El cuerpo ‘incorrupto’ de San Diego de Alcalá se expone este viernes 13 de noviembre con restricciones por la pandemia

Este viernes, 13 de noviembre de 2020, tras la celebración de la misa, se abrirá la urna de los restos incorruptos de San Diego a las 10:30 horas. Debido a las restricciones por la pandemia de la COVID-19 se aplicará el protocolo de la Comunidad de Madrid en cuanto a aforo y medidas higiénico sanitarias. Esto es la reducción del aforo al 50% en los lugares de culto así como uso obligatorio de mascarilla y la distancia interpersonal de 1,5 metros.

Foto de Ricardo Espinosa
  • El cuerpo ‘incorrupto’ de San Diego de Alcalá vuelve a mostrarse al público como cada 13 de noviembre en la Catedral Magistral de Alcalá de Henares.
  • Imágenes del 13 de noviembre de 2019 de Ricardo Espinosa Ibeas  para ALCALÁ HOY

Los restos incorruptos momificados de San Diego, quien dio nombre a la ciudad homónima del estado de California, en Estados Unidos, se conservan desde hace más de 400 años en una urna en la Catedral Magistral, y todos los 13 de noviembre se exponen a la devoción popular.

Este viernes, 13 de noviembre de 2020, tras la celebración de la misa, se abrirá la urna de los restos incorruptos de San Diego a las 10:30 horas. Debido a las restricciones por la pandemia de la COVID-19 se aplicará el protocolo de la Comunidad de Madrid en cuanto a aforo y medidas higiénico sanitarias. Esto es la reducción del aforo al 50% en los lugares de culto así como uso obligatorio de mascarilla y la distancia interpersonal de 1,5 metros.

La urna de los restos “incorruptos”

Este año se celebra por parte de la iglesia Católica los 557 años de la muerte del fraile franciscano San Diego. Sus restos momificados o “incorruptos” se conservan en un arca dorada en una capilla dentro de la Catedral Magistral, y cada 13 de noviembre -la fecha que él mismo predijo para su muerte, y que terminó siendo cierta- se celebra ante ella una procesión de fieles y visitantes durante todo el día, a lo que se añaden la misa y la homilía dirigidas por el obispo de Alcalá.

Durante su vida tuvo fama de obrar varias curaciones milagrosas entre los pobres que atendía, y después de fallecer tuvo igual fama entre los poderosos, como el rey Enrique IV, a quien su poder curó un brazo.

Uno de sus mayores devotos fue Felipe II, quien mandó traer sus restos para invocar su mediación en la curación de su hijo el príncipe Carlos, que había sufrido una caída importante por la gran escalera del Palacio Arzobispal de Alcalá, en 1562, y se había dado un gran golpe en la cabeza. Cuando el santo reposó junto al lecho del príncipe, este sanó.

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