Ángel Hernández, el hombre que ayudó a morir a su esposa, absuelto tras la entrada en vigor de la ley de la eutanasia

El Juzgado de lo Penal número 34 de Madrid absolvió el pasado martes al alcalaíno Ángel Hernández, el hombre que en abril de 2019 ayudó a morir a su esposa, María José Carrasco, enferma terminal de esclerosis múltiple. La decisión sigue a la de la Fiscalía, que la semana pasada retiró su acusación tras entrar en vigor la Ley de Regulación de la Eutanasia. 

El alcalaíno Ángel Hernández, con su esposa María José Carrasco. / EL PAÍS / CARLOS ROSILLO
  • Se cierra la causa con una sentencia absolutoria después de que la Fiscalía retirase la acusación por un delito de cooperación al suicidio.

 

“Al haberse retirado la única acusación personada [la del ministerio público], de acuerdo con la doctrina procede dictar sentencia absolutoria con todos los pronunciamientos favorables”, señala la resolución, que absuelve a Ángel Hernández de un delito de cooperación al suicidio.

El martes  6 de julio terminó su calvario judicial dos años y tres meses después de que vertiese en un vaso un medicamento, se lo acercase a su mujer y esta lo ingiriese con una pajita. Diez minutos más tarde ella falleció.


Ángel Hernández es de Alcalá aunque se fue a Madrid cuando se casó hace 25 años con María José Carrasco.

El Juzgado de lo Penal número 34 de Madrid absolvió a Hernández después de que el pasado 30 de junio la Fiscalía retirase la acusación contra el hombre para el que pedía seis meses de cárcel por cooperación al suicidio. El ministerio público estimó que el acusado se encontraba en un supuesto legalmente autorizado si se aplicaba de manera retroactiva la modificación del Código Penal introducida por la ley de regulación de la eutanasia, que entró en vigor cinco días antes, el 25 de junio. La Fiscalía –única acusación en el proceso–, no obstante, ya había anunciado que se opondría al indulto en el caso de que el marido de María José Carrasco fuese finalmente condenado.


“Si María José viviese le diría que todo ha merecido la pena: he sido absuelto y hay ley de eutanasia”

Hernández se enteró de la noticia por los medios de comunicación mientras disfruta de unas vacaciones en un pueblo de Alicante. Dice que “tras un shock inicial” en el que no se creía la noticia que le daba un periodista, colgó el teléfono y le dio “un bajón por toda la tensión acumulada”. “Me he puesto a llorar porque María José se fue con la pena de que me pudiesen inculpar, con la tristeza enorme de que me pudiese pasar algo”, reconoce el hombre que llegó a estar detenido por la ayuda que prestó a su esposa.


Ángel Hernández formó parte del TIA en sus comienzos participando en «El Carro del Teatro», la primera obra del Grupo de Teatro Independiente de Alcalá.

Desde 1999 Hernández se dedicó “en exclusiva” al cuidado de su mujer. Diez años antes, en 1988, le habían diagnosticado la esclerosis múltiple por la que necesitaba apoyo de terceras personas para todas las actividades básicas de la vida diaria. En su escrito, la Fiscalía detallaba que el hombre realizó “una fuerte” inversión económica para reformar y acondicionar la vivienda con el objetivo de eliminar barreras arquitectónicas. Desde el 2007, el marido solicitó a las instituciones de forma reiterada ayudas para el cuidado de su mujer y una plaza en una residencia, que no se le concedió.

“Tengo un sentimiento amargo. Por una parte tranquilidad por terminar el proceso, pero por otra parte me hubiese gustado ir a juicio”, reconoce Hernández. ¿Por qué? “Para hacer uso del turno de la última palabra. Para denunciar todas las trabas que el Partido Popular nos puso en la Comunidad de Madrid a la hora de conceder las ayudas”, afirma, a la vez que recuerda que tuvo que pleitear con la administración para que su mujer fuese admitida en una residencia de manera temporal mientras él se recuperaba de una operación de hernia que le impedía cuidarla. “Me la traje antes de tiempo por el trato que le dieron”, admite.

La Asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), que asesoró al matrimonio en el proceso, celebró la sentencia y recordó que Carrasco manifestó en numerosas ocasiones su voluntad de morir. “Respetar su deseo fue un acto de amor que no merece reproche penal alguno”, subrayó la asociación, desde donde recordó que la eutanasia es un derecho que ha tardado demasiado en llegar”.

 

 

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