Nos quieren muertos | Por Pilar Blasco

No recomendaría esta última novela-documento de Javier Moro si no fuera por su valor testimonial y su importancia y necesidad en los tiempos que corren en España. Cuestión aparte es su calidad narrativa, que sea este uno de mis autores favoritos y que en privado lo recomiende.

Presentación del libro de Javier Moro. Foto de X de Javier Moro.
  • Pilar Blasco es  licenciada en Lengua española y ha colaborado en publicaciones locales en temas de actualidad política y cultural.

España está llena de grandes escritores como lo ha estado siempre, incluso en sus peores tiempos o precisamente en ellos. No da la vida para atender a todos los que salen diariamente a la imprenta. Crea cierta ansiedad no tener tiempo para abarcar lo que tienen que decir esas mentes complejas y profundas, capaces de elaborar y ordenar una o varias historias y enganchar al lector hasta la última página. Sobre todo si esas historias son de primera mano, tienen sus pies en la realidad, la que nos precede, y sobre todo la presente, el resultado de aquella casi siempre.

Esta historia basada en hechos reales, además de recientes y conocidos por el mundo entero en mayor o menor medida, viene del futuro para nosotros los españoles, igual que para otros hispanos; los que por obra y gracia de ciertos foros mundiales hemos entrado en la espiral totalitaria que dábamos por superada y olvidada hace décadas. La política globalcomunista que en algunos países lleva ya décadas en funcionamiento y que considerábamos una excepción y una rareza en Hispanoamérica y en el mundo, que nunca podría alcanzar a sociedades europeas, políticamente estables y económicamente solventes. Pero que en apenas 20 años ha copado instituciones, gobiernos y sobre todo las mentes de las personas; factor éste determinante para que esas ideologías empobrecedoras de cuerpos y almas hayan triunfado y sigan colonizando países en otro tiempo seguros jurídicamente y socialmente libres e independientes.

La Venezuela del siglo XXI, en la que se desarrolla la historia, es un ejemplo canónico de nación que, en manos de un líder atrevido sin escrúpulos, comienza por cambiar de régimen político supuestamente para bien de sus habitantes, víctimas de injusticias sociales por la corrupción de unos cuantos, las élites o castas privilegiadas capitalistas. Esa toma del poder “liberadora” que suele comenzar con un golpe de Estado, incluso “legal”, va normalmente acompañada por fuerzas heterogéneas que se alían con los líderes revolucionarios por unos intereses u otros. Un  retablo de personas y entidades que abarca todas las clases sociales e intelectuales, desde los grandes capitales que, por si acaso, (nada más cobarde que el dinero) se quedan del lado del poder hasta que la realidad se impone y generalmente acaban abandonando el campo; pasando por los resentidos sociales y políticos que se apuntan al nuevo poder esperando lograr lo que no habrían conseguido por los cauces habituales. Sin olvidar los selectos intelectuales, que desde sus puestos en las redacciones de los periódicos y las aulas se adhieren al movimiento revolucionario, o se mantienen equidistantes, en aras del clásico señuelo de la igualdad y fraternidad que triunfará en sus países elegidos para la gloria, por fin, después de siglos de esclavitud capitalista explotadora. La que muchos de ellos por otra parte disfrutan y de la que podrán  escapar, ellos sí,  cuando las circunstancias los sobrepasen.

A dónde iremos los españoles cuando se complete el ciclo satánico que está a punto de cerrarse con la Amnistía de Sánchez y despertemos del sueño de la democracia y la libertad que hemos vivido los últimos cuarenta años y que creíamos irrompible y eterno. Los mas valientes y los más pudientes, saldrán en todas direcciones, en varias oleadas. La mayoría seremos atrapados por el sistema,  por la economía de supervivencia, por los lazos familiares. Una minoría se quedará voluntariamente bajo el yugo que ellos mismos construyeron en colaboración con sus líderes, los que se habrán hecho con el poder y el dinero y del que recibirán las humillantes  limosnas por lealtad debida. El mismo yugo con el que sus compatriotas disidentes habrán sido convenientemente sometidos por diversos medios y situados “al otro lado del muro”.

Los venezolanos han salido por millones en todas direcciones, dejando atrás vidas y haciendas, carreras, familias, propiedades… Muchos después de años de cárcel y crueles torturas, persecuciones y chantajes, señalamiento, represión y muerte de los suyos. Han salido de todas las clases sociales, incluyendo los esbirros del régimen con la bolsa de la corrupción y el narcotráfico llena, a instalarse en países cómodos y legales, en los que es/era impensable la revolución, el desorden institucional y la ruina; lugares en los que invertir su capital, blanquear sus coimas, comprar buenas casas y educar a sus hijos. Lo que destruyeron en sus países vienen a disfrutarlo en otros, como el nuestro sin ir más lejos.

Todos ellos sin excepción nos avisan de lo que va a ser nuestro futuro. Porque en nuestro país las circunstancias se están dando para que se cumpla el proceso y se cierre el círculo siniestro de la involución totalitaria. Y como les ocurrió a ellos hace más de veinte años, no nos lo hemos creído, imbuidos de la soberbia del europeo privilegiado por la libertad y la democracia, el estatus cultural y otros valores que hoy en día, lo estamos viendo, no sirven para enfrentar y detener la apisonadora globalcomunista que por medios “legales” nos está llevando por delante sin respeto y sin legitimidad. Demasiado tarde ya. Arrasadas las instituciones, infiltrada la Justicia, manipulada la ley, quebrantada unidad territorial, despilfarrada la economía y agredida la convivencia entre nosotros, el camino está dispuesto a ser ollado por las huestes del nuevo orden nacional.

El futuro, el nuestro, nos lo vienen anunciando en cabeza propia hace años los exiliados y huidos de los paraísos en la tierra, desde el Caribe cubano a la Rumanía de Ceaucescu y demás escombros del Este de Europa, pasando por la Venezuela de Chávez y Maduro. Aquí los medios progresistas callan, manipulan y ocultan “por orden de arriba”, fórmula que en el libro-crónica de Javier Moro repiten los esbirros de Diosdado Cabello y Delcy Rodríguez en Ramo Verde y demás espantosas cárceles chavistas, mientras someten a los presos políticos a durísimas condiciones de prisión y muerte moral y física; al tiempo que los voceros oficiales pregonan en las emisoras del pesebre chavista las maldades del “fascismo” y la muerte civil de sus adversarios.  Aviso a navegantes.

 

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1 Comentario

  1. “A dónde iremos los españoles cuando se complete el ciclo satánico que está a punto de cerrarse con la Amnistía de Sánchez”
    A mi con esta frase tan comedida y meditada me ha convencido.

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