Teófilo Lozano deja la Concejalía de Salud en Alcalá y obliga a Judith Piquet a mover fichas en el gobierno local

En plena resaca de las Ferias, el Pleno de Alcalá abordará el próximo 1 de septiembre la renuncia de Teófilo Lozano, concejal de Salud y uno de los fichajes técnicos más relevantes del PP en 2023. Su salida no pone en jaque al gobierno de Judith Piquet, pero sí abre un delicado encaje de piezas: quién asumirá el macroárea de Salud y cómo quedará un Ejecutivo que ahora debe mover ficha.

Foto de Myriam Trujillo
  • La salida del concejal de Salud obliga a reordenar piezas en un gobierno que estrenará septiembre con incógnitas.

El próximo lunes 1 de septiembre, cuando en Alcalá aún resuene el eco de los fuegos artificiales y el olor a pólvora de las Ferias, el Pleno municipal tendrá en el orden del día un punto delicado: la renuncia del concejal de Salud, Teófilo Lozano Yagüe, número tres de la candidatura del Partido Popular en 2023 y miembro del núcleo duro del equipo de gobierno de Judith Piquet. Una dimisión que, aún presentada como tránsito personal, plantea preguntas sobre la estabilidad de un Ejecutivo que apenas supera el ecuador de su mandato.

Lozano, médico de profesión y con larga trayectoria en gestión sanitaria, había sido una apuesta fuerte de Piquet para dotar de peso técnico a un área sensible. Su currículum en la gerencia de salud de Valladolid, su paso por Burgos y, más recientemente, su puesto de subdirector médico del Hospital Universitario Príncipe de Asturias le habían conferido autoridad a la hora de encarar un área que combina prevención, promoción de hábitos saludables y respuesta a emergencias sanitarias. Su renuncia, además, llega en paralelo a un relevo en la propia gerencia del hospital complutense, lo que inevitablemente conecta planos y alimenta interpretaciones.

La versión oficial insistirá en que se trata de una decisión estrictamente personal, de esas que llegan sin dramatismo y se resuelven con la fórmula de la gratitud y los buenos deseos. Sin embargo, no es baladí que se marche quien ocupaba el tercer puesto de la lista electoral, inmediatamente después de la alcaldesa y la primera teniente de alcaldía, y que tenía bajo su responsabilidad un área de enorme visibilidad. Más aún cuando, en los últimos meses, Lozano se había visto en el centro de la controversia por los episodios de legionella y su encendido cruce de declaraciones con la oposición socialista.


¿Crisis de gobierno? No tanto, pero sí reajuste

No parece que estemos ante una crisis política de calado que ponga en cuestión la continuidad del Ejecutivo local. Ni siquiera el PP, con su mayoría reforzada, se enfrenta a un problema numérico. Pero la salida de Lozano obliga a reordenar el organigrama. El “macroárea” de Salud no puede quedar huérfano y habrá que designar un nuevo responsable. Y la entrada de un nuevo edil, todo apunta al siguiente en lista, Víctor Jesús Cobo Franco, gestor cultural ligado al folclore y a La Nacencia, no encaja de forma automática en el esquema actual.

Ahí reside la cuestión de fondo: el gobierno de Piquet deberá decidir si se limita a una recolocación funcional,quitar una pieza, poner otra, o si aprovecha para ajustar más áreas y redistribuir competencias. En cualquier caso, habrá un debate político y habrá explicaciones que dar. La oposición, con seguridad, exigirá más transparencia de la que hasta ahora se ha ofrecido en temas tan delicados como la salud pública y las alertas sanitarias.


El contraste de perfiles y las preguntas en el aire

La figura de Víctor Cobo, en caso de incorporarse al Pleno, subraya el contraste. De un médico especializado en gestión hospitalaria se pasaría a un gestor cultural y coreógrafo con dilatada experiencia en el folclore extremeño y la enseñanza de danza en la Universidad de Alcalá. No es que falte legitimidad, los ediles representan a la ciudadanía, no a gremios, pero el salto de perfiles no pasará desapercibido. Además, se da la circunstancia de que Cobo es paisano y compañero histórico de la primera teniente de alcaldía, Isabel Ruiz, también vinculada a La Nacencia. Un detalle que añade lectura interna al movimiento y que puede reforzar la pata cultural del gobierno local.

El hecho de que el actual concejal de Cultura, Santiago Alonso, ya provenga también de ese ámbito hace pensar en un Ejecutivo con dos perfiles de corte cultural y asociativo en puestos relevantes. Algo que inevitablemente abrirá debates sobre el equilibrio de competencias y la gestión de áreas técnicas.

¿Qué pasará con la Concejalía de Salud? ¿Se asignará a Cobo, pese a su perfil cultural, o se reubicará en otro edil del grupo popular? ¿Aprovechará Judith Piquet para realizar un reajuste más amplio de áreas, incorporando nuevos equilibrios políticos internos? ¿O se quedará todo en un movimiento estrictamente funcional?

De momento, lo único claro es que el Pleno del próximo lunes será la primera oportunidad para que el gobierno local dé explicaciones y despeje dudas. Y aunque no parece que Alcalá vaya a vivir una crisis política mayor, la salida de Lozano sí marca un punto de inflexión: se marcha uno de los pesos fuertes de la candidatura de 2023, y su relevo no será indiferente.

La política, como la vida, no admite vacíos. El acta de Lozano será ocupada y su área, reasignada. Pero lo que aún no se sabe es si este movimiento quedará en una anécdota administrativa o en la primera pieza de un reajuste de mayor calado en el gobierno complutense. La respuesta, con seguridad, la tendremos a la vuelta del verano festivo, cuando la pólvora de las Ferias aún flote en el aire y el pleno extraordinario abra un nuevo capítulo en la política local.

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