El fondo y las formas | Por Santiago López Legarda

Sabemos positivamente que la mayoría de la magistratura española es de tendencia conservadora mientras que la ciudadanía elige cada cuatro años un Parlamento, sede de la soberanía nacional, que unas veces se inclina hacia la derecha y otras hacia la izquierda.

  • Para mucha gente estos forcejeos en las altas cumbres de nuestras instituciones políticas resultarán incomprensibles o muy alejados de las preocupaciones de la vida cotidiana.

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaíno que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

Es unánimente compartida la idea de que en la democracia y en lo que solemos llamar un estado de derecho las formas, el respeto por los procedimientos establecidos, es tan importante como el fondo de la cuestión que se debate o el objetivo que se busca. En la democracia el fin no justifica los medios. Desde este punto de vista que nadie discute, podríamos decir que en toda la escandalera ocasionada por la reforma judicial las formas empleadas por el Ejecutivo de Pedro Sánchez han sido regulares tirando a malas. Pero las formas del PP y sus aliados en los órganos de gobierno de la justicia han sido pésimas.

La guinda del pastel la han puesto esos magistrados del Tribunal Constitucional, entre ellos el Presidente, con el mandato caducado que no han tenido a bien ni siquiera considerar la posibilidad de abstenerse en un pleito del que dependía su continuidad en unos puestos para los que fueron designados por los gobiernos del Partido Popular. No han tenido empacho en ser jueces y parte de la cuestión que se debatía cuando el sentido común y la propia jurisprudencia del Constitucional indican que nadie debe ser juez y parte en ningún contencioso. Naturalmente, la refinada formación jurídica que ha llevado a estos señores a tan altas responsabilidades les permite revestir con mucha palabrería leguleya unas actitudes que rechazaría cualquier ciudadano con dos dedos de frente.

Sabemos positivamente que la mayoría de la magistratura española es de tendencia conservadora mientras que la ciudadanía elige cada cuatro años un Parlamento, sede de la soberanía nacional, que unas veces se inclina hacia la derecha y otras hacia la izquierda. ¿Tenemos que resignarnos a que el gobierno de los jueces y la interpretación de nuestra Carta Magna respondan siempre a los intereses y la ideología de la derecha, sea cual sea el resultado electoral? La respuesta que el PP y sus adláteres en el mundo de la judicatura desearían escribir en letras de mármol parece copiada de aquel mensaje que las almas encontraban a las puertas del infierno de Dante: Abandonad toda esperanza.

La prensa conservadora ha presentado las iniciativas parlamentarias del Gobierno como un intento de “asaltar” el Consejo del Poder Judicial y el Constitucional, cuando de lo que se trataba únicamente era de forzar una renovación de cargos que el Partido Popular y sus aliados en la judicatura han bloqueado contumazmente durante cuatro largos años. Lo único que cabe reprochar al Ejecutivo de Pedro Sánchez es que haya dejado pasar todo ese tiempo para después lanzarse a toda prisa por atajos legislativos que han desembocado en un callejón sin salida. Pero la cuestión de fondo era clarísima: la renovación era y es un mandato constitucional ineludible, que debe cumplirse con arreglo a las normas establecidas en las leyes del Poder Judicial y del Constitucional; renovación que habría ocasionado, en efecto, un cambio de mayorías en los órganos supremos del poder judicial. Y contra ese cambio el Partido Popular y sus peones de brega en la judicatura y en los medios de comunicación han puesto pies en pared.

Según ellos, se trataba nada menos que de salvar la democracia española de las intenciones totalitarias de Pedro Sánchez y de impedir sus planes para destruir España con toda clase de cesiones a los independentistas. Debemos reconocer a los portavoces de este conglomerado conservador una cierta habilidad “goebelsiana” porque han repetido sus mentiras una y mil veces hasta conseguir que una buena parte de la ciudadanía las acepte como verdades.

