La cultura de la precariedad habita bares, hoteles y restaurantes | Por David Cobo García

La precariedad laboral vive tras las barras de los bares, en las cocinas de los restaurantes, en los cuartos de limpieza de los hoteles… Está frente a nuestros ojos sin que nos alarme ni nos quite el sueño, quizá hacemos como que no la vemos por ser una realidad incómoda, o lo que es peor, la llegamos a considerar natural e inevitable.

Foto de Ricardo Espinosa Ibeas. Archivo AH
  • Sé que en ese bar ponen un buen pincho, pero paso por alto que Sofía, la camarera que me lo sirve, trabaja sin contrato.

Quizá nos cueste darnos cuenta de que si Alejandro, que trabaja en la cafetería que nos gusta, está sirviéndonos café a las 8 de la mañana y también nos está poniendo cañas a las 9 de la noche, es porque está trabajando más horas de las que debería y no se respetan sus periodos de descanso.

Si vamos a un hotel sopesamos la comodidad del colchón, la pulcritud de la ducha, pero no que Belén, la persona que la limpia, cobra sólo 2€ por habitación.

Cuando salimos a cenar con la familia sabemos adónde ir, pues conocemos un buen restaurante, pero pasamos por alto que Patricia, su cocinera, tiene un contrato de ayudante de cocina a media jornada, cuando realmente es la cocinera y está haciendo más horas que un reloj.

No siempre podemos conocer los detalles de las condiciones de trabajo de los lugares a los que acudimos, pero entiendo que casi todos somos conscientes que hay en trabajos donde hay más precariedad que en otros, y ello no es sólo una sensación, es una realidad contrastable con datos.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la hostelería es el sector donde más horas extra trabajadas se dejan sin pagar. Diferentes estudios del sindicato CCOO arrojan preocupantes resultados: la hostelería se caracteriza por niveles de temporalidad, ritmos de trabajo e incidencia de enfermedades profesionales muy superiores a la media de otros sectores de empleo.

Y hay otra cuestión que también debe ser tenida en cuenta, los establecimientos de hostelería que sí hacen las cosas bien, que tienen correctamente contratados a sus trabajadores, respetando sus derechos en todos los sentidos, y que se enfrentan a la competencia desleal, inmoral e ilegal de esos otros establecimientos que no dudan en vulnerar los derechos de los trabajadores para reducir sus gastos de personal.
Para poner coto a estos abusos es necesario un fuerte aumento de la acción inspectora de la Inspección de Trabajo, la cual debe contar con más medios y personal. Todos podemos poner denuncias en Inspección de Trabajo para erradicar el abuso, pero ello no se va a realizar mientras culturalmente aceptemos sin objeción estas injusticias que tan frecuentemente pasan ante nuestros ojos, aunque prefiriéramos no verlas.

Se debe anteponer la cultura de la legalidad sobre la cultura de la precariedad asentada en la hostelería. Al igual que existen distintivos como las estrellas de los hoteles y los tenedores de los restaurantes que nos hablan de la calidad del servicio que vamos a recibir en esos establecimientos, es necesario que existan distintivos que identifiquen y destaquen el respeto a los trabajadores. A todos nos gustará saber, cuando vamos a tomar un café, una caña o salimos a cenar, que en el establecimiento al que vamos se hacen inspecciones periódicas que certifican que se cumplen con los derechos de todos sus trabajadores.
La precariedad debe dejar de ser una acompañante muda, cercana y vergonzante.

Debemos ponerla a la luz y erradicarla.

 

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