NOS QUIEREN MUERTOS SEGUNDA PARTE | Por Pilar Blasco

En esta nueva tribuna, Pilar Blasco retoma el hilo de su reflexión sobre la barbarie frente a la civilización para alertar de cómo la violencia —ya sea física, política o cultural— se infiltra en los sistemas democráticos. Con ejemplos recientes en América Latina, África y Occidente, la autora denuncia tanto los asesinatos políticos como las “muertes civiles” fruto de la censura y la difamación. ALCALÁ HOY publica este artículo como parte de su compromiso con la pluralidad, sin que ello suponga necesariamente compartir las opiniones expresadas.

Fotocomposición IA de ALCALÁ HOY
  • Pilar Blasco es  licenciada en Lengua española y ha colaborado en publicaciones locales en temas de actualidad política y cultural.

Barbarie contra Civilización

Hace menos de un año, con motivo de la presentación del libro con ese título, de Javier Moro, cuya lectura sigo recomendando vivamente, comentaba con dolor y miedo la situación de la sociedad venezolana, que el autor describe a través de la vida y la experiencia de los miembros de una familia de clase media, de ideas liberales, socialistas incluso, que creyéndose con los derechos y libertades de un país libre y civilizado, se organizaron como oposición democrática al chavismo.

Para los que estén interesados en leer esa historia documento, y otras parecidas, decirles que entrarán en el submundo de la persecución, la tortura, las desapariciones, las cárceles diabólicas y el exilio, narrados de primera mano por sus protagonistas, los que lograron escapar arriesgando sus vidas y perdiendo sus bienes, amigos, familias y patria a cambio de la supervivencia. Que no han sido todos. Cientos, miles ya, de venezolanos han acabado tiroteados en las calles de Caracas desde las motos de los sicarios, tirados en las carreteras y caminos, muertos anónimos por “accidente”, sacados del interior de sus hogares en la oscuridad de la noche y nunca más vistos; en las cárceles de Caracas, insoportables a las torturas de todo refinamiento y brutalidad.

Además de la modalidad chavista de Venezuela, de la Nicaragua sandinista de Ortega, (aquel guerrillero romántico de los setenta, libertador de la opresión capitalista) las víctimas del narco y de la política en la Colombia de Petro, el exterminio en masa de Nigeria o cualquier país centroafricano a manos del odio racial y religioso, preferentemente contra las comunidades de cristianos, en vías de desaparición en ese continente y en los países musulmanes en general, además está la del asesinato ad ominem, al adversario, al enemigo (la barbarie no entiende de eufemismos). Hace unos meses dispararon a Miguel Uribe Turbay, de apenas 40 años, de sólida formación y tendencias liberales, cuando daba un mitin en campaña electoral en Colombia. El arma la empuñó un niño de 14 años. Hace dos años asesinaron por los mismos medios a Fernando Villavicencio, candidato a las elecciones presidenciales en Ecuador. En 2018 Jair Bolsonaro en Brasil, fue apuñalado gravemente durante un mitin cuando era diputado aspirante a la presidencia. Como sobrevivió, le montaron un dudoso tribunal por el delito de cuestionar el resultado de las elecciones en las que empató a votos con Lula.

El atentado fallido contra Donald Trump, también en campaña, negado, ridiculizado incluso, por los de siempre, en el que falleció otra persona, está en la misma línea. Y a nadie le extrañaría que consiguieran su objetivo, los de siempre, la barbarie, la que, con variantes, tiene puntos clave en común y siempre viene del mismo lado. Y el último por ahora, el de hace pocos días, el asesinato de Charlie Kirk, un cristiano diletante cuyo delito era hablar y debatir con argumentos para convencer de sus ideas, las que él consideraba buenas y mejores que sus oponentes. Lo más sano en una sociedad libre, civilizada y democrática. También ha sido ridiculizado y justificado en las tertulias de siempre. He mencionado la democracia ya varias veces, inconscientemente, en la creencia implícita de que en ese sistema no tiene, no tendría cabida la barbarie. Pero la intransigencia y la barbarie física y mental precisamente anida en las democracias. Infiltrada, con apariencia social de civilización, con la que moverse y ejercer libremente su rol aprovechando las ventajas del sistema al que pretende destruir por dentro. El caballo de Troya de toda la vida.

