A vueltas con las rotondas: un balance sosegado sobre el tráfico en Alcalá | Por Carlos Marigil

Exhortado por los comentarios de mis allegados y bajo la sorpresa de un emigrado que vuelve a su ciudad después de la pandemia, descubro con entusiasmo las nuevas rotondas que trufan nuestros barrios y se reproducen cual sistema linfático. Las hay de todos los colores, tamaños y variedades, en los lugares más insospechados. Con fuentes, con esculturas, con árboles.

Foto de Pedro Enrique
  • Sin embargo, este revuelo en torno a las rotondas no hace sino evidenciar que el problema de Alcalá con el tráfico es mucho más complejo que una rotonda o un semáforo.

 

  • Carlos Marigil Alba, arquitecto especializado en urbanismo y movilidad.

 

Foto de Pedro Enrique Andarelli

La rotonda: ese símbolo de la España periférica en la que a los alcalaínos nos cuesta reconocernos por honor quijotesco. Ante la resignación de una ciudad sumida en el tráfico, la cuestión no es nada baladí. Cargado de representaciones contemporáneas no desdeñables -de los chalecos amarillos a nuestros descalabros inmobiliarios-, este nuevo consolador de la estética circulatoria se hace un hueco en el espacio vivido por los complutenses.

Pongámonos en situación. Tomas tu vehículo para ir a trabajar, un poco justo para llevar a los chavales a la puerta del colegio. Una serie de semejantes bloquean la calle del colegio en doble fila para hacer lo propio, con prisas para no llegar tarde al trabajo. Te comes el correspondiente atasco en cada semáforo hasta que consigues salir de Alcalá, las vías de servicio están colapsadas y el resto del camino retenciones intermitentes por la autovía. Misma historia para la vuelta, en el colegio, en el Lidl que paras a comprar cuatro cosas y en la puerta de tu casa, donde la aventura que te espera para encontrar aparcamiento es importante. Y al ayuntamiento no se le ocurre otra cosa que plantar un par de rotondas sobre tu camino, alucinante.

La realidad es que, en un análisis multicriterio rápido, la decisión municipal no es tan carente de sentido porque cuando hay mucho tráfico, a uno le da igual que haya una rotonda que un semáforo, pero cuando no hay trafico la circulación es mucho más fluida. Y puestos a comparar, aplaudamos la introducción masiva de pasos de peatón más señalizados y seguros. En efecto, desde la perspectiva del coche la ciudad sigue siendo igual de intransitable que era antes en picos de tráfico, pero algo más paseable para el peatón y más fluida cuando no está atascada. Hasta aquí, bien.

Sin embargo, este revuelo en torno a las rotondas no hace sino evidenciar que el problema de Alcalá con el tráfico es mucho más complejo que una rotonda o un semáforo. Y como todos los problemas urbanos, a la complejidad no se puede responder con una falsa dicotomía entre rotonda si, rotonda no, porque el problema es más profundo que eso.

Seamos claros, Alcalá esta infestada en tráfico. Es una ciudad consumida por los coches porque la capacidad viaria de la infraestructura nunca se planificó para tanto volumen, y porque la estructura de la red urbana nunca se pensó cuando pasamos de ser pueblo a ser ciudad -algo que ocurrió de forma explosiva en un margen de unos 20 años-. Y esto es reproducible a la estructura territorial del corredor del Henares. Frente a esto, el sentido común nos dice que no podemos esperar que una infraestructura acoja más tráfico de aquel que permite su capacidad, a menos que queramos tirar la calle y hacer una autopista. Más aun, esa cantidad de tráfico no deja de aumentar, por la cantidad de habitantes y por sus hábitos de movilidad: estamos ante un problema sistémico.

Concediendo que los esfuerzos municipales por poner en marcha cambios comportamentales en materia de movilidad están teniendo un éxito moderado (la peatonalización del centro, la reorganización de las líneas de bus, principalmente) y a falta de su apropiación por parte del ciudadano, el poder de un ayuntamiento a este respecto es, aunque pertinente, limitado sobre el corto plazo, con o sin rotondas. Y, sobre todo, el margen de aceptación del ciudadano es estrecho.

