Desigualdad: la pandemia de la pandemia

Hace ya más de un año que el mundo se dio de bruces contra la peor crisis sanitaria que recordamos. Y, aunque todos somos conscientes de que esta crisis ha tenido un alcance mundial, lo cierto es que esta pandemia vírica ha agravado también otra mucho más antigua y perenne: la desigualdad entre naciones.

  • El COVID19 llegó para trastocar nuestras vidas de formas en las que nunca nos hubiéramos imaginado.

Ahora, meses después de aquel primer caso, las cuarentenas, las PCRs y las vacunas se han convertido en el pan nuestro de cada día. Y, aunque todos somos conscientes de que la crisis ha tenido un alcance mundial, lo cierto es que esta pandemia vírica ha agravado también otra mucho más antigua y perenne: la desigualdad entre naciones.

Si bien es cierto que el mundo es desigual por naturaleza, e incluso dentro del marco de la Unión Europea hay fuertes diferencias entre los países miembros, es innegable que esta crisis sanitaria ha golpeado con mucha más fuerza a aquellos países en vías de desarrollo. Muchas de estas naciones ya se enfrentaban a otras crisis sanitarias antes de la aparición del nuevo coronavirus; así, este nuevo desafío no ha hecho más que agravar la situación de millones de personas.

¿Cuál es la situación sanitaria en estos países? Se calcula que aproximadamente el 75% de la población de los países en vías de desarrollo no tiene acceso a algo tan básico como agua y jabón. Partiendo de este dato, no es de extrañar que muchos de ellos carezcan de sistemas sanitarios fuertes y capaces de hacer frente a eventos de esta magnitud. A nivel mundial, sólo el 60% de la población está protegida por algún tipo de prestación sanitario-social; los que sí lo están tampoco tienen garantía alguna de que ésta esté a la altura. Por si esto fuera poco, mucha de la población de estos países- la mayoría en África pero también en América Latina y el Caribe- habitan en comunidades con altas densidades de población, a menudo sin el espacio interpersonal al que estamos acostumbrados en los países más desarrollados y por tanto con una mayor dificultad para mantener las recomendaciones de distanciamiento social.

El desastre sanitario se tradujo también en un fuerte declive económico

según apunta un informe de de Naciones Unidas de 2020. Se prevé que estos países- referidos en el informe como Países Menos Adelantados (PMA)- sufrirán una reducción de más del 2.5% del ingreso per cápita. Estos países, también según Naciones Unidas, cuentan con aproximadamente 7 camas de hospital, 2.5 doctores y 6 enfermeros por cada 10.000 habitantes; estos datos contrastan sobremanera con las 55 camas de hospital, 30 doctores y 81 enfermeros por cada 10.000 habitantes en los países más desarrollados.

Lo mismo ha ocurrido con las vacunas. Mientras que en los países más desarrollados se mantienen largos debates sobre si una vacuna es mejor que la otra, lo cierto es que muchas partes del mundo no han tenido acceso a ninguna de las vacunas ya aprobadas. España, por ejemplo, ha vacunado ya con pauta completa a 14 millones de habitantes, casi el 30% de la población. Este dato sobrepasa ya los 30 millones en Reino Unido, casi el 50% de su población. Estas cifras son aún más sorprendentes si los comparamos con los del Chad o Tanzania, donde la friolera de 0 habitantes ha recibido una vacuna. Incluso muchas corporaciones han intervenido para intentar paliar esta disparidad; es el caso de Tickmill, un bróker online que ha donado una cantidad sustanciosa de dinero para ayudar con las labores de vacunación en el archipiélago africano de Seychelles. También naciones pertenecientes al G7 y fundaciones como la de Bill Gates se han comprometido también a ayudar con la distribución de la vacuna en dichos países.

No es de extrañar pues, que todo lo referente al virus es estas naciones sea una incógnita. Lo cierto es que no parece que la vuelta a la vida “normal” vaya a ocurrir pronto, aunque ese es un interrogante que incluso los países más desarrollados tampoco han podido responder aún. Por lo pronto, sólo queda esperar que las donaciones de terceros y la intervención de más países y organizaciones supranacionales consigan que la pandemia de la desigualdad no se vuelva aún más peligrosa.

 

 

 

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