- Pilar Blasco es licenciada en Lengua española y ha colaborado en publicaciones locales en temas de actualidad política y cultural.
Comprendo el temor de los medios a verse adscritos a una tendencia política determinada. Especialmente si la tendencia en cuestión es maldita por el sistema imperante. En España el sistema imperante o régimen, dependiente directo del poder (omnímodo en este caso), el poder oficial correcto, bienhechor, bienpensante y demás epítetos en positivo auto atribuidos porque sí, sin prueba que los avale, es el que reparte los carnés entre buenos y malos. Excluyendo de paso, exiliando mediante un muro virtual (de momento) a aquel que no responde a las reglas que el mismo poder omnímodo ha «dictado». Ese es el primer paso, luego viene el señalamiento, la persecución y el castigo hasta la muerte civil, si el señalado no abandona sus ideas y reincide en su rebeldía moral frente al abuso. Las reglas o leyes que para justificarse, el poder PROGRE ha dictado al efecto, se ajustan a los fines. Véanse memoria histórica, género, delito de odio, etc. Que no existían por aberrantes, hasta que el régimen las impuso. Hay que decir que en ocasiones con el consenso o el silencio de las propias víctimas de esas leyes ad hoc. Véase oposición alternante y blandita.
Hay víctimas conocidas entre los señalados y perseguidos. Algunos han puesto tierra de por medio en busca de la libertad de expresión, la fiscal (crujidos a impuestos) y la económica. Otros no pueden o no quieren escapar, ejercen rebeldía libertaria al amparo de las redes sociales aún no controladas (no porque el poder no lo haya intentado) hasta donde la censura les permite, arriesgando su seguridad y su fama bajo la zarpa todopoderosa del régimen. De estas realidades actuales en España, habituales en otros países de parecido sistema, imaginen ustedes, deriva el temor de Los medios de comunicación a ser adscritos a uno de los lados del muro, el de los conservadores, o fachas según la nomenclatura del repartidor oficial de licencias maniqueas.
A este estado de cosas ha evolucionado, aunque no tanto, la antigua división ideológica y sociocultural de otros tiempos. La denominación Conservadores y progresistas es decimonónica, con variantes entre moderados, exaltados, liberales y absolutistas, monárquicos y republicanos, etc. Hasta la más común y simple de Izquierdas y Derechas. Ninguna ya corresponde en esencia a los antiguos valores y principios, ambas han evolucionado con los tiempos y las circunstancias como es natural. Ni los conservadores son los inmovilistas celosos del status y la jerarquía política y social, ni los progresistas son los legendarios luchadores por la libertad y la igualdad social, aunque lo digan y lo repitan. La sociedad del siglo XXI, la española en este caso, es o era diferente por muchas razones. En particular por haber superado grandes conflictos de consecuencias desgraciadas y haberse modernizado y consolidado en paz.
En fin, los tópicos de otros siglos ya no servían para la realidad objetiva del XXI. Pero al poder omnímodo le interesaba y le interesa mantenerlos pese a la evidencia. Por el poder mismo y por la pasta. Dos grandes motivos. De los que mueven montañas, sobre todo de dinero y privilegios en cantidades ingentes. Para provocar primero y mantener después la división y el enfrentamiento, tan productivo para manejar la sociedad, entre esas partes que no estaban enfrentadas a mediados del siglo XX y después, una de las partes, la llamada progresista, ha puesto en marcha desde que tocó poder democrático, una maquinaria de propaganda ya inventada, de nefastas consecuencias anteriores, consistente en autoproclamarse salvadores de la humanidad, benefactores sociales, abolicionistas del rancio orden antiguo, rompedores de cadenas tradicionales, véase la familia, la nación, las costumbres, la religión, etc. Colocando ellos mismos por oposición a sus bondades, la carcundia y el inmovilismo de los «otros», los fachas, a los que no conceden el derecho a pensar y vivir como les dé la gana. Los mayormente apegados voluntariamente y por convicción a tradiciones y costumbres, a la ley natural de diferencia de sexos y géneros, el respeto a la vida humana, al sector primario, a los himnos y banderas y a los toros. Acoplándose a los tiempos, a los cambios progresivos, no progresistas, que reforman las sociedades, sin perder la cabeza ni la esencia de las cosas. Claro que los hay recalcitrantes inmovilistas y rancios, también ellos tienen derecho a existir y a expresarse. La cuestión está en que el partido en el poder, la ideología dominante, la que presume de tolerancia y resiliencia, no practica esas virtudes con el prójimo. Y como está en el sillón del trono, actúa en consecuencia. A los fachas ni agua. Expulsados a las tinieblas exteriores. Gobernamos para los nuestros y nuestros cómplices.
De este panorama general deriva el temor a ser tildado de facha y ultra y extrema derecha que tienen algunas personas, muchas, instituciones y medios de comunicación, incluso de los llamados libres, a verse siquiera tangencialmente tildados de tal guisa. Lo comprendo, hay que trabajar y ganarse la vida, y sobre todo pagar impuestos para que no te persiga la Agencia tributaria del régimen. El adversario es muy poderoso, los otros medios, los correctos, son mayoría entre públicos y untados, cuentan con mucho dinero procedente del del expolio fiscal a los españoles. Los profesionales, aunque no merezcan tal nombre, son contratados (comprados) por decenas de millones de euros. No les tiembla el pulso ni les acompleja ser acusados de sectarismo y sumisión rastrera, por colaborar en un régimen liberticida, autoritario tirando a tiránico, obedeciendo y adorando a un líder que mejor no califico por cansancio.
Y yo digo que ¡Viva la libertad, etc!
















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La sra. Blasco sigue regalando a los ciudadanos alcalainos sus comentarios patrios. Pilar, permitame que entresaque algún comentario: «(…) es el que reparte los carnet entre buenos y malos…», o este otro «(… luego viene el señalamiento, la persecución y el castigo hasta la muerte civil…», escojo otro trozo «(…) Algunos han puesto tierra por medio en busca de la libertad de expresión, la fiscal y económica»
Sra. Blasco ¡qué bien define al partido político que pertenece en cuerpo y alma! Lo de «los buenos y malos» lo hacen/hacemos todos, pero Vox ¡lo borda!; el «señalamiento, persecución y castigo hasta…» ¡magnifica definición de la ultraderecha que tanto admira! podemos recordar el señalamiento, persecución etc. hacia la familia Iglesias-Montero, y no digamos hacia muchos personajes «progres», lo de poner «tierra por medio en busca de libertad de expresión, fiscal y económica», mujer, lo de «libertad de expresión lo tienen bien asegurado en esta NACIÓN tan controlada por ciertos Poderes… asi que este párrafo no va con ustedes, pero «poner tierra por medio» sobre temas defiscalidad y economía… ¡de 10 lo hacen los boceras de Vox!.
Sra. Blasco, yo también me despido con un ¡Viva la libertad, etc!, aaunque me pregunto si usted se refiere a la «libertad» de las cervecitas que tanto proclama la sra. Ayuso.