Estos problemas de largo recorrido no van por lo tanto a resolverse con cuatro rotondas, o dieciséis. El problema de base está en la históricamente fallida gestión de nuestro PGOU, incluido el que está en curso de aprobación. Cortoplacista, sin una ambición de transformación o servicio público. No importa cuán anchas sean las avenidas de espartales norte, que cuando todas esas personas bajen al centro, la vía complutense va a estar atascada, y los que viven por el centro no van a encontrar aparcamiento en su barrio.

Construimos nuevos desarrollos en la carretera de Camarma -con garaje, pero sin una triste panadería- donde el coche es imprescindible para todo, pero donde el único acceso a Alcalá está ya colapsado. Y entonces perjudicamos a la vez a aquellos que ya usan la vía y a aquellos que viven en nuestra propia periferia. Y todo porque al concejal de turno le vino mejor recalificar un terreno por ahí en Camarma para un PAU bendecido por la nueva Ley del Suelo que reconvertir el tejido industrial obsoleto del centro de la ciudad. Una mente brillante diría que claro, pues que pongan más carriles. Pero eso ya es otro debate.

Más allá de las rotondas y de nuestra preocupación por aumentar la capacidad de las vías para que podamos pasar todos, la cuestión pone de manifiesto temas más profundos. Y precisamente ahí es donde podemos cambiar nuestro marco lógico para hacernos alguna pregunta sobre la ciudad que queremos ser.

A lo mejor podemos hacer algo para mantener el comercio de proximidad, mantener vivos y seguros los barrios, y situar usos comerciales cerca de donde vive la gente, y entonces no necesitaremos ir a hacer la compra en coche a la periferia. Y esto contrasta con la cantidad de locales cerrados, negocios clausurados y locales vacíos que un día ocuparon y animaron nuestras calles.

Quizás podemos plantar árboles en los alcorques vacíos, arreglar las aceras o ponerlas donde no las hay y dar un tratamiento especial a las fronteras urbanas (las vías del tren o a A2, en nuestro caso) para que la gente pueda caminar mejor:  según los datos del INE, uno de cada tres desplazamientos realizados es de menos de 3km, lo que viene a ser una distancia perfectamente asumible andando o en bici. Si apostamos por espacios cualitativos más allá del centro, en los barrios, con entornos escolares pacificados y seguros, el ciudadano probablemente necesite usar menos el coche y la infraestructura estará menos saturada.

Seguramente, los actores públicos puedan hacer más inversión en infraestructura ciclista o un transporte publico mejor organizado: Ciudades de nuestro tamaño optan por soluciones modernas como líneas de autobús de gran capacidad y frecuencia, líneas de tranvía, ejes ciclistas de verdad y políticas tarifarias agresivas (“los días de pico de contaminación, autobús gratis”).  Algunas de estas cosas están en camino, pero queda mucho por hacer.

Mientras esto no se proponga al usuario, no se puede hacer la vida imposible al conductor porque no tiene alternativas. Ni en un contexto de infraestructuras atascadas, ni en un contexto de políticas medioambientales como las zonas de bajas emisiones.

Esta distopía se encuentra por supuesto alimentada por el uso y abuso del coche como único medio social de transporte de las clases medias, incitado por un modelo territorial absolutamente dependiente de los desplazamientos motorizados y azuzado por ese sentimiento de autorrealización personal de comprarse un auto y usarlo para todo. La falacia es que creamos que al comprar un coche también adquirimos un pedazo de espacio público para dejarlo aparcado mientras no lo usamos, una carretera de cuatro carriles por si queremos usarlo todos a la vez y también la calle del colegio que debería estar vacía para que yo no llegue tarde a la oficina.

Y eso, evidentemente, no es culpa de aquel ciudadano que se compra su coche y se desplaza en el: todo lo anterior nos evidencia que el vehículo es el principal morfologizador de nuestra forma urbana, y es imposible escapar de ello, aunque suframos a diario las consecuencias. La solución no pasa por unas rotondas: no se trata de perjudicar a quien se desplaza en coche, se trata de conseguir que menos personas necesiten desplazarse en coche.  Necesarias, a lo mejor. Suficientes, no.

