Plus Ultra | Por Pilar Blasco

El lema Plus Ultra, símbolo histórico de audacia y horizonte compartido, sirve a Pilar Blasco para trazar una alegoría contundente sobre los excesos del poder y la corrupción sin límites. Desde la épica imperial hasta el rescate millonario de una aerolínea fantasma, la autora reflexiona con memoria, ironía y denuncia sobre una deriva política que traspasó todas las columnas morales. Las opiniones publicadas reflejan la voz de sus autores en el marco del debate plural que ALCALÁ HOY promueve.

Plus Ultra despega: metáfora visual de un rescate que aún planea.
  • Pilar Blasco es  licenciada en Lengua española y ha colaborado en publicaciones locales en temas de actualidad política y cultural.

Este lema, como sabemos, venía precedido del NON latino, que el imperio español rompió a partir de la apertura al mundo con los descubrimientos transoceánicos. Esa epopeya ibérica que traspasó los límites conocidos, se enfrentó a los dragones del Atlántico y abolió el negacionismo de su tiempo por el cual no había tierras conocidas más allá de las míticas columnas de Hércules. Hasta entonces hubo límites infranqueables, más allá de algunas incursiones anónimas sin repercusión. Por una combinación de factores entre los que estuvo el avance tecnológico del momento y la necesidad de restablecer el comercio con Oriente, el territorio ignoto dejó de serlo y el mundo y la humanidad cambiaron a partir de entonces.

Aunque nunca es suficiente recordar y celebrar aquellas hazañas de las que España fue protagonista indiscutible en tiempos heroicos, no pretendo redescubrir América ni de dar la vuelta al mundo otra vez, sino que me viene al caso el pomposo título, Plus Ultra, hoy degradado al barro de la corrupción política y económica, para exponer en plan alegórico lo que en nuestros días vamos sabiendo de otra epopeya con minúsculas, por su tamaño y amplitud, protagonizada por el equipo de gobierno español del momento y sus cómplices, que son muchos, según vamos viendo, todos parecidos, todos en el ajo, todos en el más allá del delito.

Para los que no lo recuerden, aunque hace muy pocos años del asunto, y para los que por conveniencia o por fanatismo ideológico, se tapan ojos y oídos a la realidad de los hechos comprobados, me aferro a mi memoria y perplejidad y a la de muchos otras personas tan perplejas e indignadas como yo en aquel momento, y ahora que la actualidad lo trae de nuevo a las noticias, mucho más. Porque el latrocinio de marzo del 21 llamado rescate de Plus Ultra -una aerolínea venezolana que constaba de un solo avión sin viajeros ni rutas conocidas salvo la de Caracas, España o/y Turquía- por 53 millones de euros, salió de nuestros sudores tributarios (de quién si no). Millones hurgados en nuestras economías domésticas, de los que disponen nuestros gobiernos alegremente para las causas más peregrinas y más delictivas.

Esos 53 millones en los que se involucró el gobierno y algunas empresas y organismos públicos sin pudor ni vergüenza, y que no fueron los únicos que se derrocharon, malversaron y estafaron en los inolvidables años del covid; aprovechando el pánico inducido, la confusión y polvareda tan oportunas para encubrir compras fraudulentas, comisiones millonarias, favores a los amigos con empresas sin domicilio fiscal conocido ni capacidad ni experiencia en cuestiones sanitarias, creadas al efecto. Concesiones y préstamos a discreción de la todopoderosa administración del partido del gobierno, estado de alarma por medio, no lo olvidemos. Manos libres para todo. La mascarilla se convirtió en un símbolo de lo que nos dejaron a los españoles, la boca tapada.

Aquello fue el comienzo del plus ultra, del más allá de la corrupción corriente, de la que padecemos habitualmente a manos de los desaprensivos que llegan al poder sin moral y sin vergüenza, que los hay en todos los poderes públicos. Digamos la corrupción estructural y consuetudinaria, la que entra en el lote de la gobernanza, como se dice ahora. Esas prácticas de menor cuantía con las que ya contamos por costumbre, quedaron obsoletas como quedó la navegación a remo y las artes de navegación medievales para echarse al mar abierto y cruzar el océano. Las columnas de hércules del fraude y la estafa quedaron atrás para emprender empresas de mayor envergadura, corrupción a lo grande, sin límites.

Después hemos sabido que el negocio no fue por azar, que la banda tenía el diseño del expolio ajeno y el enriquecimiento propio establecido antes de llegar al poder. Y también sabemos que tiene precedentes en gobiernos anteriores cuyos miembros han acabado multimillonarios por el mundo, ciudadanos de paraísos fiscales, propietarios de empresas fantasma y de inmuebles de superlujo, etc, etc. Que la ya famosa compañía aérea se empleaba para fines inconfesables de los que también se va teniendo noticias. Porque todo se va sabiendo, a pesar de represiones y censuras varias y de la apisonadora del poder sobre nuestro pensamiento. Y se esperan tiempos mejores para los valientes que no se callan.

No me digan que no es simbólico que la aerolínea venezolana “tan necesitada de rescate” se llame PLUS ULTRA. Cosas del destino y de nuestra herencia lingüística latina.

En fin, son fechas para desear FELIZ NAVIDAD a todos mis posibles lectores.

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