Pensiones y expectativas | Por Santiago López Legarda

Hace algunas semanas causaron gran escándalo las reflexiones del ministro Escrivá sobre la necesidad que tiene España de aumentar la tasa de ocupación de las personas comprendidas entre los 55 y los 75 años. Como los matices no suelen adornar nuestro debate público, todo el mundo entendió que el titular de la Seguridad Social estaba proponiendo aumentar la edad de jubilación hasta los 75 años.

  • Recuérdese que nos hemos tomado un período transitorio de ¡17 años! para pasar de los 65 a los 67 como edad legal de jubilación.

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaíno que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

 

Hace algunas semanas causaron gran escándalo las reflexiones del ministro Escrivá sobre la necesidad que tiene España de aumentar la tasa de ocupación de las personas comprendidas entre los 55 y los 75 años. Como los matices no suelen adornar nuestro debate público, todo el mundo entendió que el titular de la Seguridad Social estaba proponiendo aumentar la edad de jubilación hasta los 75 años. Por supuesto, esa no era su propuesta y, aun suponiendo que lo fuera, la cosa no sería de hoy para mañana. Recuérdese que nos hemos tomado un período transitorio de ¡17 años! para pasar de los 65 a los 67 como edad legal de jubilación. En todo caso, la tendencia parece clara: si se alarga la esperanza de vida, tendrá que alargarse también el período de vida laboral.

Desde la primera mitad de los años 80 se han llevado a cabo en España numerosas reformas y ni una sola de las pensiones realmente existentes ha sufrido recorte alguno por causa de dichas reformas. Las que sí se han recortado son  las expectativas que pudieran tener las personas que iban a jubilarse en los años posteriores a la entrada en vigor de las nuevas normas. No obstante, esta reducción de expectativas no ha impedido que las pensiones reales fueran cada vez mejores. La pensión media de jubilación está ya por encima de los 1400 euros, mientras que el salario medio ronda los 1700. ¿Qué va a pasar en el futuro? Ya veremos, pero mi optimismo recalcitrante, que siempre me lleva a ver la botella medio llena, me induce a hacer una afirmación referida al presente: en España les va bien, incluso muy bien, a los pensionistas. Convendría, creo yo, reconocer este hecho para tener una vida pública y un debate político más sosegados.

A algunos de mis lectores este planteamiento mío sobre pensiones y expectativas les parecerá una disquisición bizantina, pero la sabiduría popular nos enseña que no es lo mismo pájaro en mano que ciento volando. Los 10 millones de nóminas que abona cada mes la Seguridad Social son el pájaro en mano  que acariciamos amorosamente los mayores, mientras que las pensiones del futuro, las que cobrarán los que vienen detrás, de momento no son más que expectativas, vencejos volando sin cesar sobre nuestras cabezas, por hacer una alusión a la última novela que nos ha regalado Fernando Aramburu.

Por otra parte tenemos una sombra, un elefante dentro de la habitación, que no queremos ver. Nuestro sistema público de pensiones presenta a día de hoy los inquietantes perfiles de la famosa estafa piramidal conocida como esquema Ponzi. Con la diferencia de que el Estado garantiza el funcionamiento de todo el tinglado. Pero también los estados pueden ir a la quiebra si no adoptan medidas prudentes y necesarias: esto es lo que  le pasó a la Argentina de Carlos Menem cuando se empeñó  en decirle al mundo que un peso equivalía a un dólar. Evitar la quiebra, el colapso estrepitoso del edificio. De ahí la necesidad de los cambios habidos en los últimos cuarenta años y de los que vendrán.

Se aprobó en 2013 una  reforma,  impulsada por el PP, que  no ha llegado a entrar en vigor  y que a mí me parecía perfectamente razonable: el factor de sostenibilidad. La nueva mayoría política ha decidido derogarlo y sustituirlo por un nuevo factor de solidaridad intergeneracional que de momento no es tal, puesto que solo consiste, según la propuesta de Escrivá, en incrementar en un punto porcentual las cotizaciones sociales de quienes están en activo: medio punto lo pondrían las empresas y el otro medio los trabajadores. La norma aquella de los populares suponía un apreciable recorte de expectativas, pero en cierto modo era de cajón: no se necesita la misma cantidad de dinero para pagar un sueldo durante 18 años que durante 20. Y de ahí la idea de incluir la esperanza de vida como otro de los parámetros para calcular la pensión inicial de quien se retira.

Así pues, a los jóvenes que ahora comienzan o comenzaron hace poco su carrera laboral, yo les diría lo siguiente: un día cobraréis vuestra pensión, como todo hijo de vecino, pero tenéis que armaros de paciencia. Y recordad que no os bañaréis dos veces en el mismo río, según el filósofo Heráclito, que seguramente os sonará algo. La vida es cambio permanente, las expectativas de hoy difícilmente se harán realidad mañana. Pero, a pesar de los pesares,  os irá bien si en el largo camino que os queda practicáis virtudes eternas como la dedicación en el trabajo, la tenacidad en el esfuerzo, la frugalidad y la disciplina en el ahorro.

 

 

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