Volviendo al tema, lo lógico y paradójico es que la ciudadanía complutense esté muy enfadada porque no han hecho más que ponerle rotondas. Quizás el alcalaíno medio se siente estafado por un modelo urbano muy por debajo de las expectativas una ciudad de 200.000 habitantes, y ante la nefasta gestión urbana de responsables públicos y privados sobre el largo plazo. Y, aunque desconoce la cantidad de política e ideología que hay detrás de una rotonda, la manera de protestar frente a ello es maldiciendo este objeto circular como buque emisario de un cúmulo de cosas sin responsable claro y de difícil solución. Simple y llanamente: La capacidad de unas calles que fueron diseñadas para muchísimo menos tráfico -algunas de ellas, por su edad, ni siquiera para los coches- no puede por arte de magia acoger el doble de coches que por una suma de razones necesitan usarla, por mucho que quitemos el semáforo y pongamos una rotonda.

Conciudadanos en general, asumamos nuestras contradicciones con responsabilidad, con información y sin politizar demasiado las cosas. Mientras la tecnología o las políticas en camino no nos permitan una gestión más eficiente de las infraestructuras, me aventuro a decir que la solución pasa por direccionar el mensaje para un esfuerzo colectivo coherente. Señores que usan el coche para ir a por el pan a la esquina de su calle, cómprense una bici. Concejales de urbanismo, pongan a la gente a vivir donde no necesiten usar el coche (y pónganle al primer señor el suelo adecuado para poder tener una panadería debajo de su casa). Señores que cogen el coche para bajar al centro, tomen el autobús, y de paso podrán alcoholizarse y ahorrarse el aparcamiento. Concejales de transporte, tengan la valentía de aportar soluciones competitivas. Señores que van solos en sus coches por la mañana por una A2 atascada, compartan coche con alguien y ahorren gasolina.

Se lo agradecerán todos aquellos que *necesiten* el coche porque para ir a trabajar no tienen más alternativa, porque son mayores o minusválidos, porque no tienen transporte público, porque aun habiendo transporte no es competitivo, o porque simplemente necesitan ir a dejar a los niños al colegio y luego hacer la compra. Y, además, lo agradecerán nuestros pulmones mientras el coche eléctrico no sea una realidad asequible.

Y esto, evidentemente, no es limitar las libertades individuales del ciudadano, sino coordinarlas, que es bien distinto. Porque las libertades individuales terminan donde empiezan a producir consecuencias negativas para el colectivo. Todo un debate de nuestro tiempo, que la ciudad contemporánea ilustra perfectamente.

 

 

 

 

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4 Comentarios

  1. Alcalá es una ciudad llana, pequeña y con buen tiempo. La bici debería ser el principal medio de transporte urbano. Como lo es en tantas ciudades europeas desde hace décadas: este es un problema esta estudiado y resuelto.

    La bici es rápida en los desplazamientos, se aparca en la puerta, es extremadamente económica y muy saludable. Además es divertida. Sin embargo nuestro políticos la maltratan y ningunean -algún interés tendrán-, y los ciudadanos nos burlamos de los ciclistas y les tratamos como una especie con menos derechos.

    Así nos va y nos irá. Mientras, a tragar humo que nos mata a nosotros y a nuestros hijos, eso si fardando de SUV.

  2. Estimado Carlos, vecinas y vecinos del barrio de Espartales Sur – esperamos que sepas donde está ubicado – te tenemos que felicitar por escribir temas principalmente de las rotondas, has dado en el clavo, pero creemos que tú no eres torpe sino lo contrario.,

    Te decimos esto ya que es el último invento de la clase política para así demostrar que hacen inversiones para que lo veamos los contribuyentes que somos los que pagamos sus abultados sueldos, y haciendo muchas rotondas, pues pillan cacho.

    Te invitamos a que hagas un recorrido por el barrio de Espartales Sur, y veas y analices si tenemos que soportar por culpa de la clase política, y por la pandemia que estamos pasando, el tener que soportar tanta suciedad, falta de conservación y vigilancia en el referido barrio.

    Mira Carlos, esto es insoportable, que según están las cosas con el dichoso virus, estos mandatarios no piensen en limpiar, arreglar a fondo y vigilar el mencionado barrio, ya que la falta de conservación en todos los sentidos puede proporcionar infinidad de infecciones incluso muertes.

    Carlos Marigil. En hora buena por las verdades que has reflejado en tu fabuloso escrito: A vueltas con las rotondas.

    Fantástico y sigue así, saludos cordiales.

  3. Don Carlos Marigil, muchas gracias por tan oportuno artículo.
    En él, entre otras cosas, dice -con alusiones a la bici-:

    …uno de cada tres desplazamientos realizados es de menos de 3km, lo que viene a ser una distancia perfectamente asumible andando o en bici.

