LA LOTERÍA | Por Pilar Blasco

Pilar Blasco, licenciada en Lengua Española, firma esta reflexión crítica sobre la Lotería del Estado como ritual social, negocio público y promesa de ilusión cada vez más vacía. Desde una mirada personal y argumentada, la autora cuestiona la publicidad institucional, la presión social para participar y la menguante capacidad real de los premios, planteando una denuncia directa contra un sistema asumido con normalidad que, año tras año, convierte la esperanza colectiva en frustración organizada institucionalizada anual.

Fotocomposición IA de Pedro Enrique Andarelli
  • Pilar Blasco es  licenciada en Lengua española y ha colaborado en publicaciones locales en temas de actualidad política y cultural.

Son días de hablar y escribir sobre Trump, Venezuela y Groenlandia. Sino que desde el 22 de diciembre y aún antes, la lotería es un asunto que me atormenta porque los juegos de azar representan como pocas instituciones (Loterías y apuestas del Estado) la estafa a la que se somete a los españoles. Últimamente los turistas extranjeros han entrado en la red, por aquello de la publicidad en las playas y el veraneo relajado; compran lotería de navidad en el mes de julio porque la “ilusión” y la tradición hay que probarlas, un suvenir, un reclamo más del tipical spanis.

Como es un reclamo propagandístico también para los españoles, con esa sofisticada y efectiva publicidad institucional, por la que se pirrian los medios de comunicación, bajo codiciados beneficios obtenidos del dinero público, que el gobierno concede graciosamente en primer lugar a sus amigos y favoritos, a unos más que a otros. Cada anuncio de lujo de la lotería nacional que vale más que un décimo de los premios gordos. Los dos sorteos de navidad son para mi gusto una verdadera trampa para ilusos, según la cual mas de la mitad de los españoles lo son o lo somos. Porque aunque nos declaremos antilotería tenemos adquirida una servidumbre con amigos, familiares y demás ámbitos, que nos coacciona mentalmente y obliga a intercambiar  ilusión primero y frustración después. Porque la lotería le toca a muy poca gente, la proporción de premiados es mínima. Si pensáramos en ello, no jugaríamos. Será que la gente no pensamos, a veces lo pienso.

Pero lo que me indigna de la lotería estatal es que el inventor, el papá Estado se queda con un porcentaje importante, (el 20%, creo) del premio de cada inocente, más los números premiados que se quedan sin vender, etc. Un chollo para el gobierno recaudatorio, que no deja nada atrás que le reporte beneficios netos y fáciles.  Pero es que además y para más escarnio, en los últimos años la lotería se ha quedado en los huesos. Este mes navideño las celebraciones del gordo han sido más bien desganadas, algo cutres, sin brillo. El descorche del champán a la puerta de la administración jaleada por los vecinos entre abrazos y saltitos ha resultado incluso patético.

También en mi opinión, la razón más poderosa de que la lotería sea un timo legal, especialmente este año y los futuros, me temo, es que los premios de ahora no dan ni para pagar la hipoteca, ni comprarse un piso, ni apenas un coche. El público del cava y los saltos de alegría obligatoria ante las cámaras, cuando eran interrogados por los reporteros, esos que siempre están en los telediarios todo el día y el siguiente contando historias parecidas en barrios parecidos con gentes parecidas, contestaban invariablemente con cierta ilusión, pero menos. Mucho menos que hace diez años, sin ir más lejos, incluso de cinco años.

La lotería no es lo que era, cuando sacaba a la gente de pobre, cosa que no quieren nuestros gobernantes, que salgamos de pobres, sino todo lo contrario. Cuando daba para comprar una vivienda, la primera o la segunda, alegremente, para quitarse la hipoteca entera y sobraba para un cochazo, o para lo que le daba la gana al españolito feliz, sin ser espiado y expoliado por la malvada Agencia Tributaria a cuenta del consabido y esperado por los buitres fiscales, incremento de patrimonio, que sucede al cobro de un premio, a la recepción de una herencia, a una compraventa, a la vida, a la muerte, al trabajo, al ocio, a la comida, a la bebida, al combustible, a la circulación… por Dios bendito.

En las tertulias este año se ha comentado mucho este punto en el que muchos escapados de la lotería como yo, llevábamos tiempo pensando. Tanto que hasta en las emisoras del régimen ha tenido su espacio y discusión. La vida se ha puesto tan cara y la lotería tan barata que no vale la pena el trasiego de décimos y participaciones entre familias, colegios parroquias, bares, talleres, asociaciones,partidos y demás víctimas de la rapiña depredadora en todos los frentes a que nos somete, de grado o por fuerza el gran hermano oficial. La “ilusión” que pregona el anuncio millonario desde el mes de octubre a base de tiernas escenas y músicas melifluas mezcladas con el turrón, encantadoras de ilusos, pobres la mayoría, de los que hacen cola en Doña Manolita bajo el frío y la lluvia, por tradición más que nada, por ilusión inducida y demás técnicas psicosociales en manos del Gobierno-Estado que últimamente son lo mismo y con los mismos fines, recaudar para derrochar en lo que a ellos les da la gana y vivir mejor que reyes a nuestra costa.

Al año que viene en octubre les recordaré con insistencia y argumentos que no se dejen engañar otra vez por la lotería, el único robo legal en el que el ciudadano cae voluntariamente. Inviertan en Salud

 

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