El desinterés (crónico) por la escena local | Por Remi Mohedano

En una serie de entrevistas que realicé a miembros de los grupos de teatro locales de los ochenta, la inmensa mayoría decía no haber visto casi nunca actuar a otro colectivo que no fuera el suyo propio. De hecho, de más de la veintena larga de los que compartían tablas por aquel entonces, no sabían nombrar a más de dos o tres.  No lo achacaban a "malos rollos", sino simplemente a la indiferencia. Cuarenta años después, parece que la tendencia no solo no ha cambiado: más bien parece haberse acentuado.

Foto del Ayuntamiento
  • Remitido por Remi Mohedano

Fotos remitida por el autor

El sábado 12 se celebró en el Teatro Salón Cervantes la II Muestra de Teatro Breve de Alcalá, «abierta a todas las compañías, profesionales, aficionadas, agrupaciones de actores y otros colectivos» alcalaínos que, anunciada poco antes del confinamiento por la pandemia de la Covid, hubo de aplazarse hasta ahora. Diez propuestas se presentaron, muy distintas entre sí tanto en estilos como en calidad.

Una oportunidad, pues, estupenda para ver qué ofrecía el teatro aficionado de la ciudad en estos momentos. Porque, aunque no estaban todos los que eran —faltaba algún que otro de gran relevancia—, sí eran todos los que estaban. Y una oportunidad más de volver a disfrutar de nuestro precioso Teatro Salón Cervantes, aunque ya unas semanas antes se pudieron ver otros eventos en su terraza.

Sin embargo, y pese a que agotaron todas las localidades a la venta en 24 horas —la mitad del aforo por cuestiones de seguridad menos las sesenta reservadas para los miembros de los colectivos que se presentaron—, el aspecto que presentaban el patio de butacas y los palcos era desolador: grandes calvas desde el principio que se iban desplazando tras cada obra hasta quedar prácticamente vacíos en la última de las actuaciones. Y se me ocurren dos razones principales. La primera, las cinco horas ininterrumpidas de representaciones —desde las 18:00 hasta las 23:00— que, tal vez, se podrían haber repartido en dos días para mayor comodidad. La segunda, la que yo denomino «mala follá» de la farándula alcalaína: la indiferencia antes mencionada entre los grupos. Así, la gente acudía a sus butacas cuando tocaba el turno a su grupo de referencia y, al acabar éste, tras jalearlo estrepitosamente se marchaba sin ver lo que el resto ofrecía.

En aquellas entrevistas, todos se quejaban del poco interés que las instituciones oficiales mostraban hacia los grupos de Alcalá. Y, visto lo visto a lo largo del tiempo, entiendo que sería conveniente que entre ellos mismos mostraran un poquito más. No solo me sentí decepcionado, sino terriblemente avergonzado.

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