    …Seguramente, los actores públicos puedan hacer más inversión en infraestructura ciclista o un transporte publico mejor organizado: Ciudades de nuestro tamaño optan por soluciones modernas como líneas de autobús de gran capacidad y frecuencia, líneas de tranvía, ejes ciclistas de verdad…

    …Señores que usan el coche para ir a por el pan a la esquina de su calle, cómprense una bici.

    A modo de complemento, y como ciclista urbano con coche en garaje, le comento que EN ALCALÁ DE HENARES SÓLO SE PERMITE IR EN BICICLETA POR LAS MISMAS VÍAS PERMITIDAS PARA LOS AUTOMÓVILES”, es decir, tragando su humo y en peligro. La bicicleta es un vehículo más, pero NO es un vehículo igual.

    Aquí no se puede llegar en bici al Ayuntamiento, a Correos, al mercado municipal, a un concierto en San Ildefonso, al ambulatorio de Carmen Calzado, al banco en la calle Libreros, al colegio, etc.

    Unos escolares que quieran ir en bici desde su casa (quizá en la calle Libreros) hasta el instituto Cardenal Cisneros tendrían que ir por Vía Complutense, entre camiones, hasta la glorieta de GAL y luego subiendo por la Puerta de Madrid.
    ¿Qué les decimos?: ¡Tened cuidadito, hijos, no sea que os aplaste un autobús, y no respiréis hasta llegar al insti, que hay mucho humo en el camino!

    Una cosa es DESMOTORIZAR y otra es DESCICLAR.
    No incurramos en la falacia del falso dilema: «tráfico motorizado o estrictamente peatonal». No cuela. Es obvio que HAY MÁS OPCIONES como la bicicleta y otros ciclos.
    Las CALZADAS de la enorme isla central desciclada deberían tener permitida la circulación regulada de bicicletas, con carril bici, limitación de velocidad o como fuera.
    Este DESCICLADO SALVAJE del centro constituye una gran restricción de derechos para los que no nos podemos desplazar bien andando (por edad, problemas corporales, etc.) y sí lo podemos hacer en bicicleta, que no se justifica por razones de contaminación, ruido, peligro, etc.

    Si en una CALZADA cabe un carril-taberna, también podría caber un carril-bici.
    Quizá pudiéramos coexistir, que las calles son para transitar. Son vías públicas.

  4. CHAPUZA DE ROTONDAS, este sería el título más adecuado para definir estas en Alclá de Henares.
    Las Rotondas en sí, aligeran el tráfico cuando este no es intenso y eso solo ocurre fuera de las horas puntas del trabajo y del colegio. Por tanto son los semáforos los que deben de regular el tráfico la mayoría de las veces cuando realmente más se utiliza el vehículo, pero parece que eso no lo entienden los responsables correspondientes o es que hay muchos intereses de por medio en la construción de esas rotondas cutres que muchas de ellas apenas permiten girar 360º por su cortas dimensiones.
    Y lo peor es que se convierten en verdaderos obstaculos frontales al no estar apenas señaladas y peligrosamente en horario nocturno al carecer de luces que la iluminen en su interior.
    Cualquier obra de infraestructuras en el asfalto debe de señalizarse con luces intermitentes para evitar colisiones, pues bien esta proliferación de rotondas cutres carecen de ello y representan una verdadera pista de obstáculos para cualquier conductor que conozca esta ciudad, no digamos el peligro que representan para los que vienen de fuera.
    A los responsables correspondientes les sugiero sin más dilación que transiten en vehículo por todas ellas, sobre todo de noche y además en horas puntas, que es todo un reto intentar cruzarlas para evitar que los que vienen detrás no se impacienten y salga el animal que llevamos dentro insultando, tocando el claxon e incluso saliendo del vehículo para encararse con el conductor prudente que no se atreve a incumplir las normas de tráfico dejando distancias de seguridad para evitar accidentes.
    Insisto, iluminen todas y cada una de las rotondas adecuadamente para señalizarlas, pues muchas más que rotondas son obstáculos peligrosos.
    Rectifiquen sin demóra que el conductor se lo agradecerá y la circulación mejorará adecuadamente, sobre todo si vuelven a poner el límite de velocidad a 50 Km/h, ya que el 30 Km/h nadie lo respeta, ni tan siquiera los patinetes.
    La circulación en esta ciudad es un verdadero kaos.

