-
Sin embargo, los electores británicos debieron de pensar que no lo era, puesto que lo arrojaron del poder una vez concluida la Segunda Guerra Mundial.
- Santiago López Legarda es un periodista alcalaíno que ha ejercido en diferentes medios nacionales.
El destino es caprichoso en extremo y no es fácil quedar como un gigante en la memoria colectiva, por la sencilla razón de que es imposible gobernar al gusto de todos. Vean lo que pasó con Mijaíl Gorbachov, un líder apreciadísimo en Occidente al que los rusos odiaban o despreciaban. Y qué decir de nuestro compatriota Adolfo Suárez, a quien hoy dedicamos rotondas y aeropuertos, pero que en su día fue castigado por los electores, puesto que los partidos que fundó – UCD y luego CDS – quedaron reducidos a la irrelevancia y desaparecieron.
El Partido Socialista Obrero Español, con Sánchez a la cabeza, parece que aguanta mucho mejor que otras formaciones socialistas o socialdemócratas europeas. Así que no podemos saber cómo quedará el Presidente del Gobierno en las páginas de la historia, pero sí sabemos que, a día de hoy, hay al menos un 30% largo de españoles que lo consideran un buen gobernante o, cuando menos, el mal menor frente a los nubarrones que aparecerían en el horizonte en caso de un Ejecutivo integrado por la derecha y la extrema derecha.
Los resultados del PSOE en las recientes elecciones europeas han sido buenos, por lo menos lo suficientemente buenos para que el líder socialista les haya dicho en el Congreso a sus adversarios que tendrán que esperar hasta 2027 para intentar desalojarlo de La Moncloa; y les ha hecho además un vaticinio muy audaz: que volverán a caer derrotados en el intento. Decimos muy audaz, pero también podríamos decir poco realista, porque con los resultados del día 9 de junio por la noche se puede comprobar que el voto nítidamente de derechas aventaja en unos diez puntos al voto nítidamente de izquierdas. Todo parece muy nítido ahora en España: el voto centrista ya no existe y los ciudadanos, quizá escorados hacia la derecha, eligen las papeletas de las formaciones con un perfil más definido.
También ha quedado muy claro en las europeas del pasado domingo día 9 que con los nacionalistas no hay quien pueda. Han encontrado la fórmula para no quedar diluidos en la circunscripción única y, en conjunto, representan alrededor del 10 por ciento del electorado. Así que por ahí pueden ir los cálculos de Sánchez. La suma de las tres candidaturas de la derecha que podríamos llamar patriótica casi llegan al 50 por ciento de los votos, pero si van por separado en las elecciones generales no conseguirán la mayoría absoluta. Al jefe del Ejecutivo le faltó tiempo, en la sesión de control en el Congreso, para lanzarse a propagar el nombre de la nueva formación de extrema derecha surgida casi por ensalmo de las redes sociales. Esas redes en las que suelen triunfar, como en los circos de antaño, los especímenes deformes o monstruosos. Sánchez sabe, o cree saber, que la gobernabilidad de España sin los nacionalistas es casi imposible y él está en mejores condiciones para entenderse con los representantes de eso que se ha dado en llamar la España plural.
Es interesante recordar que los ciudadanos no elegimos al Presidente del Gobierno. Lo que elegimos es un Congreso integrado por 350 diputados en el que hay que negociar y cerrar los acuerdos necesarios para elegir a un Presidente. Y, dadas las características del sistema electoral, podría ocurrir que una parte del voto de la derecha (la más extrema) se quedara sin representación. Esto ya le ha pasado en muchas ocasiones al voto de izquierdas y ahora podría pasarle al voto de derechas. Por eso, a Sánchez le conviene que el mapa surgido de las votaciones del 9 de junio se consolide con vistas a las elecciones generales de 2027. ¿Aguantará hasta entonces el actual Gobierno de coalición? Lo más probable es que no, pero Sánchez dispone de tiempo para seguir convenciendo a más ciudadanos de que es un buen gobernante o por lo menos un buen estratega con mucha capacidad de cálculo y más capacidad aún de resistencia.

















¡ Nuestro canal en Telegram! Si te ha interesado esta información, únete ahora a







Interesante reflexión, en la que se podría profundizar bastante más.
Por un lado, está la preocupante polarización del electorado, y por ende de la sociedad, entre izquierda y derecha, cada vez con menos matices; y no sólo en España, sino también en otros muchos países del entorno democrático. Lo cual a mi modo de ver es preocupante, ya que a mí no me gusta la división entre blanco y negro prescindiendo de los matices que tan importantes resultan ser en todos los ámbitos y por supuesto también en el político, amén de que yo prefiero diferenciar, si es imprescindible hacerlo, entre moderados y radicales de cualquier pelaje.
No deseo pecar de agorero ni espero que esto vuelva a ocurrir, pero conviene recordar que una polarización similar, aunque mucho más exacerbada, generada por el desastre político que siguió a la I Guerra Mundial, abrió las puertas a la II apenas veinte años después y, para nuestra desgracia, a la Guerra Civil española. E incluso en los Estados Unidos, cuya estabilidad política era proverbial, vuelve a surgir la ominosa amenaza de Donald Trump.
La cuestión de los nacionalismos es por desgracia una lacra que a diferencia de otros países de nuestro entorno, no menos diversos, no hemos conseguido resolver. Pero llamemos a las cosas por su nombre: los nacionalismos, sin excepción, en condiciones adecuadas para ellos pueden convertirse en gérmenes de un protofascismo, con el agravante de que como estas ideologías no obedecen a razones, sino a una fe ciega, son muy difíciles de erradicar pese a la evidencia de su anacronismo.
Pero no nos engañemos, sus líderes en el fondo lo único que desean es poder controlar a su antojo sus reinos de taifas respectivos haciendo y deshaciendo manipulaciones económicas por los que otros habrían dado con sus huesos en la cárcel.
En cuanto a Pedro Sánchez, yo siempre lo he comparado con un jugador de póker al que le gusta arriesgar y echar órdagos -no sé si existe un lance equivalente en el póker, pero sí en el mus- jugándoselo todo a una carta. Hasta ahora le ha ido bien, pero yo en su piel no seguiría tentando a la fortuna. Claro está que yo no sirvo para político ni he pretendido nunca serlo, por lo que mi opinión puede que no sea demasiado representativa. En cualquier caso lo cierto es que ha tenido que afrontar varios problemas graves, incluyendo la pandemia, y con independencia de que los resolviera mejor o peor, es problable que las alternativas reales a sus gobiernos no lo hubieran podido hacer mejor, o quizás directamente peor.
Por último, en la frase que encabeza el texto me temo que falta el nombre del político inglés a quien se hace referencia. Churchill, que pese a haber salvado a su país de la derrota frente a los nazis, perdió las elecciones convocadas inmediatamente después de terminada la guerra, probablemente porque los británicos entendieron que ser un buen gobernante para ganar una guerra no garantizaba que pudiera seguir siéndolo en tiempos de paz. Sin ser nuestro caso tan dramático, cabría pensarse si Pedro Sánchez pudiera dejar de ser una solución para convertirse en un problema incluso para sus votantes y su propio partido.