para la música, el teatro, la danza, las visitas guiadas, la artesanía y las propuestas familiares.
Y el público respondió. Alcalaínos y visitantes aprovecharon una programación que permite acercarse al patrimonio de una manera distinta, especialmente cuando cae la noche y la ciudad histórica adquiere esa escenografía que Alcalá tiene de serie y que no necesita demasiados artificios.
El concejal de Cultura, Santiago Alonso, ha destacado precisamente “la respuesta del público y la participación ciudadana” como uno de los principales éxitos de esta edición, que, a juicio del edil, permite consolidar Las Noches del Patrimonio entre las grandes citas culturales del calendario complutense.
Alonso ha subrayado también la transformación que supone utilizar los edificios históricos como algo más que lugares para contemplar. “El patrimonio complutense ha salido de su condición de mero espacio histórico para convertirse en un patrimonio vivo, accesible y compartido”, ha señalado, destacando su capacidad para albergar propuestas artísticas y generar nuevas experiencias tanto para vecinos como para visitantes.
El patrimonio se queda despierto
Uno de los grandes atractivos volvió a ser el programa Abierto Patrimonio, que permitió acceder gratuitamente a diferentes espacios y, en algunos casos, hacerlo hasta la medianoche. La Oficina de Turismo-Capilla del Oidor, el Museo Casa Natal de Cervantes y el Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid se sumaron a enclaves como la Torre de Santa María, Complutum, la Casa de Hyppolitus o el Antiquarium.
Las visitas guiadas pusieron también movimiento a la historia. Rutas y Leyendas de Alcalá, Alcalá y San Ignacio de Loyola y Descubre Alcalá de noche ofrecieron diferentes maneras de recorrer la ciudad y descubrir episodios, personajes y rincones que adquieren otra dimensión cuando desaparece el tráfico del día y las piedras empiezan, metafóricamente, a hablar un poco más alto.
Pero Las Noches del Patrimonio no se limitaron a abrir puertas. Las Ruinas de Santa María acogieron el concierto de la Schola Cantorum de Alcalá de Henares, dedicado a conocidas bandas sonoras cinematográficas, y también la representación de Hippolytus y Laetitia, del Teatro Independiente Alcalaíno. El Hospital de Antezana, la Capilla de San Ildefonso y otros espacios históricos completaron el recorrido musical.
La actividad saltó igualmente a calles y plazas. El espectáculo Drak Flama, de Teatrapo Producciones, y el pasacalles de la Banda Sinfónica Complutense añadieron ambiente a un centro histórico que durante el fin de semana tuvo pocas oportunidades para aburrirse. A ello se sumó la XI edición de VespAlcalá, con su particular museo sobre dos ruedas instalado en plena plaza de Cervantes.
Una ciudad histórica para vivirla
Otro de los aciertos de la programación fue no plantear el patrimonio exclusivamente para especialistas o aficionados a la historia. El Antiguo Hospital de Santa María la Rica acogió narración oral, danza contemporánea y el Taller Danza en Familia, además de El patrimonio de Alcalá entre moldes y barro, una propuesta artesanal para acercarse de manera práctica y participativa a la herencia complutense.
La programación de Escena Patrimonio puso otro de los broches culturales en el Corral de Comedias, donde Cienfuegosdanza llevó a escena las dos piezas de Emigradas, incorporando la danza contemporánea a un escenario con siglos de historia a sus espaldas.
El resultado deja una idea bastante clara: Las Noches del Patrimonio van encontrando su sitio propio en el calendario cultural de Alcalá. La fórmula funciona porque aprovecha precisamente aquello que diferencia a la ciudad de muchas otras: un patrimonio excepcional que puede contemplarse, naturalmente, pero que gana todavía más cuando se llena de música, actores, bailarines, familias y visitantes.
Porque conservar el patrimonio es imprescindible. Pero conseguir que los ciudadanos quieran entrar, recorrerlo y disfrutarlo es probablemente una de las mejores maneras de garantizar que siga vivo.

















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