  5. Como vecino de cuatro caños debo decir que, pese a mi escepticismo original, las rotondas han funcionado MUY BIEN:

    – El sistema beneficia que al tráfico cuando es ligero y lo penaliza en horas punta. Esto es ideal, porque la gente que venía al centro en coche a horas punta, ahora intentan aparcar más lejos o directamente no venir en coche. UN DIEZ. Los coches cuanto menos y más lejos mejor (por supuesto que yo tengo coche). Debería penalizarse aún más su uso incrementando el coste del aparcamiento del centro. Hay multitud de vecinos que
    siguen viniendo en coche al centro desde el propio Alcalá. Demencial.

    – Los puntos de cruce de peatones son mucho más seguros. También ha contribuido a que los conductores circulen de manera civilizada por las calles, ya que el sistema impide que la gente vaya demasiado rápido. Los coches en zonas tan urbanas deberían circular prácticamente al paso de peatón.

    – Es MUCHO más seguro transitar por ellas en bicicleta. Muchos ciclistas siguen teniendo (un razonable) miedo, pero les aseguro como ciclista diario desde hace 20 años que ahora se circula de manera MUCHO más segura. Coincido en que es un retroceso que hayan restringido tanto la circulación por el centro peatonal. Creo que en determinadas calles deberían poder circular bicis despacio.

    Un aspecto fundamental a mejorar es vigilar que realmente se cumpla el límite a 30. ¿Por qué ponen señales si no se hacen cumplir?

  6. Respuesta a don Pedro Ortega

    Agradezco que coincida conmigo en que “es un retroceso que hayan restringido tanto la circulación por el centro peatonal”.
    Es más, tanto lo han restringido que lo han prohibido totalmente hasta conseguir que por Alcalá sólo se permita ir en bici por donde también se pueda ir en coche, que, así las cosas, resulta más seguro y saludable (con las ventanillas subidas) que ir en bici.

    En cuanto a rotondas en bici, aquí exponía el problema que tuve en la del parque O’Donnell volviendo en bici desde su zona (Cuatro Caños -volvía de que me pusieran dos implantes en Vitaldent-) hasta mi casa (cerca del Sanatorio Vallés):
    https://www.alcalahoy.es/2020/09/20/sobre-la-movilidad-en-bici-sinsentido-comun/

    Como puede haber leído, casi me atropellaron en ella.

    El uso de rotondas en Alcalá de Henares (y supongo que también en otras partes) viene presentando varios problemas, entre los que encuentro:

    1) En las rotondas de dos o más carriles, la NO EXIGENCIA del cumplimiento de la norma que prohíbe abandonarlas desde un carril interior.
    Imagínese, además, cuando el que circula por el carril exterior es un ciclista y resulta interceptado por un coche que se le cruza desde dentro de la rotonda para abandonarla.

    Por otra parte, y sin pretender exculpar a los infractores de dicha norma, entiendo que la propia esencia de la regulación mediante rotondas INDUCE A DICHA INFRACCIÓN.
    Me explico: en un tráfico algo nutrido, incluso sin llegar a denso, el cumplimiento de esa norma provocaría un estrangulamiento que la masa del tráfico no asume de hecho.
    Es decir, para “hacerlo bien” todos tendríamos que abandonarlas circulando por el carril exterior, para lo que tendríamos que cambiarnos a él dentro de la rotonda o haber entrado en ella ya desde el carril derecho.
    Es decir, en una vía de dos o más carriles, la llegada y posterior abandono de una rotonda “en teoría” debe concentrar a todo el mundo sólo en en carril derecho de la misma.

    Está claro que esta pretensión no se tiene, y la gente circula por las rotondas evitando ese estrangulamiento, circulando “necesariamente mal” (abandonándolas desde dentro), pero, SI HAY UN ACCIDENTE, LA RESPONSABILIDAD ya no es municipal (o del ámbito a que pertenezca la rotonda) por mal funcionamiento de un semáforo, mala señalización o lo que sea, sino del conductor que no cumplió la “incumplible norma” de las j. Rotondas.
    Yo lo entiendo como una TRAMPA LEGAL.

