Alcalá intensifica el ‘fregao’: jabón, mangueras y mucha voluntad en el Distrito IV

El Distrito IV de Alcalá se ha convertido estos días en escenario de un fregado urbano de proporciones épicas. Mangueras a presión, botas de agua y chalecos reflectantes protagonizan la operación limpieza intensiva puesta en marcha por el Ayuntamiento. Con un despliegue de 15 operarios y litros de jabón a discreción, la campaña quiere dejar calles, aceras y hasta imbornales relucientes, queriendo demostrar que aquí no se escatima ni en agua ni en voluntad.

Foto del Ayuntamiento
  • Con 15 operarios, cuatro hidrolimpiadoras y litros de jabón, el Ayuntamiento convierte el Distrito IV en un improvisado spa urbano para baldosas y aceras.
  • Fotos del Ayuntamiento

El Ayuntamiento ha decidido que al Distrito IV no le faltará ni escoba ni manguera este septiembre. Bajo el título solemne de “operación limpieza intensiva”, lo que se ha puesto en marcha es un auténtico fregao urbano con 15 operarios, tres baldeadoras, cuatro hidrolimpiadoras y más jabón que en una lavandería de barrio. La misión: dejar las calles tan brillantes que hasta Unamuno, Alberti o Torrente Ballester —que dan nombre a varias avenidas del distrito— resucitarían para pasear a gusto por ellas.

El concejal-presidente Antonio Saldaña, que estos días ha cambiado el traje por el chaleco reflectante, lo resumió con solemnidad: “Queremos que los vecinos perciban que su barrio importa y que el Ayuntamiento trabaja para ellos cada día”. Los más escépticos, mientras tanto, esperan percibir que al menos las baldosas de su acera ya no estén pegajosas.

La operación incluye de todo: barrido manual (ese de toda la vida que suena a cepillo contra bordillo), baldeo mixto con agua a presión, desbroce de alcorques, retirada de hierbajos rebeldes en las aceras y hasta limpieza de imbornales, esos agujeros que siempre parecen tragarse lo peor del barrio. Vamos, un spa municipal para el asfalto.

Entre las calles tratadas figuran la Avenida José María Pereda, Octavio Paz, Rafael Alberti o la Avenida de los Jesuitas, que seguramente ya rezan para que dure el milagro. En total, 1.722 horas de trabajo con un presupuesto de 200.000 euros, lo que viene a ser un buen lavado a presión de las cuentas municipales también.

Eso sí, desde el Consistorio insisten: esto no sustituye a la limpieza diaria, sino que es un plus, como ese extra de suavizante que uno echa cuando viene visita. El objetivo, dicen, es mejorar la calidad de vida y que los vecinos puedan volver a sacar la silla a la puerta sin miedo a que el polvo les gane la partida.

En definitiva, Alcalá ha sacado la artillería de jabón para demostrar que en el Distrito IV no habrá ni hoja caída ni chicle pegado que resista. Y, de paso, dejar claro que aquí, cuando se hace limpieza, se hace en mayúsculas.

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