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Un análisis incómodo que desmonta el relato oficial sobre Venezuela y revela cómo petróleo, tribunales y poder duro redibujan la geopolítica global.
En la mañana del pasado sábado 3 enero, amanecimos con las imágenes de unas cuantas decenas de helicópteros CH-47 Chinook y Apaches AH-64, paseándose por el espacio aéreo venezolano a muy baja altura y sin ser derribado ni un solo aparato por baterías antiaéreas, manpads o drones. La explicación norteamericana fue que esto se debió al uso de interferencias electrónicas intensivas que anularon la defensa aérea, pero lo cierto es que en Ucrania bastantes de estas aeronaves hubieran sido destruidas. Incluso en Yemen más de una habría sido abatida.
Posteriormente nos enteramos de que estos helicópteros, aparte de disparar sin oposición alguna a varios objetivos, tomaron el control del aeropuerto internacional y arrestaron a Nicolás Maduro y a su esposa, llevándoselos detenidos a Estados Unidos para ser juzgados por narcoterrorismo.
No dudamos que Nicolás Maduro era el jerarca de un régimen corrupto que se mantenía en el poder de manera autoritaria, teniendo a su pueblo sumido en la pobreza. Pero nos cuesta creer los cargos que le imputan teniendo en cuenta que son Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia los mayores productores mundiales de cocaína. Lo que no quita que la acusación fuera la justificación para la intervención militar.
Las primeras reacciones en España tras la noticia de la detención de Maduro, fueron de preocupación en una izquierda por la evidente vinculación de algunos de sus dirigentes con el régimen chavista, así como de júbilo en una derecha que se apresuró en poner en el gobierno de Venezuela a Edmundo González y a María Corina Machado en nombre de la democracia. Hecho que fue desmentido horas después por un Donald Trump que no estaba dispuesto a compartir con nadie el éxito de la intervención. Y prueba de ello fue como el presidente estadunidense afirmó contundentemente que María Corina Machado “no era muy popular” entre su pueblo como para ser mandataria. Unas manifestaciones enmarcadas en un discurso que puede ser tachado de imperialista, pero no de no ser sincero, pues en el mismo habló explícitamente de un retorno a la doctrina Monroe sin el típico adorno hipócrita de búsqueda de la libertad.
La pacífica invasión de Venezuela, hay que circunscribirla dentro de la distribución de los recursos petrolíferos en Estados Unidos, más que con la apropiación total de los mismos. El pasado 29 de noviembre un juez federal de Delaware aprobó la venta de las acciones de la empresa venezolana PDV Holding, matriz de Citgo, a la filial Amber Energy sin que fuera la mejor oferta presentada. Al frente de Amber Energy está Paul Elliott Singer, republicano y un importante donante de la campaña de Donald Trump.
Citgo, séptima refinadora del país norteamericano, con una capacidad de producción de 829.000 barriles de petróleo diarios, se vio seriamente comprometida por la crisis económica del Estado venezolano y por las sanciones al mismo y a la petrolera nacionalizada PDVSA, cuya filial demandada es PDV Holding. La deuda contraída por la compañía por impago de bonos e intereses, hizo que se viera envuelta en numerosas demandas de acreedores, lo que acabó en los tribunales y con la venta de las acciones de PDV Holding en favor de Amber Energy. 5900 millones de dólares por una compra, de los que sólo 2100 millones se destinarían para cubrir los 19.000 millones reclamados.
Evidentemente, el gobierno de Venezuela, así como otros perjudicados, apelaron la decisión judicial y consiguieron que la Oficina Para el Control de Activos Extranjeros prorrogara el proceso hasta el 3 de febrero de 2026. Una acción que seguramente no fue del agrado del equipo de Trump, por lo que es posible que la recurrente operación Martillo de Medianoche, no sea más que un aviso en el patio trasero de lo que puede pasar si no se llega a un acuerdo con el gobierno de EEUU.
Parece evidente que por su facilidad en la ejecución, la operación ha tenido la colaboración de parte del régimen venezolano. Por eso para Trump lo importante no es si gobierna María Corina Machado, o los hermanos Rodríguez, sino si éstos garantizan la estabilidad administrativa, el control del ejército y el dominio de la logística venezolana, con el fin de evitar la aparición de una insurgencia conforme a la experiencia acumulada por USA durante años de ocupación de Iraq. Estados Unidos ya no puede ser el gendarme del mundo ante la emergencia de nuevas potencias globales y regionales, pero requiere del control de su área de influencia con la menor resistencia posible, pues lo contrario podría ser aprovechado por sus adversarios.
Pero mientras vemos como la nueva presidenta Delcy Rodríguez sigue negociando con Marco Rubio, observamos como nuestros lídercillos y contertulios españoles y europeos, completamente absortos y sorprendidos por la nueva realidad no esperada, siguen hablando de manera tautológica de mundos regidos por reglas, agendas y unicornios, aunque estas premisas no evitaran el derrocamiento del dirigente del país más próspero de África, dando inicio a una larga guerra civil. Una cosa es denunciar la violación del derecho internacional y otra muy diferente es creerse que eso va a cambiar algo. La nueva era a la que nos estamos adentrando no es ni buena ni mala, es simplemente la realidad sobre el terreno que requiere adaptación.
No obstante, este nuevo mundo de posible destrucción mutua asegurada no está exento de riesgos y de oportunidades. Por ejemplo, la relación de los de arriba sobre los de abajo va a tener que distensionarse, si los primeros quieren mantener sus privilegios ayudados por unos segundos que pudieran ser seducidos por los cantos de sirenas híbridas entonados desde más allá de los nuevos telones de acero.
Pero es posible también que los primeros sean tentados, como así está pareciendo en algunas ocasiones en el seno de la Unión Europea, a controlar y a restringir libertades al estilo 1984, con eurasias, estasias u oceanías incluidas. En este caso deberán ser conscientes que son élites que carecen por completo de las cualidades de césares, siendo su liderazgo igual de deficiente que el de un Nicolás Maduro que, abandonado y traicionado por algunos de los que estaban a su lado, acabará con sus huesos en la cárcel en el mejor de los casos.
Evidentemente habrá quien sospeche del aparente teatrillo con narrativas alternativas, pero eso ya es otra historia…..

















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Por lo que veo, Miguel Ángel sugiere que a los europeos nos saquean y tiranizan nuestros gobernantes, y les advierte a estos gobernantes que Putin (el que sí tiene cualidades de césar) podría acudir en nuestro rescate. Se comprende que a Miguel Ángel las reglas le parezcan unicornios.