    Parece claro que esto se evitaría haciendo todas las rotondas DE UN SOLO CARRIL, pero entonces SE VERÍA LA TRAMPA. Es decir, se vería el estrangulamiento de tráfico producido por el cumplimiento de la “incumplible norma”. Repito que, salvo para casos de tráfico “levísimo permanente”, esto es una P. TRAMPA LEGAL.

    2) El abandono de la responsabilidad municipal de gobernar el tráfico mediante semáforos, agentes u otros medios de indicación concreta, sin perjuicio de que, en determinadas circunstancias de poco tráfico (nocturnas, registradas por sensores de paso, etc.) se pudieran dejar los semáforos en naranja intermitente primando la regla general de prioridad de paso en los cruces (prioridad del que se aproxima al cruce por la derecha del otro conductor, que debe cederle el paso).
    Es decir, al poner rotondas deja de ser concreta la determinación de la prioridad de paso pues, si bien se otorga prioridad quien ya circula por la rotonda frente al que se quiere incorporar a ella, no se establece una distancia mínima para ello y queda abierta a la valoración subjetiva del segundo “si le da tiempo o no” para incorporarse antes de que llegue el primero.
    Esto se traduce en una “lucha” de “te corto un poquito el paso” para no quedarme esperando una hora intentando entrar en la rotonda, que se viene realizando continuamente (¿o no es así?), con sus consiguientes bocinazos del de atrás -si esperas mucho para entrar-, golpes de chapa en caso contrario, o peor.

    Pues, ahora, imaginemos si es una bicicleta la que tiene que librar esa batalla contra un coche, o un conductor “novato”, un vehículo pesado (de arranque lento), etc.
    Es la consecuencia de la P. TRAMPA LEGAL antes mencionada.

    Y seguimos sembrando rotondas con alegría municipal (responsabilidad que nos quitamos). Quizá alguna pueda ser oportuna, pero creo que muy pocas.

    Y, en cuanto a las bicis, todas las CALZADAS peatonalizadas (no peatonales) deberían ser transitables en bici, con carril-bici y/o normas de velocidad máxima y distancia mínima al peatón o como fuese. Tomemos ejemplo de las ciudades civilizadas.

  7. El problema es que vigilar cada cruce es imposible y, o ponemos barreras como los pasos a nivel o, al final, todo depende del civismo del conductor: tan posible es saltarse un semáforo, como el ceda el paso de una rotonda, o no respetar el carril de salida de las mismas.

    El problema se ve claramente en los pasos de cebra: en pocos años se ha pasado de ser ignorados completamente a que sea la excepción el conductor que no para. Misma señal, mismo código, comportamiento diametralmente opuesto. ¿Qué ha cambiado? El civismo (y la cultura, la educación, haber viajado a Europa, etc.) del conductor medio.

    Creo que el gran acierto de las rotondas es que disminuyen de manera muy importante la velocidad de los coches, y eso contribuye a que se pueda ir bastante tranquilamente en bicicleta a una velocidad similar a ellos. El futuro pasa por ahí: ralentizar al máximo las vias de los centros de las ciudades para penalizar allí el uso del coche y, en vías más externas, segregar el trafico en forma de carriles bici. Esta estrategia es la que se sigue en la mayor parte de Europa. Mejor no reinventar la rueda.

    Sobre la rotonda de la que habla, siento lo ocurrido, pero creo injusto valorar todo el sistema en base a una experiencia en la que me parece la rotonda más complicada de la ciudad. Yo, personalmente, la evito en la medida de lo posible y extremo las precauciones si circulo por ella.

  8. A D. Pedro Ortega

    Dice:
    El problema es que vigilar cada cruce es imposible y, o ponemos barreras como los pasos a nivel o, al final, todo depende del civismo del conductor: tan posible es saltarse un semáforo, como el ceda el paso de una rotonda, o no respetar el carril de salida de las mismas.

    Le digo:
    Coincido en que vigilar cada cruce es imposible, pero no es esa mi propuesta.
    Digo que las rotondas comportan el abandono de la responsabilidad municipal de gobernar el tráfico mediante semáforos, agentes u otros medios de indicación concreta.
    Es decir, no propongo “vigilar cada cruce” sino que “los que tienen rotonda” tuvieran semáforo o algún otro medio de indicación concreta salvo en caso de cruces con tráfico permanentemente leve en que valdría con una rotonda o hasta con nada, pues hay normas para establecer la prioridad de paso en cruces sin señalizar o señalizados con placas de “vía preferente” en su caso.
    Artículo 56 y siguientes en: https://boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2003-23514#a56

    También coincido en que “tan posible es saltarse un semáforo, como el ceda el paso de una rotonda, o no respetar el carril de salida de las mismas”, pero yo no hablo de la falta de civismo del conductor, sino de la inducción al incumplimiento que provocan las rotondas a diferencia de los semáforos.

