El viaje de Khalipha, del centro de migrantes de Alcalá a las calles de Almería: “No podía seguir ahí, solo comíamos y dormíamos”

Habla a 200 metros de la entrada del antiguo complejo militar de Alcalá de Henares reconvertido en un centro de acogida para cientos de personas migrantes traídas desde Canarias hasta aquí desde el pasado 28 de noviembre. Allí ha tenido una cama y ha recibido tres comidas al día durante un mes, hasta que, hace unos días, los trabajadores de Accem, la ONG que gestiona el centro, le comunicaron que tenía que abandonarlo este viernes.

Khalipha Babacar consulta su teléfono antes de subir al autobús que le llevará a Almería desde la estación de Méndez Álvaro de Madrid.Jorge París
  • La ONG que gestiona el centro le ha pagado un billete a Almería, un práctica controvertida pero habitual.

Habla a 200 metros de la entrada del antiguo complejo militar de Alcalá de Henares reconvertido en un centro de acogida para cientos de personas migrantes traídas desde Canarias hasta aquí desde el pasado 28 de noviembre. Allí ha tenido una cama y ha recibido tres comidas al día durante un mes, hasta que, hace unos días, los trabajadores de Accem, la ONG que gestiona el centro, le comunicaron que tenía que abandonarlo este viernes.

Con el teléfono en la mano, muestra orgulloso un vídeo en el que se le ve pintando una pared interior de una vivienda. “En Senegal hacía un buen trabajo, ¡un buen trabajo! Mira. Esto es lo que me gustaría hacer aquí”, declara en francés Khalipha Ababacar, un senegalés de 39 años que llegó en un cayuco junto a otras 320 personas a las costas de El Hierro hace tres meses.

Khalipha, a la izquierda, junto a dos de sus compañeros del centro de acogida. Sergio García

“Nos dijeron que teníamos que irnos el 26 de enero, pero yo ya no podía seguir aquí, no hacemos nada, solo dormir y comer”, explica Ababacar, que no ha llegado a apurar el límite y partió el miércoles por la noche con destino a Almería. Accem le facilitó 125 euros y le compró un billete de autobús hacia la ciudad andaluza. Su futuro allí es totalmente incierto. “Voy a dormir en la calle porque no tengo dónde alojarme. Intentaré encontrar trabajo en la agricultura”.

El Centro de Acogida, Emergencia y Derivación (CAED) de Alcalá de Henares aloja a 1.200 personas, mayoritariamente magrebíes y senegaleses llegados durante la crisis migratoria que comenzó en Canarias el año pasado. La semana pasada, el centro pasó a estar bajo el foco mediático después de que tuviera lugar una pelea en un parque cercano entre migrantes allí alojados. La reyerta acabó con seis heridos y tres detenidos, que fueron posteriormente expulsados del CAED.

En plena polémica política, con las diversas administraciones implicadas culpándose unas a otras de la situación, la Red Española de Inmigración y Ayuda al Refugiado envió una carta a la Comunidad de Madrid denunciando que el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones había “dado orden de proceder a vaciar de forma progresiva este centro (…) sin solución habitacional” para los migrantes.

“(Pagar un billete de autobús a otro municipio) es una mala práctica, que a veces, por quitarse al usuario del medio, se hace, y que es absolutamente ilegal”, declara Rafael Escudero, secretario general de la Red, organización que ha interpuesto un recurso contencioso administrativo por vulneración de derechos fundamentales “por la expulsión, sin fundamentación ni resolución” por parte de la Secretaría de Estado de Migraciones, de más de 21 usuarios del CAED.

“Que justifiquen jurídicamente que el Ministerio haga que una persona se vaya de un dispositivo, donde está localizada, donde si quieres cursar una orden de expulsión, la tienes allí, y ella se puede defender y ahora lo mandas a otro sitio, sin medios, sin recursos, sin avisar a la administración local, de que se está mandando a una persona vulnerable de Madrid a Almería”, reclama Escudero.


