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Javier Cortés indultó a ‘Rosador’, Urdiales cortó dos orejas y el alcalaíno Víctor Hernández completó el triunfo con otros dos trofeos.
- Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas para ALCALÁ HOY
La plaza de toros La Estudiantil vivió el domingo 30 de agosto una de esas tardes que se quedan en la memoria de la afición. El último festejo de la Feria Taurina de Alcalá 2026 no solo puso el broche al ciclo taurino de las Ferias y Fiestas: lo hizo con una terna a hombros, una corrida notable de Julio de la Puerta y el indulto de ‘Rosador’, el quinto de la tarde, después de una faena grande de Javier Cortés. En los tendidos, con media entrada pero con un ambiente de cierre de fiesta, estuvieron la alcaldesa de Alcalá de Henares, Judith Piquet, y el concejal del Equipo de Gobierno Vicente Pérez, que quisieron acompañar a la afición en el acto que remataba el programa taurino municipal.
Había expectativa. El cartel anunciado —Diego Urdiales, Alejandro Talavante y el local Víctor Hernández ante ganadería de Julio de la Puerta— había sufrido un cambio de última hora: Cortés sustituía a Talavante. Lo que pudo parecer un contratiempo se convirtió en el eje de la crónica. El madrileño no solo resolvió el compromiso: lo elevó hasta el gesto más excepcional que permite el reglamento, el perdón de un toro. Junto a él, Urdiales sentó cátedra con el que abrió plaza y Hernández firmó una tarde de autoridad y pureza, con una oreja de cada uno de sus dos oponentes. Al final, la terna salió a hombros. Alcalá, que ha querido mantener vivo su ciclo en La Estudiantil dentro de unas fiestas repletas de conciertos, desfiles y actividades de calle, se despidió de los toros con el tipo de tarde que justifica la apuesta.
Urdiales pone cara a la feria y deja el listón muy alto
Diego Urdiales no necesitaba presentación. El riojano llegaba a Alcalá con el eco todavía fresco de su actuación del sábado en Palencia y con esa manera de entender el toreo que combina temple, ligazón y un sentido clásico de la distancia. El primero de Julio de la Puerta le dio material: movilidad, genio y transmisión, aunque no fuera un animal de clase deslumbrante de principio a fin. Urdiales no improvisó. Impuso su concepto desde el primer tercio y, ya con la muleta, construyó una faena de aplomo.
Lo mejor llegó por el natural y, sobre todo, en la forma de enlazar. No hubo prisa ni efectismo fácil. El diestro fue midiendo al toro, templando, buscando la profundidad más que el adorno. Los naturales de mayor quilate de la tarde —los que más tarde recordaría la crítica— salieron de esa entrega. Y cuando llegó la hora de la verdad, el acero no falló: una estocada de escuela, colocada con precisión, que derrumbó al animal en segundos y desató el pedido. Dos orejas. La feria, que todavía se estaba asentando en los tendidos, ya tenía cara y premio.
El cuarto, en cambio, fue otra historia. El mismo Urdiales se encontró con un toro que no acabó de romper hacia adelante, más corto de recorrido, menos generoso. El riojano no se descompuso. Inteligente y templado, impuso su toreo a un animal que pedía más cabeza que corazón. Hubo muletazos de bella factura, pero la espada esta vez no acompañó. Silencio. La tarde de Urdiales quedó así partida en dos: un primer acto de lujo y un segundo de oficio sin premio. Aun así, su nombre quedó grabado en el cierre de la feria. No es poca cosa abrir un festejo de despedida y dejar dos orejas antes de que el resto de la terna entre en combate.
En el palco, la presencia institucional subrayaba el carácter de fiesta mayor. Piquet y Pérez no acudían a un acto menor del programa: la corrida del domingo era, junto al desfile de carrozas y el castillo de fuegos, uno de los símbolos del último día de Ferias. Ver a la alcaldesa en La Estudiantil, en una ciudad que discute y convive con la tauromaquia como parte de su calendario festivo, refuerza el relato municipal de una feria plural: hay concierto en la muralla, hay teatro, hay suelta de reses por la mañana y hay, todavía, una plaza que quiere llenarse de emoción por la tarde.
Cortés, ‘Rosador’ y el instante que reventó la tarde
Si la crónica de Alcalá 2026 se resume en una sola imagen, esa es la de Javier Cortés ante ‘Rosador’. El quinto de Julio de la Puerta era el toro. Extraordinario de presencia y de juego, con esa hondura que pide un toreo lento, de mano baja y de verdad. Cortés, que había sustituido a Talavante y que en el segundo de la tarde se había limitado a una faena correcta —ligazón, temple, buen gusto, ovación tras un pinchazo y una estocada desprendida—, entendió de golpe lo que el ruedo le estaba pidiendo.