    Un semáforo en rojo: te lo saltas o no. Tú decides.
    Una rotonda en una vía de dos o más carriles: lo haces mal o creas un tapón.

    Es decir, si dos coches van circulando en paralelo por una vía rectilínea de dos carriles y llegan juntos a una rotonda también de dos carriles, para cumplir la norma, el coche de la izquierda ha de hacer una de estas dos maniobras:

    1) Cambiarse al carril derecho antes de entrar en la rotonda, dejando de utilizar el carril por el que circulaba, con lo que estrangula el tráfico del carril izquierdo.

    2) Entrar directo al carril interior de la rotonda y provocar el mismo estrangulamiento dentro de ella para poderse cambiar al carril exterior y abandonarla reglamentariamente.

    No hay milagros. Si queremos ahorrarnos el tiempo de detención ante un semáforo sustituyendo éste por una rotonda, lo tenemos que gastar en estrangular el tráfico (en caso de rotonda) para meternos en uno de los dos “embudos” que acabo de mencionar.

    Con los semáforos, por lo menos no hay que andar haciendo tanta tontería con el volante cada vez que se llega a un cruce ni tener que mezclarnos todos para pasar por el mismo punto infrautilizando el suelo de la vía. Cada uno conserva su carril, se para cuando le toca, y se acabó el problema.
    Ni tener que andar arrancando cortando el paso a nadie para no quedarse una hora esperando para entrar en la rotonda, como le contaba en mi anterior comentario.

    Y en condiciones de poco tráfico: semáforos naranja intermitentes:

    No sólo es problemática la rotonda del parque O’Donnell.
    Piense, por ejemplo, en la de Vía Complutense con calle Ávila, que usamos muchos para ir al hospital. En horas incluso “normales”, entrar en ella desde Vía Complutense suele ser un ejercicio de agilidad, temple, intromisión, paciencia, peligro, bocinas, alcances, etc., incluso yendo en coche. Ya ni le cuento yendo en bicicleta.

    Dice:
    Creo que el gran acierto de las rotondas es que disminuyen de manera muy importante la velocidad de los coches, y eso contribuye a que se pueda ir bastante tranquilamente en bicicleta a una velocidad similar a ellos.

    Le digo:
    No creo que el objetivo sea disminuir la velocidad de los coches a base de poner “estorbos” (rotondas). La velocidad se debe establecer mediante señales, y haciéndolas cumplir.
    Además, la velocidad similar entre coche y bicicleta no sólo haría falta en las rotondas, sino también en los tramos sin rotonda, y eso no lo arreglan las rotondas.
    Permítame la broma: para eso habría que empedrar las calles con piedras gordas.
    No creo en el estorbo como solución.

    El civismo es necesario, pero no es suficiente ni cabe esperarlo de todos.
    Hay que regular de una forma menos pasiva que con rotondas, sin hacer dejación de la responsabilidad de hacerlo de manera más concreta, como serían los semáforos en los cruces que necesiten regulación.

    También coincido con Vd. cuando dice que procura evitar la rotonda del O’Donnell en la medida de lo posible. La lástima es que haya que andar evitando estas “maravillosas soluciones”. Quizá no sean tan maravillosas cuando preferimos evitarlas.

    ¿Sabe una buena manera de poder evitar ir en bici por estas rotondas?: que se permitiera ir en bici, reguladamente, por cualquier CALZADA de la ciudad, la hayan peatonalizado o no.

    No encuentro razonable que haya que pasar por la mencionada rotonda para ir desde los Cuatro Caños al sanatorio Vallés.

    O hasta por la rotonda de la GESA, volviendo por la Puerta de Madrid, para ir un chico al instituto desde la calle Libreros al Cardenal Cisneros. Es un peligroso disparate.
    No sé cómo lo verá Vd.

    Reciba mi cordial saludo.

