
- Campuzano cuestiona el título del ciclo, defiende el fondo del plante de Uclés y alerta del poder excluyente del lenguaje público..
- Por Antonio Campuzano. Periodista, patrono de la Fundación Diario Madrid.
David Uclés y Arturo Pérez Reverte Antonio Campuzano “La guerra que todos perdimos” o “¿La guerra que todos perdimos?”. Ni tan siquiera la utilización de los interrogantes puede suavizar la contundencia del inconveniente.
El ciclo de debates en Sevilla organizado por la Fundación Cajasol, bajo el paraguas “Letras”, con previsión de celebración en la primera semana de febrero, ha saltado por los aires porque ha sido dinamitado por David Uclés, autor de moda y expectación, y que después de autorizar su inclusión en el panel de ponentes, ha declinado su presencia ante la inclusión en la nómina del ex presidente Aznar e Iván Espinosa de los Monteros.
Los coordinares de la cita, Arturo Pérez Reverte y Jesús Vigorra, se han enfadado tanto y de tal manera que han dicho que Uclés es un “sectario”, “que falta a los compromisos”, “que se está haciendo un nombre”, incluso se le ha llamado “chico”. Así pues, el conflicto está servido, y es político, ideológico, polarizador y guerracivilista. Cómo había de serlo.
El título no tiene autoría, que se sepa, no hay derechos de autor sobre su concepción, pero desde luego constituye, con o sin interrogantes, un dardo con un gran poder de envenenamiento sobre las conciencias de quienes ganaron la guerra y una macabra dosis de maldad sobre quienes la perdieron, puesta la vista en formato histórico, hacia quienes ya no pertenecen al territorio de los vivos, y orientada hacia quienes oyeron sus quejas y lamentos desde la cercanía de las familias y habitan el terreno donde todavía perdura la herencia de aquella travesura político y militar que causó tantos y tantos sufrimientos y quebrantos.
El deletreo “ad hominem” de Uclés, con disparos a Aznar y Espinosa de los Monteros, quizá sea lo más adyacente con el error, pues ambos no parecen estar en la fila de los comulgantes con los episodios más ignominiosos de Trump y sus ecos en España, con Vox y sus cofrades. El problema reside en el manto y la calidad del mismo que cae sobre las cabezas de todos los ponentes del ciclo durante tres jornadas en la ciudad de Sevilla. Ese capote se llama “La guerra que todos perdimos” y ha resultado, pese a saber de su existencia, impronunciable para David Uclés, esté o no esté de moda, y debiera haberse previsto por los coordinadores de su peligrosidad de largo alcance hasta suprimirlo de la cartelera.
Aunque se rebaje a la mitad el balance de víctimas de un millón de muertos “según las últimas estadísticas” de Dámaso Alonso, la guerra es una categoría sobre la que se admiten muy pocas bromas con el lenguaje como herramienta. “Todos perdimos” es un oxímoron que se puede lanzar contra la realidad y hacer daño. Unos perdieron un poco, otros perdieron todo, unos ganaron un poco, otros ganaron todo. De esas cuatro categorías sale un juego muy triste solo para unos, los que perdieron. Hubo quien perdió las ideas, hubo quien perdió la vida.
Leila Guerriero, en “Plano americano” (Anagrama, 2016), habla de sus autores sudamericanos favoritos, y lo hace de Claudio Bertoni, poeta chileno, cuyo primer libro dio en titular “El cansador intrabajable”, con eufórica reacción ante tal diversión de Nicanor Parra, otro chileno glorioso. Ese título mueve a eso, la diversión, la amplitud, el ensanche, de la vida, pero el título de Sevilla da en polarización, en estrechez, en diatriba, en una palabra, da en cancelación, “ya no voy”.
Del mismo modo que Juan Villoro, mexicano brillante, en “De eso se trata”, habla de Borges y su amigo Bioy Casares, y entre ambos alababan a Eduardo Mallea, “tiene una notable capacidad para elegir buenos títulos. Lástima que después se obstine en añadirle libros”. Uclés casi, casi, traga con el título, pero después no ha aceptado seguir con el juego del contenido.
Tal y como están las cosas, secuestros, invasiones de soberanía, gentrificación de las tierras de Gaza, catorce grados bajo cero en los hogares de Ucrania con la manivela del poder calorífico en manos rusas, quizá lo mejor que ha podido suceder con el ciclo de la Fundación Cajasol ha sido que Uclés y quienes han secundado el plante hayan dejado para mejor ocasión la utilización del oxímoron porque se no se daban las condiciones de alma y comprensión históricas adecuadas para las figuras retóricas y su implantación y desarrollo.















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