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David Cobo homenajea a Dori Corral, histórica militante comunista, cristiana comprometida y querida «Abuela de los Mojitos» de las Ferias complutenses.
- David Cobo García es miembro del Centro Social 13 Rosas, Militante del PCE y coordinador de IU Alcalá de Henares.
El Centro Social 13 Rosas homenajeó a la recientemente fallecida Dori Corral, “La Abuela de los Mojitos”. El último sábado de Ferias, en su caseta, todos los asistentes brindaron por su recuerdo. Por una mujer que durante cerca de 50 años estuvo repartiendo alegría en Ferias.
Dori nos dejó el viernes 27 de marzo, en puertas de la Semana Santa, y todos los medios locales se hicieron eco de su fallecimiento. Dori era muy conocida y querida en Alcalá de Henares, muchos la recordarán como “La Abuela de los Mojitos” pues año tras año desde 1977 servía los mejores mojitos de las Ferias de Alcalá de Henares tras la barra de las casetas del PCE, IU y, los últimos años, Asociación Centro Social 13 Rosas.
Entre el bullicio de las Ferias: música, ruido, cien olores a comida… allí estaba ella, en el lado obrero de la barra, impecable con su delantal blanco. Amable, pero con la seriedad que precisa lo importante, ejecutaba el ritual de elaborar un coctel especial y diferente.
Sus mojitos se caracterizaban por utilizar la mejor materia prima y no escatimar cariño al elaborarlos. Con ese cariño y constancia Dori cultivaba la hierbabuena durante todo el año, atenta a que no la faltara agua ni la sobrara sol, la traía fresca cada tarde de Ferias. Realmente era el reflejo de su personalidad, la cual también se reflejaba cuando cosía o cuando pintaba, pues Dori era una persona atenta a los detalles, constante, fiable, de palabra.
No tanta gente conoce que Dori, desde la niñez, vivió atravesada por el dolor de la muerte de su padre, torturado y asesinado por el franquismo ya terminada la guerra. No son muchos los conocedores de que ella tenía motivos para haberse dejado llevar por el odio y el rencor y, en su lugar, decidió abrazar el amor al prójimo como forma de vida.
Desde joven se involucró en movimientos de la Iglesia preocupados por la situación de los más vulnerables de los barrios obreros, movimientos cristianos cercanos a la teología de la liberación. Se entregó al cristianismo que no señala, acusa y castiga, sino al cristianismo que tiende la mano sin juzgar, que comprende y perdona, que construye y entrega sin esperar nada a cambio.
De aquella época siempre le quedó una profunda admiración por el Padre Llanos, el cual abandonó todo para entregarse a sus vecinos del madrileño barrio de El Pozo.
Quizá a Dori la pasó lo mismo que al arzobispo Helder Cámara, aquel que dijo: «Si hablo de los hambrientos, todos me llaman cristiano; si hablo de las causas del hambre, me llaman comunista».
Y Dori se hizo comunista y siguió siendo cristiana, defendiendo lo justo desde el respeto y comprensión al otro, llegando a impartir catequesis en su parroquia. Mientras, se organizaba con sus vecinos y vecinas para mejorar el barrio, para que se construyera un hospital público en Alcalá de Henares. Y así siguió toda su vida, con la constancia de la que cultiva hierbabuena.
Escribía Bertol Brecht que hay personas que luchan un día y son buenas; otras luchan un año y son mejores; otras luchan muchos años y son muy buenas. Pero hay otras que luchan toda la vida. Esas son las imprescindibles.
Sin lugar a dudas, Dori es de las imprescindibles.Su misa fue diferente. El cura, amigo de Dori, la ofició con ternura. Mientras, el féretro estaba cubierto por la bandera roja del PCE y la tricolor republicana. Apenas terminó la misa, el cura aun recogía los bártulos de la liturgia, cuando empezamos a cantar la Internacional en su memoria.
Fue emocionante el despedirnos de Dori desde el respeto y aceptación de su fe y su ideología como partes complementarias de su persona, en una ceremonia tal vez contradictoria, pero es evidente que todos tenemos las nuestras. La posible contradicción no es lo importante.
Lo importante es que nos despedíamos de una buena persona, una buena compañera, que vivió dándolo todo por los demás sin esperar nada a cambio, como viven y hacen los cristianos buenos, como viven y hacen los buenos comunistas.




















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Merecido homenaje a una gran mujer. Ojalá hubiera más personas como ella, que con su generosidad, esfuerzo y carácter hacen de este mundo un poquito mejor.