- Pilar Blasco es licenciada en Lengua española y ha colaborado en publicaciones locales en temas de actualidad política y cultural.
Qué civilizado resulta en un país que se precie de modernidad y democracia permitir que los ciudadanos puedan disfrutar de sus vacaciones de verano o de lo que sea, habiendo cumplido con su obligación cívica y democrática de depositar su voto en la ventanilla correspondiente del correo nacional. Qué limpio y riguroso resulta, resultaba, acudir con la documentación a la oficina del barrio unos días antes, por si acaso un contratiempo, un viaje, una enfermedad… los poderes públicos lo prevén todo, lo cubren todo y se preocupan de las contingencias hasta los detalles. Qué gusto estar en un país civilizado y democrático. Nótese la ironía por lo que viene después y todos ya sospechábamos y algunos, los que están en el ajo, saben.
El pucherazo es cosa de países bananeros, dicen. Y el pucherazo comprobado y desmentido por las cifras reales ocurre en Venezuela, por ejemplo, ante los ojos de todo el mundo y no pasa nada. La política del no pasa nada y todo vale es aplicada en dictadura de la peor especie. De las que encarcelan al opositor sin motivo ni esperanza, las de los desaparecidos y cadáveres en los caminos sin explicación ni investigación, entre otras cosas porque los investigadores pueden correr la misma suerte. Las dictaduras del exilio masivo como método de dominio sobre los que se quedan bajo el terror. La de los supermercados vacíos y el salario de 3 euros. Las tiranías del papel higiénico. La falta de ese producto es parte nada despreciable de la política de la humillación. El motivo de que falte un producto tan barato y fácil de importar es de crueldad máxima. Recordemos que durante la pandemia la gente salía del súper acaparando de forma insolidaria y cutre, con el carrito lleno de rollos de papel y bolsas de harina y productos básicos, sin pensar en el prójimo. Visión horrenda de lo que puede llegar a hacer la plebe cuando se le pone a prueba de sometimiento y escasez.
Por eso cuando los venezolanos comprobaron sin remedio el fiasco de las elecciones de hace un año, a pesar de las pruebas informáticas concluyentes en manos de una María Corina Machado triunfante con el manojo de folios impresos con el setenta por ciento a su favor, muchos pensamos con infinita pesadumbre y dolor, que no pasaría nada. Que el tirano corrupto seguiría en el sillón a sangre y fuego, protegido por su guardia pretoriana de narcos millonarios impunes y con el desinterés cómplice de las grandes empresas que chapotean en la podredumbre política y económica y en la miseria social, que mirarían a otro lado en caso de que Maduro reprimiera la reacción como acostumbra. Nadie ha contado los desaparecidos y muertos que costaron aquellas manifestaciones masivas en las que toda Venezuela se echó a las calles. Todo con el silencio atronador de la progresía madurista española, la que comparte poder con el gobierno Sánchez.
Se empieza por preparar a conciencia y con la sociedad desprevenida un aparato de propaganda a todos los niveles, sistema educativo incluido, compra de medios audiovisuales, mundo del espectáculo, la llamada cultura, etc. Se bucea en las cloacas del estado en busca de corrompibles fáciles, por sectarismo o por dinero y puestos estratégicos para los que no se requiere preparación técnica, solo fidelidad al régimen. Se quita de en medio a base del bulo y la calumnia a gran escala a los elementos disidentes, los rebeldes íntegros a base de moral y honradez, sentido del deber y conciencia limpia, hasta su muerte civil y profesional (cancelación lo llaman en neolenguaje). Se dictan leyes por decreto, sin consenso y saltándose las instituciones si hace falta (no pasa nada). Se coloca a los afines y amigos de toda especie, del colegio, de la familia, de la política, en puestos clave con sueldo astronómico y la bolsa pública y privada cerca de sus sucias manos.