La faena al quinto no fue un alarde de recursos sueltos. Fue una obra. Trazo largo, reunión, naturales de muchos quilates, un toreo al ralentí que fue calando en la plaza hasta convertir el silencio inicial en una oleada. Cortés toreó con profundidad y concepto, sin precipitarse, dejando que el toro ganara terreno y que la muleta lo ordenara. La intensidad fue creciendo. Lo que empezó como una lidia seria acabó en emotividad: de esas tardes en las que el público deja de contar pases y empieza a vivirlos.
Cuando la petición del indulto se hizo evidente, Alcalá asistió a un desenlace poco habitual en su feria. ‘Rosador’ quedó perdonado. Cortés paseó las dos orejas y el rabo simbólicos. El gesto —el más solemne que puede ofrecer una plaza— no es solo un premio al diestro: es un reconocimiento al encaste, a la ganadería de Julio de la Puerta y a una forma de entender el espectáculo que, cuando el toro lo merece, prefiere la vida a la estadística. En clave local, el indulto convierte el cierre de 2026 en fecha de referencia. No todas las ferias de agosto pueden presumir de un toro que se va entero y de un matador que se va a hombros por haberlo entendido.
Hay que decir también que el indulto, como todo lo grande en los ruedos, admite matices. Quien busque la crónica más lírica hablará de faena reventadora. Quien prefiera el rigor dirá que Cortés tomó la iniciativa y que la plaza lo respaldó. Lo indiscutible es el resultado: el quinto se llamaba ‘Rosador’, era de Julio de la Puerta y salió vivo de Alcalá. Y que el diestro que lo logró no era el anunciado en el cartel original, sino el que aceptó la sustitución y la convirtió en triunfo.
Hernández, la pureza de casa, y una terna que se va a hombros
Quedaba la parte alcalaína de la historia. Víctor Hernández, el de casa, no podía permitir que la tarde se le escapara entre el lucimiento de Urdiales y el clamor del indulto. No se le escapó. Con el tercero firmó una faena de compromiso total: ligazón, medida, apuesta constante, esa manera sincera y cabal de tirar la moneda sin esconderse. La estocada fue letal. Oreja, con fuerte petición de la segunda. El público local, que siempre mira con lupa al diestro de la tierra, reconoció la verdad de la labor.
El sexto le sirvió para redondear. Había mucho que torear y Hernández apostó. Ajuste, precisión, una faena de nota alta más que de adorno. Otra oreja. Dos trofeos, dos toros, una tarde completa. Si Cortés se llevó el instante excepcional y Urdiales el arranque de categoría, Hernández se llevó la regularidad y el sello de pureza que la plaza le pide a quien viste de luces con el escudo de la ciudad a la espalda, aunque solo sea en el sentimiento de los tendidos.
La ficha, al final, es limpia y generosa. Plaza de toros de Alcalá de Henares. Último festejo de la feria taurina 2026. Toros de Julio de la Puerta, desiguales de presentación y de juego, con un quinto —‘Rosador’— muy por encima del resto. Diego Urdiales: dos orejas y silencio. Javier Cortés, que sustituye a Alejandro Talavante: ovación y dos orejas y rabo simbólicos. Víctor Hernández: oreja con petición y oreja. La terna, a hombros. La ganadería, justificada por el encaste del indultado y por un encierro que, sin ser perfecto, dio juego para tres faenas de premio.
Así se entiende mejor la foto institucional. Judith Piquet y Vicente Pérez no presenciaron una tarde gris de trámite. Vieron a tres diestros salir por la puerta grande, vieron un indulto y vieron a un torero local cortar dos orejas en el cierre de unas fiestas que el Ayuntamiento ha querido grandes, transversales y visibles. La Feria Taurina de Alcalá 2026 —recortes el jueves, corrida el viernes, novillada el sábado, broche el domingo— queda así archivada no como un apéndice del programa, sino como uno de sus capítulos más redondos.
Cuando se apaguen los ecos de La Estudiantil y la ciudad se quede con el desfile, los fuegos y el regreso a la rutina de septiembre, la afición recordará sobre todo un nombre de toro y una faena. ‘Rosador’. Javier Cortés. Y, alrededor, el oficio de Urdiales, la entereza de Hernández y una plaza que, en el último día de feria, todavía fue capaz de emocionarse de verdad. Alcalá cerró su ciclo taurino por todo lo alto. Y esta vez, la frase no es un eslogan: es el resumen de lo que ocurrió en el ruedo.


















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Para maestro, Ricardo Espinosa, que con su buen hacer profesional ha sabido sacarle un partido excelente a los distintos encuadres haciendo parecer llena una plaza que no estaba ni al 20% de su capacidad. Espero que el resto de símbolos del último día de Ferias hayan tenido mejor acogida por parte del público.
Por cierto, enhorabuena también por la foto 14, describe a la perfección la esencia de la Tauromaquia, la propongo como cartel proporcional de la Feria Taurina del próximo año, si la hay. Los 150.000 € anuales que pagamos todos los Alcalainos hay que amortizada aunque sea para disfrute de un puñado de aficionados y la corporación municipal.