Amargo final | Por Santiago López Legarda

El argumento del ex-ministro Fomento y ex-secretario de organización del PSOE José Luis Ábalos de que entregar el acta de diputado significaría estar admitiendo algún grado de culpabilidad penal en el asunto de las comisiones ilegales es absurdo e inaceptable. Más bien nos induce a sospechar de él su desesperado apego al sillón, hasta el extremo de pasarse al grupo mixto.

Foto de agencias
  • Es muy dudoso que alguien sepa, fuera de nuestras fronteras, quién es José Luis Ábalos, por lo que toda comparación con Willy Brandt puede parecer exagerada.

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaíno que ha ejercido en diferentes medios nacionales.


A los queridos lectores de ALCALÁ HOY  no les dirá gran cosa el nombre de Gunter Guillaume, el villano protagonista de una historia – un escándalo político de escala mundial – ocurrida hace medio siglo, en la época de la Guerra Fría. Guillaume se presentó en Berlín en 1956 diciendo que era un perseguido del régimen comunista de la RDA. Pero en realidad era un espía que trabajaba para el Gobierno de la parte de Alemania que había quedado bajo el control de los soviéticos después de la Segunda Guerra Mundial.

La preparación y capacidades de Guillaume eran sin duda sobresalientes, porque consiguió trabajar como funcionario en la Cancillería de la RFA y fue escalando posiciones hasta convertirse en el secretario personal de Willy Brandt. Este último, cuyo nombre sí les dirá algo a los lectores, era por entonces no sólo el Jefe de Gobierno de la República Federal, sino el gran referente de la socialdemocracia alemana y por ende europea y mundial. Por poner solo un ejemplo, el PSOE que conocimos durante la transición española, y con él su indiscutible líder, Felipe González, no habrían sido los mismos sin la influencia y padrinazgo del gran Willy Brandt.

Pero en abril de 1974 se descubrió que Guillaume, el hombre que llevaba la agenda de Brandt y conocía todos los entresijos del Gobierno y los secretos de estado, era un espía de la RDA. Unos días después, en medio de aquel formidable escándalo, Willy Brandt presentó su dimisión. ¿Era culpable de algo el hombre que había auspiciado la política de entendimiento y convivencia pacífica con el bloque del Este? De lo único que se le culpó es de no haber sido más vigilante, más precavido o más sagaz frente al funcionario que se había ganado su confianza hasta convertirse en su mano derecha. Sin embargo, Brandt comprendió que tenía una enorme responsabilidad política y que aquel borrón en su brillantísima hoja de servicios solo podía paliarse, que no borrarse, con la dimisión de todos sus cargos. La mancha, en efecto, quedó ahí; pero Brandt dio un ejemplo de dignidad y conservó hasta el final de sus días el prestigio y la influencia.

Es muy dudoso que alguien sepa, fuera de nuestras fronteras, quién es José Luis Ábalos, por lo que toda comparación con Willy Brandt puede parecer exagerada. Pero lo cierto es que su responsabilidad frente al comportamiento de su hombre de confianza, Koldo García, al menos por los datos que conocemos hasta ahora, es la misma que la del líder alemán frente al espía que llegó del Este: falta de vigilancia, exceso de confianza, falta de sagacidad, no prestar atención a las señales que al parecer emitía el antiguo empleado de seguridad. Ábalos ha dejado pasar la oportunidad de poner un broche digno a su dilatadísima carrera política. En diciembre de este año cumplirá los 65,  de modo que muy bien habría podido pasar a una jubilación tranquila, generosamente retribuida, y quedar como un señor delante de sus compañeros y de la opinión pública.

El argumento de que entregar el acta de diputado significaría estar admitiendo algún grado de culpabilidad penal en el asunto de las comisiones ilegales es absurdo e inaceptable. Más bien nos induce a sospechar de él su desesperado apego al sillón, hasta el extremo de pasarse al grupo mixto. Puede que consiga su deseo de no acabar como un corrupto, cuando es inocente. Pero, desde el punto de vista político, es un apestado; y resulta chocante  que en la rueda de prensa del martes dijera que había echado de menos el calor del compañerismo. ¿Qué quiere? ¿Que los compañeros del PSOE le hagan mimitos después de la puñalada trapera que acaba de pegarles? Él es el único culpable de este final tan indigno. A lo mejor le habría venido bien recordar a Willy Brandt. Claro que a lo peor en este asunto tan oscuro y hediondo hay más culpables y los iremos conociendo con el paso de los días.

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1 Comentario

  1. La diferencia de Ábalos con Willy Brandt es que el propio Ábalos y muchos más políticos (Armengol, Illa,…) también están en el ajo de la cuestión. Sabían, conocían y orquestaron todo el asunto, se hincharon a millones mientras a los ciudadanos nos tomaban por imbéciles y para nada, y usted lo sabe, es lo mismo que te juzguen siendo aforado que no. ¿Por qué se negaron a aceptar las donaciones que quería efectuar por ejemplo, entre otros, Amancio Ortega? Pues por qué así no podían robar y pagar siete, veinte, o cien veces más por mascarillas o material sanitario.

    Por lo tanto, ni amargo final ni leches. Que se esclarezca todo y si tiene (y tienen) que ir a prisión por ello que apechugue (n).

    Eso sí será un final feliz para la ciudadanía

  2. Por el mismo argumento, Sánchez ha incurrido en “falta de vigilancia, exceso de confianza, falta de sagacidad, no prestar atención a las señales…” de Ábalos.
    ¿Debe dimitir Sánchez?

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