- Pilar Blasco es licenciada en Lengua española y ha colaborado en publicaciones locales en temas de actualidad política y cultural.
Las charos son un tipo de féminas con un perfil determinado que con variantes responde al de una señora entrada en años, en ocasiones entrada en volumen, dada su edad y tipo de vida, de aparente clase media (de lo que ahora se considera clase media en España), es decir de posición económicamente cómoda, en la que suelen abundar las funcionarias, a dedo o de oposición, preferiblemente las primeras. De aspecto aseado, peluquería semanal con mechas, vestuario, aderezos y complementos tirando a caros (qué bolsos), lo que se dice de buen ver. De salida regular a restaurantes y espectáculos, turismo anual a cualquier parte del mundo, preferiblemente exótico, etc., en general satisfechas con la vida. Estado civil solteras, divorciadas, casadas liberadas, empoderadas en general. Suelen figurar en primera fila y en selfies con políticos de preferencia, con sonrisa abierta y aplauso embelesado a su amado líder. Van en grupo, amigas afines por ideología, afiliadas, votantes y simpatizantes a un partido de tendencia progre y demostrando campechanía con el populacho, cercanía se dice ahora, solidaridad, feminismo militante, etc., etc.
Dado el feminismo de cuota que hace ya bastantes años se ha impuesto por ley en nuestro país, asumido por izquierdas, derechas y demás tendencias, para no ser menos, las charos, con méritos o sin ellos, han alcanzado el poder por el hecho mismo de ser mujeres y charos. Se puede aducir que las mujeres de hoy en día tienen carreras universitarias y títulos que las avalan, y es verdad, tan verdad que esa condición ya no supone especial mérito, por estar generalizada entre la población femenina y masculina. Para llegar al poder no hace falta el título y la profesión, ni en mujeres ni en hombres, sino estar cerca, a los pies si es posible, del amado líder, facilitarle la vida en el podio, empujarle en su ascenso y partirse el pecho por mantenerlo en él. La devoción y el amor al jefe tiene sus inconvenientes, al punto que en ocasiones hay que bajar al barro, al fango y a las cloacas a limpiar la mugre y desatascar los impedimentos que puedan surgir en el fluir de la trayectoria del prócer y del partido que lo sustenta.
Pero no es gratis, también tiene su recompensa ese amor al capo y ese trabajo sucio que, para no salpicar al jefe, mantener sus manos limpias y su imagen impoluta, asumen los subalternos, vulgo fontaneros. Las compensaciones son varias, desde el sueldo suculento en un puesto público o semipúblico, muy por encima de la media del pueblo llano, a ciertos privilegios y concesiones, oficiales o no, de que suelen disfrutar esos valiosos personajes en la sombra del poder. Pero la ambición humana parece ser que no tiene límites y estos seres de luz en la oscuridad quieren más, se merecen más según ellos. Para conseguir esas compensaciones extra, para ellos, para el jefe y sus familiares, para el partido y el andamiaje del poder omnímodo, acuden a la corrupción extra, la de fuera del poder propiamente dicha o tangencial (difícil discernir dónde acaba y empieza una y otra). Entran en negocios poco claros, con personajes turbios, delictivos y nada recomendables por su riesgo, pero altamente lucrativos. Pero cuando la impunidad asiste por ley o por despotismo al poder de turno, al jefe y a su familia, el riesgo es mínimo o nulo. O eso creen ellos, acostumbrados como están a disfrutar de esa inmunidad e impunidad oficial.
Tranquilos, todo está controlado, por algo llevamos años colonizando todo lo que se mueve, poderes públicos y privados (privados también), instituciones, tribunales, fiscalías, fuerzas y cuerpos, etc. Pero ¡ay, mecachis!, resulta que se cruzan en la tubería del fluir del sistema alegre y confiado, algunos elementos con los que no contaban o que serían fáciles de corromper y asimilar al sistema por el método del ascenso, la medalla y el sueldazo. Resulta que hay incorruptibles e intocables en la sociedad, la civil y la pública. Resulta que hay funcionarios honrados, periodistas invendibles, ciudadanos rebeldes y guardias civiles y policías (menos) que no caen en las redes del millonariado ocasional y rápido, del chaletazo y el ático de 300 m en el centro, del cochazo y los viajes de lujo todo incluido, de las estancias en Paradores con derecho a orgía y sobrinas de catálogo.
Los hay. Y ahí es donde entran a funcionar los desatrancos expeditivos. Sin dudas y sin complejos. A por todas que esto corre prisa, que estamos al borde del descubierto, que hay demasiados infos y yutubers que meten las narices y lo saben todo, periódicos incontrolables que lo publican todo, que las encuestas empiezan a flaquear y no nos va a valer el pucherazo informático ni el voto por correo manipulado, que vamos a perder el aforamiento y eso no puede ocurrir. Y aquí es donde entra el feminismo charocrático, para que no se diga que las mujeres somos menos que los tíos, que si hemos llegado a policías, abogadas, juezas y ministras, también podemos ser fontaneras, con un par. Y con qué desparpajo y con qué poderío ejerce la fontanera charo al servicio de los suyos. No se le puede negar atrevimiento y seguridad a la hora de poner firmes a los posibles ejecutores del desatranco físico, civil y militar del obstáculo en cuestión. Medios los que haga falta, para eso los tenemos. Tú palante ¿vale? Está claro, ¿vale?, Por escrito…, ya veremos, ¿vale?. habrá pocos españoles que a estas horas no hayan oído los whatsApp de Leire y su sicario de ocasión.
Eso es una charo con poder. No sólo para la foto y el apalusómetro en el mitin sino con ejecutoria en los bajos fondos. No importa que en su álbum de fotos aparezcan todos los del retablo socialista, abrazando, sonriendo, felicitando, felices ellos en torno al amado y su bella esposa imputada, cantando la Internacional puño en alto y demás. Como en otros casos, ahora todos la ignoran, disimulan, la menosprecian y se ponen de perfil, según la frase últimamente muy manida porque los escándalos son semanales y no queda otra. Nadie conocía a Koldo, a Ábalos, a David Sánchez, a Jessica…
Nadie conoce Leire Díez. Roma no paga traidores, que dijo el clásico.
















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La mafia de la política en general, vergüenza Española esto es un suma y sigue