De tal manera se infiltra y mimetiza la barbarie en el sistema que constituye partidos y movimientos políticos activos en todos los terrenos, incluidos el cultural y artístico y alcanzar el político, su objetivo principal, acceder al poder desde donde dominar todos los demás. Así, la barbarie se convierte en elemento constitutivo de la sociedad, indistinguible del resto, parte “indispensable” del funcionamiento de la maquinaria política que poco a poco maneja los hilos del sistema a su gusto y a su favor, con el propósito de mantenerse en el mismo indefinidamente. No importa si la barbarie ha accedido al tejido social y político por medios inconfesables, incluso delictivos, sangrientos en algunos casos. Para eso está el método del blanqueo y de la imposición por ley al resto de la ciudadanía. Al principio la sociedad los rechaza, pero con el tiempo y el fomento de la desmemoria interesada de parte, se olvida de dónde proceden y ya está. Ya están entre nosotros como unos más, como si tal cosa.

Ese y otros más son los peligros de las democracias, supuestamente el sistema político menos malo de todos los tiempos, el más prestigioso, en el que aspiran a vivir los otros países del mundo, etc. Las grietas por dónde se cuela la barbarie, los subterfugios de la Ley, los despistes de la Carta Magna por la que se rigen las democracias, a veces redactadas por los mismos bárbaros o sus allegados, que con el tiempo verán los frutos, recogerán las nueces de aquellos artículos que dejaron conscientemente en el aire, a la interpretación y al desgaste del paso del tiempo. A que llegara uno de los suyos al poder para aprovecharse de las lagunas por las que se filtran hacia el desagüe de la corrupción la justicia, la libertad, la unidad y demás valores que sostienen y conforman la democracia ideal, la canónica, la verdadera. Si es que ese imponderable existe o es una fantasía para ingenuos.

El asesinato y la desaparición civil es menos expeditivo pero no menos efectivo que el del telescópico tiro al blanco, la pistola a bocajarro, la puñalada trapera o el coche bomba. Estos métodos hacen mártires que perduran en la memoria de la gente, tienen funerales, homenajes, calles y lugares conmemorativos, no se olvidan fácilmente. Tienen su riesgo político para los barbaros que los inspiran (el niño sicario colombiano es nada más que el instrumento). En cambio los asesinados civilmente a base de censura, calumnias, campañas de difamación desde el poder mediático oficial bien pagado y desde las redes sociales, tentáculos a donde el poder trata, con menos éxito, de golpear por medio de sicarios ideológicos (no sé si cobran algo o son voluntarios los trols, bots, haters, etc.),  esos muertos en vida, esos desaparecidos de la escena profesional, cultural, política, con repercusiones  personales, económicas y familiares, esos no dan problemas al bárbaro, se exilian voluntaria o forzosamente del panorama,  de la vida de antes y de vez en cuando, algunos, dan señales de vida en otros ámbitos. Eso es todo.

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1 Comentario

  1. Un gran análisis, los sistemas democraticos utilizan a esos bárbaros en sus engranajes, consciente o inconscientemente están socavando los cimientos del sistema, dadas sus expectativas cortoplacistas el futuro de la democracia no les importa, esa miopía política nos impide crear proyectos ilusionantes a largo plazo y así cada vez más ciudadanos se descabalgan del proyecto político y ese es el peor síntoma de descomposición política.

  2. El 22 de junio de 2011 Anders Breivik, que creía en la conspiración del gran reemplazo, mató a 77 jóvenes que participaban en un campamento de las juventudes socialistas noruegas.
    El 16 de junio de 2016 Jo Cox, diputada laborista británica fue asesinada por un supremacista blanco de extrema derecha.
    El 14 de junio de 2025 Melissa Hartman, representante estatal demócrata, fue asesinada por un votante republicano radicalizado.
    Sí, hay violencia, pero esta viene sobre todo de la derecha. Por ejemplo del chat de militares retirados de extrema derecho pidiendo fusilar a 26 millones de españoles.
    https://www.infolibre.es/politica/chat-xix-aire-mensajes-altos-mandos-ejercito-retirados-suenan-fusilamientos-golpes_1_1190758.html

  3. Esta barbarie es la nueva revolución. La de los que desean, a toda costa, dominar a los demás y esto viene de todos los lados, capitalistas, comunistas, de izquierdas y de derechas.
    El caso es gobernar/dominar, véase el gobierno español actual o, como acertadamente opina S.L.L en su artículo del 25 de septiembre pasado «Gobernar en solitario», con respecto al actual líder de la oposición
    Por cierto, el artículo que menciono no aparece en la página principal de este periódico, ni en la sección de opiniones. Hay que buscarlo mediante el buscador de AH.
    ¿Decisión del autor? ¿Errores de la informática? ¿Desterrado al ostracismo?
    Seguramente es que no pulso la tecla correcta.

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