Doce años de Partido Popular | Por Francisco Muñoz

Al margen del análisis de los resultados, se plantean situaciones interesantes. La madurez que debe demostrar Judith Piquet se va a poner a prueba desde el primer momento. Ya no es tiempo de predicar, ahora hay que dar trigo. Las capacidades de su equipo y la forma de aterrizar en la ciudad pueden condicionar su mandato.

Judith Piquet en la Sesión Extraordinaria del Pleno Municial del 1 de Junio de 2023 / Foto de Ricardo Espinosa Ibeas
  • El voto alcalaíno al PP de Ayuso ha pintado de azul casi la totalidad de las secciones censales de la ciudad.
 

Francisco Muñoz Romero es Profesor de Comunicación Institucional e Imagen Pública del Departamento de Teorías y Análisis de la Comunicación en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid

 

Si los alcalaínos/as hubieran votado en las elecciones municipales lo mismo que en las autonómicas, el PP hubiera conseguido la mayoría absoluta. Catorce concejales del partido de Judith Piquet, siete del PSOE, cuatro de Más Madrid y dos de VOX. Ni Izquierda Unida, ni Podemos ni Ciudadanos hubieran obtenido representación municipal.

La reflexión y análisis sobre los resultados electorales en Alcalá de Henares tiene que anticipar dos conclusiones destacadas: una, ha habido una buena valoración del gobierno de Rodríguez Palacios; y dos, Judith Piquet no ha llegado a su techo. De hecho, sorprende la capacidad potencial de mejora que puede tener en la alcaldía de la ciudad y que apunta a un ciclo largo de gobiernos populares en la ciudad.

El PSOE perderá con toda probabilidad el gobierno municipal. Pero tal y como se adelantó en el anterior análisis de mediados de mayo y subrayó la encuesta de ALCALÁ HOY, ha defendido muy bien sus posiciones, mejorando su resultado en Alcalá y, sobre todo, sacando 13.000 votos de diferencia a Lobato en la Comunidad de Madrid. Eso apunta a un factor local de valoración positiva, como se dijo en su día, pero que podía ser insuficiente en el complejo contexto de la dispersión del voto de la izquierda, como así ha sido. En cualquier caso y a corto plazo, los 35.000 votos de los socialistas alcalaínos son, parece, su techo electoral, obtenido en la inercia del gobierno y con el viento a favor.

Otro dato que apunta en esta dirección lo encontramos en el sumatorio por bloques ideológicos derecha/izquierda y en su diferente comportamiento en Alcalá: hay menos de un punto de diferencia entre Derecha e Izquierda en el voto local para las municipales, mientras que hay más 8 puntos de diferencia entre Derecha e Izquierda en el voto local que va a la Comunidad de Madrid. Esto quiere decir de forma muy clara que ha habido una discriminación entre los ámbitos de las elecciones y que gente que ha votado PSOE en Alcalá, ha podido votar PP en las autonómicas, aunque luego volveremos a esto.

En el PP ha ocurrido el efecto inverso. Los resultados son excelentes, más que doblando el resultado en número de concejales. Pero aún así, los 34.485 votos del PP en Alcalá están muy lejos de los 41.134 de Ayuso en la Comunidad de Madrid. Hay 8.000 alcalaínos/as que han votado Ayuso pero no Piquet, es decir, en el nicho del voto PP en la ciudad hay un claro margen de crecimiento local. Esto es lo que deben leer los populares y eso es lo que da una dimensión diferente a este nuevo tiempo político que apunta a un ciclo mínimo posible de 8 años y probable de 12, siempre y cuando se mantenga el momentum de un ciclo nacional Feijóo/Ayuso (y futura evolución de gobiernos de España y CAM) y siempre que la gestión de Judith Piquet transcurra sin sobresaltos y aporte un valor diferencial.

