NO AL CAED | Por Pilar Blasco

En esta nueva tribuna, Pilar Blasco cuestiona el cambio de denominaciones del centro de acogida de inmigrantes en Alcalá y alerta sobre lo que considera una manipulación del lenguaje al servicio del poder. Con un tono crítico hacia las políticas migratorias y sus consecuencias sociales, la autora recurre a la memoria reciente y a su propia mirada para denunciar la inseguridad y el desarraigo cultural. ALCALÁ HOY publica este artículo como parte de su compromiso con la pluralidad, sin que ello suponga necesariamente compartir las opiniones expresadas.

Varios migrantes a su llegada al Centro de Emergencia, Acogida y Derivación en el Acuartelamiento ‘Primo de Rivera’ en Alcalá de Henares el pasado mes de noviembre. (Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones)
  • Pilar Blasco es  licenciada en Lengua española y ha colaborado en publicaciones locales en temas de actualidad política y cultural.

Por casualidad este título parece un nombre árabe. No es intencionado, desde luego, pero coincide con el estilo y la intención del neolenguaje orwelliano que funciona en los últimos años,  introducido subliminalmente en soporte de las nuevas idologías, lo practicamos mansamente y sin rechistar, sin cuestionarnos nada.  De forma que ya no le damos importancia a que las cosas cambien de nombre según le interese al poder, obviando su naturaleza intrínseca y su nombre original, en el que está la sustancia y la esencia de la cosa, según los lingüistas. Al parecer es uno de los métodos para cambiar la realidad, según los administradores del pensamiento único. De modo que hay que tener la cabeza fría y años a la espalda para creer lo que ven nuestros ojos y no lo que dicen los apóstoles de la agenda globalista por todas sus terminales.

Me remito a alguno de mis artículos (noviembre 23 y enero 24) en los que se llamaba CETI al centro de acogida de inmigrantes ilegales incontrolados en el Cuartel Primo de Rivera de Alcalá, en este caso, como en el resto de ciudades de España donde el poder omnímodo ha decidido ubicarlos, en todos los casos contra la opinión y los deseos y el temor de sus habitantes, incluso de los que no lo confiesan por afinidad ideológica con el régimen.

Va ya para dos años de aquellos primeros movimientos ciudadanos con manifestaciones frente al ayuntamiento, lectura de manifiestos y alguna otra movilización que, como ocurre en España, no sirvieron ni sirven para nada. Pues el Estado y el Gobierno (los gobiernos) no es concebido como el ente que escucha la voz del pueblo y atiende sus demandas, sino que obra según sus intereses, económicos mayormente, personales de los dirigentes, electoralistas, etc. Al punto de que la sensación de los españoles que conservan la mencionada mente fría y el espíritu en su sitio, que no están mantenidos por las arcas públicas ni sujetos de alguna forma al régimen, la sensación es de que el Estado y los gobiernos, en este momento, actúan contra el pueblo y sin el pueblo. Con la engañosa y falaz fachada democrática por medio, que es lo peor. Cuando estábamos oficialmente en una dictadura sabíamos a qué atenernos, ahora ni eso.

De modo que el CETI, Centro de Internamiento Temporal de Inmigrantes de 2023, ha devenido en CAED, Centro de Atención, Emergencias y Derivación de 2025, de momento. Lo dicho, neolenguaje ambivalente manipulador para tratar de cambiar la tozuda realidad, que es que lo que tenía que pasar está pasando y lo que muchos anunciamos hace dos años se está cumpliendo. Que la tal acogida es un subterfugio del poder para fines inconfesables como la trata y tráfico de personas a cambio de dinero, el que les cobran a ellos las mafias (miles de euros a subsaharianos) y el que cobran las llamadas ONGS del estado español, o sea de nuestros bolsillos, más el que se queda por el camino, en forma de alquiler de hoteles, viviendas e instalaciones, personal, cáterin y otros negocios. Todo acaba en lo mismo.

La segunda consecuencia -parte del plan en realidad- llevada a cabo con la frialdad y la determinación de una apisonadora despiadada y sorda es la sustitución étnica, demográfica y cultural que está arrasando las sociedades europeas y la española, con la complicidad de los odiadores de lo propio, España en nuestro caso, de su vertebración, sus costumbres, religión, historia, bienestar y seguridad en favor de lo extraño y ajeno, lo innecesario, lo peligroso y dañino en muchos casos. Ninguna novedad, la historia de nuestro país está llena de ejemplos de traición interior, valga la redundancia, con resultados conocidos, de los que han costado sangre, sudor y lágrimas, años y siglos de recuperación. Esta es de las peores puesto que funciona y se inocula envuelta en buenismo, solidaridad, justicia y otros mantras que incluyen la descalificación y el peor insulto al disidente, el que osa pensar, analizar, denunciar y llamar a las cosas por su nombre. Cancelación se llama ahora.

Sin embargo la consecuencia más dramática, trágica en ocasiones, demasiadas ya, es la que estos días y meses ocupa las páginas de los medios, la inseguridad en las calles. A principios del siglo XX se prohibieron las armas blancas en España, ahora están a la orden del día las de todos los tamaños, incluidas las de grandes dimensiones, desconocidas hasta hace pocos años, importadas  para sus fines, que no son los de desbrozar  la selva ni recolectar el maíz en los campos, sino la de segar miembros y vidas humanas de madrugada en las calles de nuestros pueblos y ciudades. Peleas y agresiones con machete, diarias en cualquier barrio de gran y no tan gran ciudad. La persecución de aquel sacristán hasta matarlo, la de jóvenes en las puertas de los bares, las sin causa ni motivo, que son casi todas.

Aún hay otra, más grave y alarmante, las salvajes violaciones de mujeres, jóvenes y niñas, en solitario y en manada. Cuidadosamente silenciadas, ocultadas y disimuladas por los medios oficiales y las tertulias del régimen cuando se trata de agresores extranjeros especialmente de origen magrebí, término que también envuelve la nacionalidad más frecuente y reincidente, la de los súbditos de Mohamed VI, seguida de argelinos y subsaharianos. Esos elementos que deambulan por la geografía española con una abultada mochila de delitos a sus espaldas, procedentes de diversas comisarías y juzgados y expelidos periódicamente de las cárceles de Marruecos a voluntad de su soberano, el “comendador de los creyentes” del que ya somos súbditos, queramos o no, por decisión de nuestro gobierno. Todo inexplicable e inexplicado.

Y todo pagado por nosotros, las víctimas de este sindiós, de este desorden intencionado y dirigido, de esta traición de los mandamases de la satrapía en la que han convertido España, para amedrentarnos y someternos mientras se forran y forran a los suyos sin moral y sin límites.

Acabando este texto, me acabo de enterar de que otra muchacha alcalaína ha sido violada brutalmente en nuestras calles. Dolor y rabia.

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1 Comentario

  1. Algún día, y ese día llegará, alguien tendrá que explicar y justificar la llegada de millones de africanos a España sin ningún tipo de control para que sean mantenidos y cometer aquí todo tipo de crímenes y delitos sin tener ninguna necesidad de ello.

  2. Preciso análisis de la actual realidad que, como la desencadenada en ocasión anterior en 711, costará siglos revertir, y también ahora como entonces propiciada por los habituales traidores de las clases altas que, para someter a los trabajadores y engrosar sus fortunas, son capaces de hacer tabla rasa de la nación, la cultura y la tradición. Liberalismo y capitalismo traficando con seres humanos para tener un ejército de reserva de mano de obra barata; una nueva forma de esclavitud.

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