Fin de Maduro, oxígeno para Sánchez | Por Antonio Campuzano

El golpe de efecto de Donald Trump en Venezuela, con la detención de Nicolás Maduro, ha tenido una derivada inesperada en la política española: oxígeno inmediato para Pedro Sánchez. La desaparición del régimen chavista del tablero internacional aligera una de las cargas simbólicas más explotadas contra el Gobierno socialista. Antonio Campuzano analiza cómo una operación exterior estadounidense reconfigura, casi por serendipia, el debate político interno. Artículo remitido el 5 de enero.

Trump decide, Maduro cae y Sánchez sale del foco . Fotocomposición de Pedrlo Enrique Andarelli
  • La caída de Maduro desactiva el fantasma bolivariano en España y libera al Gobierno de Sánchez de una de sus armas arrojadizas históricas.

 

  • Por Antonio Campuzano. Periodista, patrono de la Fundación Diario Madrid.

La prestidigitación de Pedro Sánchez, ya en sus últimas reservas, ha recargado sus baterías con la acción de Trump en Caracas, en la madrugada del día 3 de enero, casi en vísperas de la epifanía del Señor, con los Reyes Magos portadores del reconocimiento de su valía como salvador. Por si fuera poca epifanía la de Trump cuando aceptó a su manera el triunfo de Biden, con aquella extravagante operación Capitolio, el ahora habitual de la Casa Blanca ha invadido de testosterona el territorio de Venezuela con un bombardeo selectivo y la detención del presidente Maduro y su esposa. Los análisis de urgencia de los expertos saltan de un escenario mental a otro para decir y pensar que habría información previa tanto a las instancias internacionales como a las propias instituciones del país caribeño para dar conformidad a la actuación extraordinaria que ha sacado de la poltrona presidencial a un Maduro ya debilitado en su carisma por el desarrollo de las últimas elecciones, de donde salió ganador con todos los escepticismos acumulados.

Ahora, con la ayuda de la serendipia, es decir, ir por un objetivo y encontrarte accidentalmente con otra cosa más valiosa, la posición política de Sánchez, tanto ahora como cuando gobernaba en coalición con el primer Podemos, se ha quitado de un manotazo propinado por el presidente americano una preocupación sobre el sostenimiento de la imagen bolivariana de su gobierno, tantas veces inmortalizada por, un ejemplo, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Ayuso. A las corrupciones de sus secretarios de organización socialista, a los problemas judiciales de la familia, a la condena del fiscal general, ahora, en vísperas del final de la Navidad, se hace una quita al gobierno socialista del peso en su mochila degradada por la presión mediática y de los juzgados y tribunales. Ya no se mantiene al gobierno de Maduro desde la Moncloa y desde el palacio de Santa Cruz, con la estelar participación en el sostenimiento del entramado venezolano de Rodríguez Zapatero, pendiente como nadie del palacio de Miraflores con una atención especial a su mina de oro, el atributo de ambición que se ha colgado al político leonés como coronación de vulgaridad de las ansias del patrón oro de los socialistas en ejercicio. Así se ejerce la presión con el arma de la elegancia.

La imagen de Maduro con su antifaz y su chandal con incorporación de sudadera de comodidad garantizada a bordo del USS Iwo Jima, buque anfibio de asalto de la Armada de los Estados Unidos con 257 metros de eslora y una manga de 34 metros, en recuerdo de la batalla de los primeros meses de 1945 entre EE UU y Japón, en el islote a 700 millas (1200 kms. de Tokio) con la foto de los soldados izando la bandera de las barras y estrellas, todo ello ha abierto una línea de fuga del entorno de Sánchez con la actualidad de la república de Venezuela. Cuando Ayuso y sus émulos de segundo nivel autonómicos y provinciales saquen a pasear el fantasma de la tradición bolivariana del ejecutivo socialista se activará un propulsor de calidad viejuna que habrá de cansar tanto a propios como extraños. Esta materia ya fue de encargo de Trump y resulta un servicio y una herramienta ya gastados en tantas y tantas operaciones de desgaste de las que tanto saben por ser sujetos pasivos Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero.

En medio del carrusel de elecciones comenzado en Extremadura se ha interpuesto la vía Caribe-Mar-a-Lago, que inadvertidamente da alas y oxígeno al gobierno asaltado por autos y sentencias. Lo que habría de aparecer como un asunto internacional, la voluntad y la capacidad de ejercer la hegemonía en el mundo frente a cualquier convivencia en el concierto de las naciones, en España adquiere una configuración especial por el manoseo de muchos años y el aprovechamiento de la cercanía sentimental y política a Venezuela. El índice de frecuencia de indagación y connivencia entre el gobierno de coalición y la espesura de gobierno en Caracas, el insulto de bolivariano y comunista traído y llevado por diferentes itinerarios, parece tocar a su fin.

Trump y Marco Rubio, con o sin conocimientos de otros, han entrado en Venezuela y al parecer para quedarse para la noble tarea de pilotar la transición, con lo difícil que resulta una transición, como los casos de Vietnam, Irak, Afganistán, ítem más, ha demostrado. El inquilino de la Casa Blanca ha internacionalizado Venezuela, pese a quien pese, y a la par ha amortizado el peso de gobierno español en el asunto. Ya no existen apoyos a Maduro, porque Maduro no existe, solo queda su sticker con sudadera y antifaz. Sánchez, Pablo Iglesias, Zapatero, ya no cuentan como gasolina del espectro bolivariano. Es Corina Machado quien tiene ahora un problema con la administración americana. Philip Roth, en su “Pastoral americana”, primera edición de 1997, dice para su exportación al caso presente, “es algo que sucede cuando se muere la gente, la discusión desaparece con ellos”.

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