Dicho esto, parece detectarse en Alcalá algo parecido a lo que Lakoff llama “votante bi-conceptual”: personas que pueden votar conservador y progresista en dos ámbitos diferentes pero en una misma convocatoria electoral. Y esto sería hiper interesante de cara a las reflexiones sobre gestión política de la ciudad y estrategia de comunicación. La bi-conceptualidad de Lakoff se refiere a que una persona puede ser progresista en algunos temas (sanidad pública) y conservadora en otros (restricción migratoria) sin que ello suponga problema alguno, con lo que la descapitalización del voto ideológico (partidista) puede ser sustituido por un voto temático, en el que lo definitorio puede ser un asunto o problema al que esa persona atribuye la mayor importancia. Pero el hecho de que haya habido en Alcalá tanta diferencia de votos entre Ayuntamiento y Comunidad parece apuntar a una evolución más extrema, como la política en sí misma, de electores susceptibles de votar PSOE en Alcalá y PP en la Comunidad de Madrid.

El voto por barrios para la elección de alcalde ha sido en general en ligera ventaja para el PSOE, salvo en los territorios clásicos de uno y de otro partido ( el PP en el Centro, El Val, Ciudad del Aire, etc… y el PSOE en El Chorrillo, Reyes Católicos, por ejemplo) donde las diferencias han sido amplias. Sin embargo hay que destacar las victorias socialistas han sido en muchas secciones censales por un puñado de votos: 54 votos en Espartales Norte, 48 en Espartales Sur, o sólo 4 en la zona de Torrelaguna/Silos, esta derivada merecerá un análisis más detallado en una futura entrega.

El voto alcalaíno al PP de Ayuso ha pintado de azul casi la totalidad de las secciones censales de la ciudad. De las más de 90 secciones censales el PP gana en 80.


El factor decisivo sigue siendo Regional y Nacional

Este análisis de los dos principales partidos alcalaínos nos sirve de preámbulo a la conclusión política esencial de estos comicios: el factor local en la intención de voto está presente en el comportamiento electoral pero sigue siendo poco determinante con respecto del factor autonómico/nacional. Es decir, en Alcalá la gente vota mayoritariamente en función de criterios que no tienen que ver con la situación de la ciudad. Aunque haya influencia (se ve en el resultado de Rodríguez Palacios), esta es completamente insuficiente como factor determinante del sentido del voto de los alcalaínos.

En este sentido, ayuda muy poco a crear una “conciencia local del voto” las estrategias de comunicación y persuasión nacionales y autonómicas que convierten por sistema las elecciones municipales en una suerte de plebiscito sobre la política nacional. La “derogación del sanchismo” o la defensa de los avances sociales de esta legislatura han sido los modelos en conflicto, convenientemente sazonados con las listas de Bildu, la ley de vivienda o los “violadores a la calle” por ejemplo. Todo esto tiene muy poco que ver con la política cultural de Alcalá, o la renovación de parques, las escuelas infantiles municipales, las subvenciones al deporte, la entrada Norte de la estación de tren o los locales que necesita el tejido asociativo de la ciudad.

Votar en clave nacional no es algo nuevo. Desde 1983 el PSOE ya decidió que “Un buen gobierno en tu ayuntamiento” era el mejor eslogan para repetir con éxito su victoria en las urnas en octubre de 1982. Y funcionó: 17 concejales socialistas se sentaron en el Pleno Municipal de Alcalá de Henares. Desde entonces es difícil enfrentar unas elecciones municipales “puras”. La contaminación que sufren las elecciones municipales con estas estrategias de campaña desvirtúan en parte la democracia local al desplazar el centro del debate político. Será “justo” o “injusto” y desde luego no es el objeto de este análisis especular a nivel ético sobre esta cuestión.

Lo que sí es pertinente afirmar es que sabiendo que este es un componente fundamental del comportamiento y estrategia electoral (y se sabe positivamente), no se haga nada para minorar su impacto y anular el efecto contaminante.


Izquierda Unida, Podemos, Más Madrid y Ciudadanos

Por otro lado, los resultados de Izquierda Unida, Podemos, Más Madrid o Ciudadanos se explican de la misma manera. Devorados por una absurda atomización del voto e incapaces de imponer un discurso local con fuerza suficiente como para hacerse hueco, los unos (la izquierda a la izquierda del PSOE) y agravado el caso de Ciudadanos por su incapacidad de ver que todo su voto en 2019 era un voto que venía del PP más moderado y que su acuerdo de gobierno con el PSOE local ha sido gasolina en la decepción nacional del partido naranja. Aquí ha habido un “a más, a más” de manual en una tormenta perfecta que le ha hecho pasar de más de 18.000 votos a poco más de 2.000 en cuatro años y a perder los seis concejales de una sola vez. Los mismos seis que sube el PP.

