Crónica gráfica de la exposición homenaje a Baldomero Perdigón en Sta. María la Rica

“Baldo” se nos fue, pero nos legó su trabajo, su buen hacer, su particular y personal mirada de Alcalá. Un día después de su inauguración oficial, todo el equipo gráfico de ALCALA HOY quiso visitar la exposición homenaje:  Ricardo Espinosa, Joaquín Ropero y Noel Viñas con la excepcional guía  de Baldo 'hijo' pudieron recorrer la exposición.

Foto de Ricardo Espinosa
  • Aranguren ha explicado que la exposición recoge “una muestra de las diversas facetas de su trabajo como fotógrafo en la ciudad que tanto quiso, Alcalá de Henares; y visitarla será una oportunidad de recordarle”. 
  • Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas y Pedro Enrique Andarelli para ALCALÁ HOY

Con el título de Baldomero Perdigón Puebla, diario de un fotógrafo complutense, la concejala de Cultura, María Aranguren, y Baldomero Perdigón Melón visitaron este viernes la exposición en homenaje a su padre, Baldomero Perdigón, que ocupará la Sala Antonio López del Antiguo Hospital de Santa María La Rica has el próximo 1 de noviembre.

Un día después de su inauguración oficial sin invitaciones y sin convocatoria de prensa, con la única presencia del hijo de  Baldomero, también fotógrafo,  la concejala de Cultura y un miembro de la Oficina Municipal de Prensa, todo el equipo gráfico de ALCALA HOY quiso visitar la exposición homenaje:  Ricardo Espinosa, Joaquín Ropero y Noel Viñas con la excepcional guía  de Baldo ‘hijo’ pudieron recorrer la exposición.

“Baldo”, cronista visual de Alcalá

Baldomero Perdigón Puebla, “Baldo”, nos dejó hace poco mas de año y medio. Pese a que sus mermadas fuerzas no se lo ponían nada fácil, hasta sus últimos meses era habitual verle salir a hacer su paseo matutino con la cámara al hombro.

Esa estampa de “Baldo”, siempre cámara en ristre, es la que creo que mejor le identifica y por la que siempre le recordaremos los que le conocimos. Baldo no fue un fotógrafo al uso, en el sentido de que no tuvo estudio fotográfico ni fue su fuente de ingresos. Pero aunque no se le pueda considerar un fotógrafo “profesional”, de lo que no hay duda es de su oficio.

En cierta ocasión le califiqué como “cronista visual” de Alcalá y creo que es una de las definiciones que mejor le retratan y describen su trayectoria. Era habitual verle en los actos públicos que se celebraban en nuestra ciudad, desde “el Tenorio” a competiciones deportivas, desde las ferias a las procesiones, pasando por los actos culturales o las ahora tan denostadas corridas de toros. Siempre presente, siempre atento, siempre observando a través del visor de su cámara. Su archivo fotográfico es una detallada crónica de los últimos cuarenta años de la historia de Alcalá.

Pero ya he dicho que “Baldo” no fue un fotógrafo al uso. Su estudio era la calle, era Alcalá al completo. Aunque no se limitó a nuestros mas destacados y “fotogénicos” monumentos, le cabe el honor de haber sido el primero que realizó un detallado reportaje de todos los detalles escultóricos de la fachada de nuestra universidad, que nos permitió contemplar aquello a lo que nuestros ojos no alcanzaban. Lo que adquiere aún más mérito en un tiempo en el que las posibilidades técnicas de las cámaras eran notablemente más limitadas. Pero “Baldo” nunca excluyó ningún aspecto de Alcalá y ese es uno de sus valores que, con el tiempo, ha resultado más apreciado. Fotografías de nuestra universidad, de la plaza de Cervantes, del palacio arzobispal, de la calle de Libreros hay cientos y de épocas muy diferentes, desde las primeras de Laurent de 1863 hasta nuestros días. De las callejas y callejuelas de Alcalá, como Divino Vallés, Don Juan I, Portilla, Cardenal Tenorio, Divino Figueroa, Escobedos o la plaza de Luis de Antezana con el pozo artesiano, sólo las suyas.

“Baldo” supo ver lo que a prácticamente nadie ni le interesó ni supo apreciar. Y son los cambios que ya se estaban operando desde la década de los años sesenta del siglo pasado en nuestra ciudad y que transformaron la imagen de nuestros rincones urbanos, calles y plazas hasta el punto de, en algunos casos, no conocerlas ni la madre que las parió. Un día decidió tomar su cámara y montado en su Vespa se dispuso a recorrer una a una las calles de Alcalá para fotografiarlas, en ocasiones desde diferentes perspectivas. No habían pasado ni veinte años cuando esos reportajes se convirtieron en un documento impagable que nos fascinaba al devolvernos la imagen de un Alcalá de nuestra infancia que sólo permanecía difuso en nuestros recuerdos. De una selección de aquellas fotografías nació en 2003 aquel fantástico libro Alcalá en blanco y negro (1960-1970), que tuvo un mas que merecido éxito y una gran acogida, lo que obligó al autor a sacar una segunda edición. Hoy es un libro de referencia, sin el que difícilmente podría entenderse el Alcalá de hace medio siglo y, en consecuencia, el actual. Para los que lo vivimos, esas fotografías tienen aún un valor añadido como es el sentimental. Todos tenemos fotografías de los actos mas destacados de nuestra infancia y juventud, pero de las calles en las que jugabamos y pasabamos la mayor parte de nuestra vida muy pocas.

Sé que entre sus proyectos se contaba el de publicar una segunda entrega con todas aquellas fotografías que se habían descartado por razones de espacio. El proyecto se fue demorando y llegó un momento en el que el pirateo informático hizo que sus fotografías escaneadas se “colgaran” en la red y se utilizaran a diestro y siniestro sin su autorización. El interés por la fotografía documental no sólo no decayó sino que incluso se extendió más, pero la nefasta idea de que la cultura tiene que ser de libre acceso y gratuita, sin el más elemental respeto a la propiedad intelectual, hizo inviable el cubrir los altos costes de ese proyecto. Muchos son los que quieren fotos antiguas de Alcalá, muy pocos lo que están dispuestos a comprar un libro. De este modo, se nos privó de poder disfrutar en casa de otra colección de imágenes de Alcalá. Lástima.

En las últimas dos décadas son numerosas las publicaciones que han contado con fotografías de “Baldo”, libros monográficos, guías de turismo, catálogos de exposiciones…, bien en solitario, ya con su hijo Baldomero Perdigón Melón o con otros fotógrafos de Alcalá. Y en los últimos tiempos acabaron llegando los homenajes y los reconocimientos públicos, tanto de la sociedad alcalaína en general, como de sus propios compañeros fotógrafos en particular.

“Baldo” se nos fue, pero nos legó su trabajo, su buen hacer, su particular y personal mirada de Alcalá. Pero, también, el recuerdo de un hombre sencillo, afable, generoso, cercano, siempre con la cámara al hombro.

Esta exposición es una extraordinaria oportunidad de acercarnos a conocer las diversas facetas de su trabajo como fotógrafo, pero también una nueva ocasión para recordar al “Baldo” que conocimos y que siempre permanecerá en nuestra memoria.

M. Vicente Sánchez Moltó | Cronista oficial de Alcalá de Henares

El horario de visita será los martes de 17:00 a 20:00 horas, de miércoles a sábado de 11:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 horas, los domingos de 11:00 a 14:00 horas y los lunes permanecerá cerrado.

 

 

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