- Blanca Ibarra Morueco, Concejala del PSOE de Alcalá de Henares
Ayuso dice que Miami es libertad.
Pero la señora que la abraza con 82 años sigue fregando suelos porque no tiene pensión ni sanidad.
¿Ese es el modelo? Que no nos tomen por idiotas.
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— Blanca Ibarra (@bimmr90) June 25, 2025
Qué cosas nos trae el verano, ¿verdad? Ayuso se nos ha ido de gira por Miami estos días y, como siempre, tenía que montar algún numerito. Esta vez lo ha hecho con vídeo viral incluido: una señora de 82 años la para en una de sus visitas, la abraza, le dice que huyó del comunismo cubano, le planta dos besos y, ya de paso, aprovecha para desahogarse contra Pedro Sánchez. La verdad es que quedó una escena muy espontánea. Tan espontánea como esas que parecen escritas por el mismo guionista que le prepara los discursos. Y ahí estaba Ayuso, con su cara de “esto me viene que ni pintado”, aprovechando para soltar lo de siempre: que ese es su modelo de libertad.
Pero si escarbamos un poco, la historia cambia bastante. Porque resulta que esa señora, con 82 años, sigue fregando suelos en Miami. No tiene pensión. No tiene sanidad pública. No tiene absolutamente nada. Vive en el paraíso liberal que tanto le gusta a Ayuso, ese donde si no trabajas hasta caer redonda no puedes ni pagarte las pastillas de la tensión. Donde jubilarse es un lujo y enfermar, una ruina.
Eso es Miami. Un modelo neoliberal sin red de seguridad alguna, sin derechos y sin futuro. Libertad, sí, pero para los de siempre. Para el común de los mortales, precariedad y abandono. Por eso da tanta rabia ver a la presidenta de la Comunidad de Madrid utilizar ese relato como ejemplo, como aspiración. Porque mientras aquí algunos luchamos por sostener una sanidad pública que funcione y unas pensiones dignas, ella nos quiere vender que el futuro está en parecerse a eso: a una señora de 82 años fregando suelos porque no le queda otra.
Pero reconozco que hasta hace unos días a mí me faltaba algo. No terminaba de encajar el porqué del viaje. Alguna pieza se me escapaba. Por suerte, las dudas se despejaron en cuanto supimos que la jueza que investiga al novio de Ayuso, el defraudador confeso pero ciudadano ejemplar, ha ordenado a la UCO investigarlo a fondo por presunto blanqueo y sobornos millonarios relacionados con el grupo Quirón. Vamos, que no se ha creído ni media palabra de lo que declaró hace unas semanas. Así que, otra vez, lo de siempre: en cuanto asoma una bomba judicial en su entorno, Ayuso desaparece. Se va de viaje, se aleja de la prensa española y espera a que escampe. Ahora ya entendemos mejor por qué ha puesto un océano de por medio justo estos días. Es que no falla.
Y no es casualidad que todo esto gire en torno a la sanidad madrileña. Porque mientras la presidenta presume fuera de nuestras fronteras, aquí seguimos sufriendo las consecuencias de sus políticas: listas de espera interminables, urgencias colapsadas, contratos millonarios y opacos para grupos privados… Y mientras tanto, su pareja imputada por lucrarse precisamente gracias a ese modelo de privatización desmedida de los servicios públicos. Servicios públicos que ella lleva años desmantelando desde dentro. ¿Cómo no va a querer parecerse a Miami, si allí el negocio es redondo?
Que va, señora Ayuso, España no es Cuba. Ni Venezuela. Pero tampoco es Miami. Ni falta que hace. Aquí no queremos tener que elegir entre morirte de hambre o de un infarto porque no puedes pagar una noche de hospital. Nosotros, los socialdemócratas, sí creemos en la libertad, pero en una de verdad. En la que te permite vivir con dignidad, jubilarte con derechos y no mendigarle la salud a un sistema privatizado.
Así que basta ya de vendernos garbanzos podridos como si fueran caviar. Porque Madrid no es Miami. Y queremos que siga sin serlo.

















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Se puede decir más alto pero no más claro.
Al menos no mete prostitutas en empresas públicas. Algo es algo.