Mientras esas especies depredadoras sin escrúpulos se enriquecen obscenamente sin medida, se procede a pauperizar a la sociedad inadvertida con el método de la rana en el agua, ya saben, poco a poco, a base de encarecer la vida a todos los niveles con el engaño de salarios mínimos, inversamente proporcionales a los productos y servicios de primera necesidad, subsidios de supervivencia para el que no da palo al agua, expolio fiscal al que produce, etc., etc. Además de la invasión migratoria al alza sin control comprada al efecto electoral, con sus consecuencias añadidas.
Cuando llega a las masas económicamente degradadas, dedicadas a buscarse la vida en sentido literal, sin tiempo para la reflexión y el razonamiento, una gran parte de ellas abducidas por la ideología machacona de los medios embrutecedores, cuando llegan los escándalos inevitablemente descubiertos por la prensa libre (la fachosfera) uno tras otro y varios a la vez sin tiempo para asumirlos, en medio del caos de la información acumulada y contradicha masivamente y sin piedad por los medios oficiales, el individuo, el español en este caso, opta por no creer en nada ni a nadie. Es la salida y la huida hacia delante comprensible del ciudadano de a pie, víctima inerme de la campaña de desinformación masiva, de la contradicción y del embrollo político.
Y en ese punto de confusión, con la sociedad al límite de sus fuerzas morales y económicas, en el momento oportuno es cuando el sátrapa decide con sus atributos viriles, porque yo lo mando, va y convoca elecciones. Cuando las encuestas que diariamente y al minuto manejan en la Moncloa los innumerables asesores y expertos en demoscopia y control psicosocial, empiecen a ser adversas, cuando ha habido unas municipales y autonómicas favorables a la extrema ultra facha derecha, antes de que la cosa vaya a más, aprovechando que es verano y los 40 grados jugarán a su favor, que la gente nos vamos de vacaciones merecidas a la periferia y cada vez menos al extranjero, va el guapo de la Moncloa y pone las urnas con un par. Por qué. Porque la maquinaria electoral está engrasada de veces anteriores, ya sospechosas y se ha ido perfeccionando con la práctica.
Ahí es donde entra en juego el servicio Nacional de Correos y Telégrafos, en otro tiempo tan honorable y eficaz. No porque sus funcionarios sean cómplices corruptos, que también los habrá sin duda, sino porque al frente del organismo hay un sicario/a del gobierno puesto al efecto. Leire Díez, alias la fontanera, sin ir más lejos. De profesión periodista de investigación de las cloacas gubernamentales, según sus palabras, para escribir un libro. Si la falta de papel higiénico es una humillación insoportable, qué decir de contemplar a esta tipa en las pantallas con la cara de hormigón, sin sonrojarse por supuesto, sin despeinarse la melena rubia charo, sin vergüenza, en una palabra, contar esas trolas tan ofensivas y humillantes, a la prensa, a la comprada y a la que quiera oírla.
Sin entrar en otras cuestiones de la fontanera, las referentes a desatascos varios sobre funcionarios honorables, sobre la UCO y los jueces, solo pensar que ha estado al frente de oficinas de Correos en fechas electorales, confirma la sospecha fundada del fraude a favor de Sánchez y el PSOE. Junto al traspaso informático de los recuentos a cargo de INDRA (dicen que también lleva el recuento en Venezuela), la destrucción de los sobres y papeletas antes de tiempo, el traslado de las actas y otros detalles, en otros tiempos carentes de interés y ahora primordiales. Desde el 23 de julio 2024 en que las señales del puchero aquí y allá fueron inequívocas y pública, ahora las declaraciones desahogadas y embarulladas de la periodista cloaquera, jefa y colaboradora de diversos servicios del estado, en calidad de enchufada a sueldo del régimen sin merecimientos profesionales, como todo el equipo del actual gobierno, son motivo suficiente para confirmar sospechas fundadas.
A la atención de ciudadanos a este lado del muro. No VOTEN POR CORREO
















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Gracias Pilar.