Hay tradiciones que no necesitan focos ni cronómetro para convertirse en leyenda. La Subida de Año Nuevo al Ecce Homo es una de ellas. Y este 1 de enero de 2026, la cita ha escrito su capítulo más multitudinario y simbólico: 140 corredoras y corredores se han plantado al pie del cerro más alto de Alcalá de Henares para darle la bienvenida al año como manda la liturgia no oficial del atletismo popular: madrugón, frío, zapatillas y compañerismo.
A las 11:00 en punto, con el termómetro marcando entre 0 y -1 grados, el aparcamiento del Monte de Utilidad Pública 180, Los Cerros, ya estaba lleno. Una imagen impensable en las primeras ediciones de esta subida lúdica y no competitiva que, hace más de dos décadas, nació casi como un gesto íntimo entre amigos y hoy se ha consolidado como un ritual colectivo del deporte alcalaíno.
La comitiva partió rumbo al Ecce Homo, también conocido como cerro de la Veracruz, a un ritmo accesible para todos los niveles, fiel al espíritu original de la prueba: aquí no se gana por llegar antes, sino por llegar juntas y juntos. Este año, además, la subida ha tenido un aliciente añadido: el estreno de los arreglos recientes en los caminos, ejecutados por la Comunidad de Madrid, que han hecho la ascensión más cómoda sin restarle ni un gramo de respeto a la montaña.
El ambiente fue el de siemprefestivo, cercano, casi familiar, pero con una sensación clara de crecimiento. Donde antes apenas se cruzaba alguien, hoy los caminos estaban repletos de ciclistas, senderistas, caminantes y corredores, muchos de ellos con el Ecce Homo como destino común. Una imagen que habla de hábitos saludables, de naturaleza compartida y de una sierra cada vez más viva.
Entre los rostros conocidos destacó, un año más, la presencia de Arsenio Gómez Alcalá, que a sus 85 años sigue sin fallar a la cita, acercándose a saludar y a recordar que la pasión por correr no entiende de calendarios ni de edades. La otra cara de la moneda fue la ausencia de Fernando Narro Moreno, ‘el Forestal’, coorganizador histórico de la subida, que en esta ocasión tuvo que quedarse en el hospital acompañando a su madre, recientemente ingresada. La montaña, esta vez, esperó por él.
La edición de 2026 ha dejado también una notable presencia de jóvenes atletas y una alta participación femenina, confirmando que el relevo generacional está más que asegurado y que el Ecce Homo sigue siendo un punto de encuentro transversal para el deporte popular.
Y como manda la tradición, una vez alcanzada la cima, la cota más alta de Alcalá de Henares, llegó el momento de la recompensa: polvorones compartidos, risas, fotos de grupo y una panorámica inmejorable de la ciudad a los pies de quienes decidieron empezar el año mirando desde arriba.
Sin dorsal, sin clasificación y sin podio. Pero con algo mucho más valioso: la sensación de haber conquistado el primer reto de 2026 en comunidad. Porque si el año empieza subiendo juntos al Ecce Homo, lo que venga después siempre parece un poco más llevadero.

















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