Ocho días en el mar

Almería es el último destino de un viaje sin final por parte de Ababacar, padre de cuatro hijos, la última de los cuales nació hace apenas un mes y a la que solo conoce por fotografía, que muestra orgulloso en su móvil. En Dakar, la capital senegalesa, el pintor tenía su propia empresa y llevaba una buena vida hasta que todo se vino abajo y la empresa quebró. Entonces tomó la misma decisión que miles de jóvenes de su país. Logró reunir el dinero, pagó y se embarcó en un cayuco abarrotado para emprender una travesía hacia el sueño europeo.

“En el mar estuvimos ocho días, en un cayuco en el que había también niños. Comíamos cuscús con leche y teníamos agua. Lo peor fueron las olas”, recuerda Ababacar, imitando con gestos el acto de vomitar. Su embarcación llegó a El Hierro, la última isla del archipiélago canario a la que podía llegar antes de que la corriente la llevara al interior del Atlántico. Allí permaneció tres días, para ser trasladado junto a otros cientos de migrantes a Tenerife. Dos días después, estaba volando hacia Almería, donde se le alojó en un hotel en la localidad de Aguadulce reconvertido en un recurso de acogida para migrantes. La Comunidad de Madrid había sido el último destino de su travesía antes de regresar a la ciudad andaluza. En total, más de 5.000 km de viaje.

En sus tres meses en España, incluido el mes en el CAED de Alcalá, asegura no haber recibido ningún tipo de formación más que una hora de clase de castellano, que apenas es capaz de chapurrear. Dentro del centro, los migrantes de distintos países se entienden en francés y, entre los senegaleses, hablan en wolof, la lengua más hablada en el país africano. Desde que llegó a España hasta que se le puso una fecha de salida del CAED, tampoco ha logrado solicitar la protección internacional, lo que le permitiría estar en una situación legal en el país a la espera de una resolución.

Desde Accem, la ONG que gestiona el CAED, aseguran a 20minutos que ninguna de las salidas del centro están siendo forzadas. “Si no tienen redes de contacto fuera ni proyecto, se les otorga una prórroga a las personas que la hayan pedido, la decisión de salir del recurso es voluntaria”, defienden desde la ONG, sosteniendo que si hubieran sido conscientes de que el plan de Babacar era ir a dormir a la calle en Almería, no le habrían animado a salir del recurso. Accem asegura también que los migrantes reciben formación y talleres de asesoramiento jurídico, aunque admiten que “es complicado llevar a cabo este trabajo en una situación de mucha fluctuación”. Igualmente, afirman que, quien ha solicitado iniciar el proceso de protección internacional, ha recibido acompañamiento para hacerlo.

El Ministerio, por su parte, no ha querido hacer ninguna nueva declaración y se ha remitido a unas realizadas anteriormente sobre las acusaciones de expulsiones del centro: “La red de acogida del Ministerio no deja a nadie en situación de calle. Estos centros son ambulatorios, es decir, la gente es libre de entrar y salir cuando consideran que no necesitan más atenciones”.

A pesar de los escasos avances en su proyecto migratorio en estos tres meses en España, Ababacar no ha perdido el optimismo. Su intención sigue siendo firme: encontrar un trabajo y permanecer aquí. “Tengo un hermano que está en un centro en Sevilla y se va a ir a Italia. También tengo familia en Francia, pero yo me quedo en España, me gusta España”, declara el senegalés. “Ha sido buena idea venir aquí, ha sido por mi porvenir. Si algún día tengo suficiente, me gustaría también traer a mi familia, es posible”.

¿Cuánto tiempo aguantarías aquí si no encuentras trabajo? Por primera vez, Ababacar mira al vacío y se queda en silencio. Es una situación que ni siquiera parece haberse planteado antes. “No lo sé. Yo voy a trabajar, voy a encontrar trabajo, todo el mundo encuentra trabajo aquí. Es a lo que he venido aquí, como todos los que hemos venido”.

 

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