  9. Uso razonable de esta rotonda

    https://www.dropbox.com/sh/9cz405uxg9sh60s/AADmOZ3oSPghod56ha_D2D2Na?dl=0

    Son fotos de la tarde de ayer, 02.07.2021. Recogen la dudosa utilidad de semejante rotonda-mojón (mojón preferiblemente en la cuarta acepción de la RAE https://www.rae.es/drae2001/moj%C3%B3n ).

    No he preguntado a los conductores de autobuses, pero deben estar “encantados” con la proliferación de semejantes obstáculos en las calzadas de Alcalá de Henares.
    Merecen un fuerte aumento de sueldo.

    Y, como antes digo, encuentro absolutamente razonable que un conductor (no necesariamente de vehículo largo) que circule por el carril izquierdo, al llegar a semejante rotonda LA IGNORE y pase sobre ella como si no estuviera (que, opino, sería lo razonable). ¿Se imaginan la maniobra que tendría que hacer para tomarla “bien”?

    El problema sería si, justo al abordarla, le saliera por la izquierda (en la “rotonda”) un vehículo rápido que, al llevar prioridad, hiciera pegar un frenazo al conductor del autobús o se produjera un alcance.
    ¿Cómo tendría que llegar, si no, el del autobús a la entrada de la rotonda, a 1Km/h?

    Nada, estos obstáculos no regulan el tráfico.
    Están puestos allí para que nos apañemos como podamos y, si chocamos, culpable el que entraba a la rotonda (o el que la abandonaba desde un carril interior).

    Nos reparten la “jodienda (2ª acepción RAE)” y se exoneran de la responsabilidad municipal de controlar el tráfico, opino.

  10. Yo opino que menos ciclocarril 30 que son un peligro para las bicis porque ningún motorizado respetac esa velocidad y el ayuntamiento está empeñado en ellos en vez de favorecer más carriles bici.

  11. A mi modo de ver, las rotondas agilizan bastante el tráfico, muy diferente es que gran parte de las críticas lleguen de personas a las que pone nervioso encontrarse ante tal rompecabezas y no sepa como tomarlas. Vivo en Juan de Austria. Simplemente si antes para buscar un sitio para aparcar (tarea imposible) tenía un semáforo tras otro lo cual aumenta la desesperación, ahora al menos puedo conducir fluidamente mientras intento aparcar.

    Quizás nos falte contar con dos o tres avenidas grandes que crucen la ciudad de norte a sur y este a oeste. Avenidas que sean tal cual, vías rápidas por las que circular de modo fluido. Falla que haya barrios y calles que no conecten debidamente unos con otras, barrios aislados y ahogados rodeados de asfalto; como ocurre con Los Nogales, el barrio que queda al otro lado del puente peatonal detrás de la estación. San Isidro, Barrio Venecia, Nuevo Alcalá etc.. Una continuidad de bloques y calles en zigzag que no sirven absolutamente para nada.

    En Alcalá falta un buen mantenimiento de las aceras, aceras por las cuales sea agradable el paseo y salir a la compra sea un espacio de relax. Bulevares, correcto arbolado de sombra, pequeñas zonas ajardinadas y descanso. Comercio con fachadas limpias….

    Quizás para las bicis y patinetes lo mejor era un carril específico el cual se respete. A día de hoy puedes contar con los dedos de una mano e ciclista que respete un ceda, stop,paso de cebra… y los patinentes ya es un mundo a parte, directamente las leyes no va con ellos.

    Se debería compactar la ciudad y haber permitido una mayor construcción en altura en los nuevos barrios de la periferia para así dejar libre más terreno, y así poder optar a pequeños parques, aparcamientos o dotacional. Pero no, se prefiere construir barrios más cerca de Camarma o Meco que del centro.

  12. Veo que aún hay mucha gente que no sabe tomar una rotonda. ¿Tan complicado es comprender que no deja de ser una carretera pero en forma circular?

    A nadie (bueno sí) se le ocurre conducir por el carril izquierdo o central y hacer un recto para tomar la siguiente salida. A que no ¿Verdad?. Pues lo mismo en una rotonda.

    Si quieres tomar la salida lo primero es señalar, mirar y hacer maniobra. Que no se puede porque el carril derecho está ocupado, pues vuelta y te vas colocando en el derecho o central para tomar tu salida correcta. Pero lo que no se puede hacer es invadir el carril contrario, IN VA DIR.

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