
- La oposición exige explicaciones por el uso privado y opaco de un bien público adquirido para fines institucionales.
Tres días después de que varios medios revelaran su estancia en un chalé público con piscina, Isabel Díaz Ayuso ha dado la cara. Y como es habitual, no ha decepcionado: «Me llevé mi comida de casa, cené en un restaurante del pueblo y compré en el Covirán con mis medios», ha declarado la presidenta madrileña, erigiéndose una vez más en víctima de una persecución política que, según ella, llega ya al extremo de querer fiscalizar su táper.
La vivienda en cuestión no es precisamente un refugio rural. Se trata de un inmueble adquirido en 2023 por la Comunidad de Madrid por valor de 4,3 millones de euros. Ubicado en El Paular, a las puertas del Parque Nacional de Guadarrama, fue comprado —según el expediente público— para albergar actos institucionales, visitas oficiales o encuentros de trabajo. Pero el pasado fin de semana, según ha confirmado la propia Ayuso, sirvió para que la presidenta descansara junto a su pareja y familiares. Sin comunicados. Sin agenda. Sin explicaciones previas.
El diario El País destapó la historia, a la que se sumaron otros medios como eldiario.es y La Sexta. La primera reacción del Gobierno madrileño fue negar cualquier irregularidad: “Es un uso permitido. Muy austero. La presidenta no usó ningún servicio de la Comunidad. Ni camareros, ni cocineros”, aseguraban fuentes de su entorno. Todo legal, todo doméstico, todo muy “yo me lo guiso, yo me lo como”.
“Si me voy debajo de un puente, investigan el terreno”
Lejos de despejar dudas, Ayuso ha optado por la vía del sarcasmo y la ofensiva. «Si me fuera debajo de un puente, le buscarían la trama al terreno del puente», ha dicho ante los periodistas. Una frase que pasará directamente al repertorio ayusista, junto al clásico “comunismo o libertad” o el más reciente “vivía con mi madre y mi perro”.
La presidenta ha acusado a “la dictadura comunista” de proteger a Pedro Sánchez mientras se intenta destruir su imagen con escándalos inflados. En su intervención ha sacado a relucir “cuatro palacetes durante siete años” en los que, afirma, no hay transparencia sobre quién entra, qué se negocia ni cuántos séquitos se arrastran. Ha vuelto a mencionar sobres, prostíbulos y pisos pagados con dinero negro, lanzando insinuaciones sin pruebas ni datos, como quien lanza migas a las palomas.
Según su versión, ella se lo paga todo: vacaciones, vuelos, hoteles, restaurantes, pareja, casa. Hasta las lentejas del táper. “Y aún así, si voy a unas instalaciones públicas, malo. Si vivo con mi pareja, malo. Si me alojo en un hotel en pandemia, malo”, ha enumerado. Todo, asegura, es parte de una estrategia para desprestigiarla “de forma chavista”.
Lo que no ha aclarado es lo importante: si es normal que una presidenta utilice una residencia institucional, sufragada con dinero público, para fines personales y sin dejar constancia pública del uso. Tampoco ha explicado por qué no hay registro oficial de la visita, ni si hubo o no escolta, vigilancia, refuerzo de seguridad o cualquier otra derivada operativa que conlleva que la máxima autoridad del Gobierno regional se aloje allí, aunque sea con fiambrera.
Desde la oposición, PSOE, Más Madrid y Podemos ya han exigido explicaciones y transparencia. Denuncian “confusión deliberada entre lo público y lo privado” y “opacidad institucional”. Y reclaman que se regule de forma clara el uso de este tipo de inmuebles. El chalé de Ayuso no es la casa de su tía, sino un equipamiento de titularidad autonómica con un coste millonario.
Mientras tanto, las redes hierven. El #TáperDeAyuso es ya tendencia, entre memes de croquetas, bolsas del Covirán y hamacas en la sierra. Algunos usuarios ironizan con que pronto anunciará una ruta gastronómica de embutido casero entre propiedades públicas. Otros, que El Paular acogerá el primer “Airbnb institucional” con vistas al presupuesto.
La pregunta de fondo sigue sin responderse: ¿es legítimo usar patrimonio público para escapadas privadas solo porque se lleva uno la comida de casa?
Ayuso lo tiene claro: sí. Siempre que haya filetes empanados y personal excepcional en el supermercado.
















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Osea que si me llevo el tupper de casa ¿puedo ir el fin de semana con mi familia?