Izquierda Unida se queda fuera del ayuntamiento por primera vez en su historia, desde que se presentó con esas siglas en 1987, es decir, que pone fin a 36 años de representación municipal ininterrumpida. A Podemos, movimiento político más reciente, le han vencido Iglesias, Belarra, Montero y una acción de gobierno conflictiva culminada con el disparate de la Ley del “Sí es Sí”. Y a los dos juntos les ha derrotado también la bronca continua y la división interna del grupo municipal IU-Podemos durante estos cuatro años. Ni el mínimo factor local ha venido en su auxilio. Denuncias judiciales entre miembros de la coalición, despidos y acoso de asesores, votaciones enfrentadas de sus portavoces, escraches locales entre militantes… Todo un disparate político. Otra tormenta perfecta en la que lo nacional y local se combinan en un efecto multiplicador negativo como en el caso de Ciudadanos. Por tanto, no sólo la multiplicidad electoral de las formaciones de izquierdas ha restado y dividido el voto, es que ha restado la nula capacidad, cuando no la manifiesta incapacidad de ser útiles a sus electores de 2019.

Los resultados de Más Madrid y sus dos concejales, inéditos en la política municipal aunque sus candidatos no fueran ajenos a los movimientos sociales, se aprovechan a la inversa de la corriente general en la que se inscribe su participación. Sin lastre municipal, con poca notoriedad y conocimiento, pero impulsados al alza por las siglas y las expectativas de esta nueva formación de la izquierda.


VOX

Las encuestas también aciertan. Sobre todo si están hechas con un mínimo de profesionalidad y se encargan para ser una mirada anticipadora de la realidad y no un titular interesado. Sin duda, el hito informativo de la campaña alcalaína (de la precampaña en realidad) ha sido la encuesta realizada por este mismo medio y cuya publicación supuso una cierta agitación. Acostumbrados algunos políticos a las encuestas a la carta, los resultados de la encuesta de ALCALÁ HOY se han terminado acercando bastante a la foto final, porque todo estaba en un concejal: si Podemos no llegaba al 5%, el PP subía a 11 y, por tanto, PSOE bajaba también a 11. En lo que acertó sin concesiones fue en dar 3 ediles a VOX, lo que produjo bastante incredulidad en mucha gente. Pero la tendencia estaba ahí y al final, con un equipo nuevo, habiendo hecho borrón y cuenta nueva, la formación  de Rocío Monasterio y Abascal no sólo mantiene sus dos concejales, sino que gana uno más y supera la barrera de los 10.000 sufragios. Otra prueba más de que Alcalá vota mayoritariamente por tendencias nacionales y que independientemente de su desconocido candidato local o su programa, es capaz de tener un resultado mejor que en 2019.


Conclusiones

Así las cosas, y al margen del análisis de los resultados, se plantean situaciones interesantes. La madurez que debe demostrar Judith Piquet se va a poner a prueba desde el primer momento. Ya no es tiempo de predicar, ahora hay que dar trigo. Las capacidades de su equipo y la forma de aterrizar en la ciudad pueden condicionar su mandato.

Especialmente interesante será ver como gestiona la “foto” de un acuerdo con VOX que le resulta imprescindible para llegar a la alcaldía. Por otra parte, la figura de Rodríguez Palacios deberá recomponerse tanto a nivel institucional como dentro del propio PSOE local. Ahora que no puede dar trigo, tendrá que predicar. Una salida hacia arriba si hay triunfo electoral socialista el 23J sería probable. A Ciudadanos parece muy evidente que no le funcionará lo de “levántate y anda” y las izquierdas, con sus movimientos, mareas y compromisos, son y serán una incógnita.

Lo que si me parece relevante es que, con los resultados del 28M en la mano y la probable evolución hacia un bipartidismo más acentuado (por la utilidad del voto) podemos estar ante el inicio de un ciclo largo de gobiernos populares en la ciudad. Pero eso es otra historia.

 

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