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Las campañas de difusión financiadas por adjudicatarias empiezan a revelar un patrón de afinidades bien engrasado.
En octubre de 2024, la empresa ROTOTANK S.L. ganaba el contrato para suministrar contenedores de biorresiduos. Entre las condiciones, 5.000 euros destinados a campañas informativas. Nada fuera de lo común. El resultado ha aparecido hace apenas tres días en YouTube: un vídeo de buena factura técnica, aunque con una voz en off discreta. Producción externa canalizada por un medio local. Legal. Pero ¿cómo se eligió ese canal?
Lo mismo ocurre ahora con el proyecto de la Zona de Bajas Emisiones. Otra empresa, Paisajes Sostenibles S.L., esta vez con 25.000 euros presupuestados para comunicación. Y otra vez, sin concurso ni anuncio público, nos encontramos con los mismos nombres, los mismos canales, el mismo patrón. Un banner, un encargo audiovisual. Todo muy bien engrasado.
No es que uno no se alegre del dinamismo empresarial ajeno. Pero, cuando ves que las campañas de comunicación de dos adjudicatarias distintas caen en las mismas manos y en idénticas circunstancias, empiezas a preguntarte si el azar no está demasiado bien informado. Si alguien no está jugando con ventaja. Y entonces es cuando uno levanta la ceja.
En agosto, ALCALÁ HOY cumple diez años. Diez años de periodismo de calle, de contrastar, de ir al tajo. Diez años con gobiernos de uno y otro signo. Hemos estado ahí, siempre, a pie de obra y de pleno, con mejores y peores momentos, como toda esta convulsa década que llevamos encima pero sin perder la voz. Testigos de nuestro tiempo. Con el valor de la transparencia. OJD Interactiva certifica nuestras audiencias desde enero de 2020. ¿Cuántos medios pueden decir lo mismo? Ninguno, al menos en nuestro entorno más cercano.
Ahora parece que la tendencia en materia de comunicación pública o mejor dicho, de comunicación financiada con dinero público aunque vehiculada por empresas privadas es otra. No se busca tanto la pluralidad como la afinidad. No importa tanto la trayectoria, la capacidad o la audiencia como estar en el sitio correcto en el momento justo. ¿Quién avisa? ¿Quién filtra? ¿Quién sugiere?
En los dos casos aquí citados, contenedores y Zona de Bajas Emisiones, la financiación de las campañas de información está recogida en los contratos gestionados desde la Concejalía de Patrimonio Histórico, Medio Ambiente y Limpieza. Pero no parece que esa información haya circulado por los canales habituales. Quien sí parece tener acceso directo es el Director de la Oficina de Comunicación Municipal, a cuya puerta llaman los que saben cuándo y por qué hacerlo.
Durante el anterior mandato municipal, las empresas concesionarias de obras y servicios recibían directrices claras: las campañas informativas debían regirse por criterios objetivos, difusión acreditada, audiencia, antigüedad y vinculación con el entorno local, para garantizar pluralidad. Así, medios como ALCALÁ HOY y otros formaban parte habitual del ecosistema comunicativo.
La situación actual parece haber virado. En ambos casos mencionados, dos empresas distintas, dos campañas distintas, la ejecución ha recaído en el mismo medio y bajo la cobertura del mismo canal de producción. Una coincidencia demasiado perfecta como para atribuirla al azar o a la iniciativa espontánea de las empresas.
La impresión general es que hay alguien que, por algún motivo, siempre está donde tiene que estar y en el momento justo. No se trata de acusar, pero sí de preguntarse si el acceso privilegiado a determinada información institucional, como los plazos, los criterios técnicos o los futuros contratos, no está marcando la diferencia. Y eso convierte a quien lo tiene en un jugador de ventaja.
El problema no es que un medio trabaje para empresas adjudicatarias. El problema es cuando el acceso a esos trabajos parece depender de una interlocución privilegiada con el gobierno municipal. Cuando se confunde lo público con lo discrecional, lo técnico con lo afín.
Porque una cosa es externalizar la comunicación de una obra… y otra muy distinta es convertirla en una privatización selectiva de la narrativa institucional, sufragada, en última instancia, por el bolsillo de los contribuyentes.
No se trata de llorar. Ni de acusar. Se trata de señalar lo que se ve: que mientras unos corren la carrera desde la salida, hay quien sale ya doblando la última curva. Porque alguien le ha abierto la puerta del vestuario. Y sí, claro que da rabia. Pero también nos da impulso.
Que no se equivoquen. Seguiremos aquí. Observando. Informando. Molestando cuando haga falta. No por despecho, sino por compromiso. Porque la comunicación institucional, aunque la pague una empresa privada, sigue siendo, en el fondo, cosa pública. Y lo público exige criterios, no afinidades. Porque público es el dinero con que se paga.
Así que cada quien saque sus propias conclusiones. Nosotros, como siempre, ya estamos en la calle.

















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Otra cacicada más de este gobierno. En este caso de su concejal de farolas, cruces y medio ambiente. y del director de tergiversación. ¡Alcaldesa ponga orden!
Pedro no te calientes en la cocina siempre está el mismo G.inseverien
«No se trata de llorar. Ni de acusar. Se trata de señalar lo que se ve: que mientras unos corren la carrera desde la salida, hay quien sale ya doblando la última curva. Porque alguien le ha abierto la puerta del vestuario. Y sí, claro que da rabia».
En cualquier organo de la Administración siempre hay QUIENES saben dónde tienen que estar, pero cuando gobierna la derecha, esa presume de ser TRASPARENTE, el tema se vuelve soez y eso es lo que sucede en Alacalá, vamos un «MOntoro» en pequeñito.
¡Muy bien,Pedro Enrique!
¡Ánimo!