Para mucha gente estos forcejeos en las altas cumbres de nuestras instituciones políticas resultarán incomprensibles o muy alejados de las preocupaciones de la vida cotidiana. Pero cabe recordar que llueve sobre mojado y que los problemas políticos más graves a los que España ha tenido que enfrentarse en lo que llevamos de siglo se deben precisamente a esa intransigencia con la que nuestra derecha se niega a perder el control de los órganos judiciales.

Antes de la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña el Partido Popular también se había negado a la renovación del mismo; y lo más incalificable es que impugnaron ante el alto tribunal muchos artículos cuya copia literal habían incluido ellos mismos en otros estatutos de auotonomía, singularmente el de la Comunidad Valenciana. El nuevo Estatuto de Cataluña, luego de ser aprobado en el Parlamento, había sido refrendado por el electorado catalán en 2006. Cuatro años después se conoció la sentencia y después se produjo la radicalización que desembocó en los sucesos de 2017.

A la luz de todo lo acontecido, entonces y ahora, no podemos negar el amor de los populares por la patria común de todos los españoles, pero siempre se ha dicho que hay amores que matan.

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1 Comentario

  1. A propósito del fondo y de las formas:
    El Parlamento de Finlandia está formado por una cámara única de 200 miembros elegidos cada cuatro años mediante un sistema electoral proporcional. Finlandia fue el primer país europeo que introdujo el sufragio universal en las elecciones parlamentarias. Por consiguiente, las mujeres tienen derecho a votar en las elecciones nacionales desde 1906 y en las municipales desde 1917. En 1907 formaban parte del Parlamento finlandés 19 mujeres. En la actualidad, un tercio de los escaños del Eduskunta está ocupado por mujeres. En 1967, se concedió el derecho a voto a todos los ciudadanos de más de 18 años.
    Por todo lo anterior, llama poderosamente la atención la siguiente, noticia fechada el pasado 19 septiembre de 2022, y publicada por swissinfo.ch: “Finlandia restringe por ley el derecho a la huelga del personal sanitario”. Ver mas en https://www.swissinfo.ch/spa/finlandia-sanidad_finlandia-restringe-por-ley-el-derecho-a-la-huelga-del-personal-sanitario/47912692

  2. MAS ALLA DEL FONDO Y DE LAS FORMAS.
    Albert Einstein aseguró que “la crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas y los países, porque la crisis trae progresos”.
    En mi opinión, aplicando la teoría del señor Einstein, para progresar en la solución del conflicto politico generado en torno a la renovación del Consejo General del Poder Judicial(en adelante CGPJ) así como también a la renovación del Tribunal Constitucional(en adelante TC) del Reino de España debemos abordar dicho conflicto aplicando los cinco pasos siguientes:
    1º.-Definir el problema usando un lenguaje libre de crítica. …
    2º.-Describir objetivamente la perspectiva de cada persona involucrada, en nuestro caso los miembros del CGPJ y del TC….
    3º.-Separar las “Posiciones” de los “Intereses”. …
    4.º-Identificar un objetivo positivo para ambas partes. …
    5º.-Generar opciones y desarrollar un plan de acción específico.

  3. ¿Es el Tribunal Constitucional, el ‘Watchdog’ [perro guardián]” del Congreso y Senado del Reino de España?
    Federico de Montalvo, doctor en Derecho y profesor de Derecho Constitucional comparado en la Universidad Pontificia Comillas explica lo siguiente:
    “La historia de EEUU siempre ha estado vinculada a este juego de poder entre el poder político y el poder judicial. El Supremo interviene mucho en cuestiones políticas porque casi todos los asuntos en EEUU se acaban judicializando. Cuando crean su Estado, los norteamericanos quieren apartarse del modelo británico. Se dan cuenta de que el Parlamento es un instrumento esencial, pero que debe ser controlado porque puede llegar a oprimir a una minoría. Por ello, otorgan mucho poder al presidente y desarrollan un modelo de control, conceden un papel de control a los jueces para que vigilen a la mayoría. De hecho, al Supremo se le llama el ‘Watchdog’ [perro guardián]”.

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