- La ciudad vivió una velada mágica con danza, música y visitas guiadas en el marco de la cita simultánea de las 15 Ciudades Patrimonio de la Humanidad.
- Fotos del Ayuntamiento y remitidas
Alcalá de Henares volvió a demostrar este sábado por qué su casco histórico late como pocos en España. Miles de personas se echaron a la calle para sumarse a la VIII edición de la Noche del Patrimonio, un acontecimiento único que se celebró simultáneamente en las 15 ciudades reconocidas por la UNESCO. Durante horas, el centro complutense se transformó en un escenario vivo donde confluyeron la historia y la modernidad, la música y la danza, la creación artística y la emoción de una ciudadanía orgullosa de su legado.
Los alcalaínos y visitantes que se dejaron llevar por la programación pudieron disfrutar de propuestas diversas: visitas guiadas a espacios singulares, espectáculos de danza contemporánea, conciertos de música, teatro y actividades infantiles que inundaron de vida rincones emblemáticos de la ciudad. Fue una noche de reencuentro con el patrimonio, pero también de convivencia y fiesta compartida.
Un patrimonio abierto de par en par
La sección Abierto Patrimonio permitió redescubrir algunos de los tesoros mejor guardados de la ciudad. El Paraninfo de la Universidad de Alcalá abrió sus puertas en horario extraordinario, y muchos no quisieron perder la ocasión de recorrer el mismo salón donde se entrega cada año el Premio Cervantes. También la escalera monumental de las Escolapias, uno de los espacios más singulares y menos conocidos, recibió a más de 300 personas en un goteo constante que desbordó todas las previsiones.
“Fue un éxito total”, confesaba Rosa, voluntaria de la comunidad educativa, mientras mostraba con orgullo los ejemplares vendidos del libro sobre la historia del colegio y los décimos de la Lotería de Navidad que volaron en pocas horas. “Me tengo que imaginar que en las otras 15 ciudades el ambiente fue similar, porque aquí en Alcalá la gente no paraba de entrar”, añadía entre risas.
El recorrido patrimonial tuvo también una parada inolvidable en el Museo Arqueológico y Paleontológico Regional, donde se recuperaron los sonidos de la antigua Roma. Los asistentes pudieron escuchar instrumentos de época y melodías que evocaban la vida cotidiana de hace más de dos mil años. Las largas colas en la plaza de las Bernardas demostraron que fue uno de los espectáculos más esperados de la noche. Familias, estudiantes y visitantes aguardaron con paciencia para dejarse envolver por una experiencia inmersiva que devolvió la vida sonora a los vestigios arqueológicos.
La iniciativa, que cuenta con el respaldo del Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España, buscaba precisamente eso: acercar de manera gratuita y accesible la riqueza monumental de cada ciudad a su vecindario y a los visitantes. Y en Alcalá, el reto se cumplió con creces.
Música, danza y un Corral vibrante
La sección Vive Patrimonio tuvo en Alcalá un protagonista indiscutible: el concierto de Ismael González en el Teatro Salón Cervantes, que llenó el histórico coliseo de aplausos. Su actuación, cercana y vibrante, conectó con un público entregado que disfrutó de un repertorio variado, con guiños a la tradición local y sonoridades contemporáneas.
Mientras tanto, en el Corral de Comedias, la sección Escena Patrimonio ofrecía uno de los platos fuertes de la noche: la creación compartida de Carmen Fumero y Chang Dance Theatre de Taiwán. Un diálogo en movimiento que deslumbró a quienes tuvieron la suerte de presenciarlo, convirtiendo el escenario barroco en un espacio de exploración coreográfica contemporánea. “La danza transforma los monumentos en territorios de diálogo donde pasado y presente conviven”, había subrayado en la presentación Lorenzo Pappagallo, director artístico del festival. En Alcalá, esa frase cobró pleno sentido.
En las calles, además, el ambiente festivo era palpable. Las visitas guiadas se sucedían en plazas y conventos, mientras grupos de vecinos se detenían a escuchar a músicos locales en rincones inesperados. El centro histórico respiraba un aire distinto, como si el tiempo se hubiera detenido para rendir tributo a la cultura compartida.
La pluralidad de escenarios y estilos hizo que cada espectador viviera su propia Noche del Patrimonio. Hubo quien optó por recorrer los espacios abiertos al público, otros se dejaron llevar por los espectáculos de danza y no faltaron quienes combinaron todo un poco, en un maratón cultural que puso a prueba la resistencia de más de uno. La sensación general fue la de un programa tan amplio como imposible de abarcar en una sola jornada.
Representación institucional y convivencia ciudadana
La Noche del Patrimonio fue también un espacio de encuentro entre representantes políticos y ciudadanía. Los concejales del equipo de gobierno Santiago Alonso, Cristina Alcañiz, Pilar Cruz y Esther de Andrés recorrieron distintas actividades y quisieron agradecer públicamente “a los artistas, entidades y voluntarios que han hecho posible esta noche mágica en Alcalá”.
Por parte del Grupo Municipal Socialista, no faltaron el portavoz Javier Rodríguez y las concejalas María Aranguren y Diana Díaz, que igualmente participaron en visitas y espectáculos, compartiendo el entusiasmo de vecinos y visitantes. La pluralidad de presencias políticas evidenció que esta cita trasciende colores y siglas: lo importante era, y fue, celebrar la cultura y el patrimonio en común.
El testimonio ciudadano puso el broche: “Es difícil estar en misa y repicando, porque había demasiadas cosas a la vez”, bromeaba un asistente a la salida del Paraninfo. La frase resumía bien el sentir general: la programación era tan abundante que resultaba imposible abarcarla toda en una sola noche.
La edición de este año, además, reforzó tres compromisos claros: la accesibilidad universal, con experiencias diseñadas para personas con discapacidad visual; la sostenibilidad medioambiental, con medidas para reducir el impacto de las actividades; y el impulso a la creación joven, con especial protagonismo de artistas emergentes. Tres ejes que garantizan que el evento siga creciendo con una mirada inclusiva y de futuro.
Cuando la medianoche avanzaba, todavía era posible cruzarse con grupos de visitantes que seguían recorriendo la ciudad, agotando las últimas visitas guiadas o comentando los espectáculos recién vividos. El eco de los aplausos en el Salón Cervantes, la emoción del público en el Corral de Comedias o la imagen de cientos de personas subiendo los peldaños de la monumental escalera de las Escolapias quedarán grabados en la memoria de quienes participaron.
La Noche del Patrimonio dejó en Alcalá la sensación de orgullo compartido y de misión cumplida: demostrar que la cultura y el patrimonio no son reliquias del pasado, sino un bien vivo, capaz de convocar a miles de personas y de emocionar en presente.

















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